Las últimas horas de Alfonso XII en El Pardo

Alfonso XII murió en el Palacio de El Pardo el 25 de noviembre de 1885, tres días antes de cumplir 28 años. Falleció de tuberculosis y lo hizo de una forma inesperada, ya que se pensaba que su enfermedad sería larga.

Días antes, el Rey se había trasladado del Palacio Real de Madrid al de El Pardo buscando tranquilidad y aislamiento. Hasta la tarde del 23 de noviembre, cuando se sintió indispuesto después de haber paseado en carruaje con su tía, la duquesa de Montpensier, Alfonso XII no mostró debilidad. Pero un ataque de disnea hizo que perdiera el conocimiento y permaneciera en cama.

El monarca no quiso avisar a su esposa, la Reina María Cristina, embarazada de su tercer hijo, y pasó las siguientes horas acompañado por el primer médico de cámara, el doctor Camisón, y sus fieles servidores, el duque de Sexto y los generales Echagüe y Blanco.

La llegada a El Pardo de la familia y personalidades

Dibujo de la llegada de la Princesa de Asturias y de la Infanta Mª Teresa.

A partir del día 24 todo fue rápido. La Familia Real, los ministros, el Nuncio de su Santidad, el cardenal Benavides, el obispo de Madrid y Alcalá, altos dignatarios de la Casa Real y políticos fueron llegando a El Pardo. Cuando la reina entró en la habitación donde se encontraba el rey, éste la abrazó.

Fuera de las paredes del palacio, la noticia de que el monarca había sufrido una recaída y de que su vida estaba en peligro causó estupor y pena.

En la galería baja del palacio, entre la escalera principal y la salida a la antigua plaza de Armas, la Mayordomía Mayor de S.M. colgó los partes oficiales médicos y colocó libros de firmas en dos mesas. A ellos, custodiados por cuatro soldados de la guarda exterior, tuvo acceso el pueblo. Por allí pasaron artesanos, jornaleros, políticos y militares que firmaron plasmando los mejores deseos al Rey. Muchos de ellos entraron después a la Real Capilla para pedir a Dios por su salud.

El día 25 de noviembre amaneció con una aparente mejoría de Alfonso XII. Junto a él, seguía la Reina María Cristina y, en habitaciones cercanas del Palacio de El Pardo, la Reina madre, las infantas y las hermanas del monarca. A las cinco de la madrugada hubo que inyectarle morfina tras sufrir otro ataque de disnea y, a las nueve menos siete minutos, el Rey Alfonso XII exhaló su último suspiro.

Dibujo del instante en el que falleció Alfonso XII.

Al verle y escuchar al doctor decir que todo había concluido, la Reina se desplomó en la cabecera de su lecho, le abrazó con más fuerza y le besó las manos mientras lloraba amargamente. El conde de Morphy, secretario del Rey, anunció el fallecimiento a la Reina madre y a las hermanas. Durante horas, la Reina no se apartó del cadáver. Le colocó un crucifijo y un mechón se su cabello entre sus manos, cubrió el lecho mortuorio de flores y sentó a sus dos hijas en la cama donde yacía su padre para que le abrazaran y besaran.

 

La alcoba, capilla ardiente

María Cristina, ya viuda, se ocupó de lavar y vestir el cuerpo sin vida de Alfonso XII. Le puso el uniforme de capitán general con el Toisón de oro, la banda de San Fernando y las veneras y las placas de las órdenes españolas.

Allí estaba el joven Rey, que había subido al trono una década antes con apenas 17 años, muerto sobre una cama de hierro y cubierto con una colcha blanca. En la pared de la cabecera había dos tapices de Goya con escenas de manolos y majas, en las paredes laterales los tapices, realizados por Teniers, tenían imágenes de caza, en el lado derecho había un sillón y una mesa con un álbum de retratos, y más allá, un lavabo. 

La capilla ardiente fue instalada en la misma alcoba del Palacio de El Pardo. El féretro, forrado de tisú de oro, se colocó sobre una mesa cubierta de ricos paños y de flores naturales. En la cabecera, sobre un tapiz de damasco encarnado, había un crucifijo de oro y nácar y, al fondo, candelabros que iluminaban tétricamente la habitación y que, en la actualidad, se encuentran en el museo del Convento del Cristo

A las once y media de la mañana del día 27 de noviembre, se trasladó el cadáver a Madrid. Hasta entonces, su familia y los leales servidores del Rey velaron su cuerpo.

Capilla ardiente en la cámara mortuoria.

El último parte médico

Nada más morir Alfonso XII, en el exterior del Palacio de El Pardo, se escucharon un cañón con saludos de despedida y campanas, que anunciaron que había concluido un reinado y empezado una regencia. Los que se habían acercado al lugar donde se publicaban los partes facultativos pudieron leer el último, que decía: Tengo el profundo sentimiento de participar que después de la remisión del acceso al que se hace referencia en mi último parte, S. M. el Rey volvió a agravarse, falleciendo a las nueve menos cuarto de la mañana’.

Ciudadanos, en el Palacio de El Pardo, firmando los libros.

La despedida de Madrid

El 27 de noviembre por la mañana el cuerpo del Rey fue llevado al Palacio Real de Madrid y allí estuvo hasta el 29, día en el que se le trasladó a El Escorial para su entierro. Durante esos dos días muchísimas personas acudieron al palacio para despedir a su rey.

El traslado hasta el palacio fue solemne. En San Antonio de La Florida le esperaron el clero con sus capas moradas, corporaciones oficiales, empleados de patrimonio, representantes extranjeros y toda la servidumbre de palacio. Fue escoltado por las tropas mientras sonaban los clarines y los cascos de los caballos, que días antes había montado el monarca. Detrás iban los carruajes de la viuda, sus hijas, madre y hermanas. Se escucharon la marcha real y los sollozos de mujeres, y se vio cómo los soldados presentaban armas al paso de la caja. Fue su última escolta Real.  

Retrato de Alfonso XII.

En El Escorial, las campanas del monasterio repicaron mientras los colegiales de San Lorenzo, con velas encendidas, recibían al cuerpo sin vida de Alfonso XII. El obispo entregó el cadáver a los frailes, al tiempo que se escucharon los tambores de los alabarderos, las campanas y el cañón. Tras la misa, el cadáver se trasladó al panteón donde se encontraban Carlos II, III, IV y V; Felipe II, III y IV, Luis I y las reinas, entre otros fallecidos de la Familia Real.

Imágenes: Revista ‘La Ilustración española y americana’.

 

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