“Me hace mucha ilusión presentar mi libro en El Pardo. Aquí viví una infancia dorada”, Miguel Jiménez Mateos
El pardeño regresa al barrio, invitado por la Asociación de Vecinos de Mingorrubio, para hablar de su primera novela ‘El instante congelado’, y con la idea de plasmar en la próxima los años que vivió aquí
Al pardeño Miguel Jiménez Mateos empezó a gustarle la literatura siendo un niño, gracias a los profesores que le impartían esta asignatura en el colegio Virgen del Carmen de Mingorrubio, donde estudió antes de empezar el instituto. Esta afición hizo que quisiera dedicarse a la escritura y vio en los estudios de Periodismo la mejor vía para lograrlo. Sin embargo, la carrera no resultó ser lo que esperaba y se decepcionó. Aun así, la terminó y trabajó durante un tiempo en medios de comunicación especializados en información de América Latina, Asia y África. Pero sus expectativas volvieron a caer y optó por dedicarse a otra cosa sin dejar su gran pasión: la escritura.
Hoy, Miguel ha escrito tres libros y está inmerso en el cuarto. El jueves 13 de noviembre vendrá a Mingorrubio a presentar el primero, ‘El instante congelado’, invitado por la Asociación de Vecinos de la colonia. Ese día tendrá la oportunidad de escuchar a sus lectores, algo que le hace mucha ilusión pero que también le pone nervioso, confiesa a ElPardo.net.
-¿Cuándo empezó a escribir? A mediados de los años 90 después de leer ‘Los miserables’. Cuando terminé el libro me dije: “Yo quiero hacer algo igual”. Me encantan las novelas en las que aparecen muchos personajes y se habla de cosas sociales, como ‘La peste’ de Albert Camus o los libros de Miguel Delibes. Son libros en los que sientes que estás dentro de lo que se está contando.
–Hábleme de su primer libro, ‘El instante congelado’. Es una historia de ficción basada en hechos reales. Narra la historia de unos ladrones italianos a los que no metían en la cárcel por tener Sida. Les detenían, volvían a la calle y, de nuevo, atracaban un banco. Leí su historia en agosto de 1995 en un periódico y me llamó la atención. Todavía tengo guardado el recorte de prensa. Me inspiraron para mi novela pero lo que cuento es una invención.
–Aquella versión no es la actual. No, el libro lo modifiqué hace dos años. Soy consciente de que cuando lo escribí tenía muchos pájaros en mi cabeza. Empecé a jugar con hacer cosas pretenciosas que no funcionaron. La nueva versión tiene una lectura fácil, se divide en capítulos cortos y se lee rápido.
–¿Optó por cambiar de planteamiento en sus siguientes novelas? Sí. La segunda fue ‘Madrid fugitivo’, que está inspirada en la vida de mi padre como médico del SAMUR. Tiene muchas cosas de él. Después escribí ‘El viejo grumete’. Ambos libros están pensados más en el lector, que creo que es lo que hay que hacer. Narran historias contadas con más sencillez.
–¿Dio este giro porque le asesoraron o asistió a algún taller de escritura? A lo mejor peco de vanidoso, pero considero que con todo lo que he leído no me ha hecho falta ni he tenido la necesidad. Un escritor decía que uno aprende a escribir leyendo, no yendo a cursos.
–¿Cómo es su proceso de escritura? Es como si estuviera esquizofrénico, como si escuchara voces. Cuando me voy a acostar con una historia en la cabeza, me levanto con los personajes contándome un poco lo que van a hacer. Es como actuar, me meto en su piel.
–El 13 de noviembre será el escritor invitado a la tertulia literaria de la Asociación de Vecinos de Mingorrubio. ¿Qué le parece que hayan contado con usted? Me ha hecho mucha ilusión. Tengo un montón de sensaciones y todas buenas. También, estoy muy nervioso. Es una gran iniciativa porque cuando uno escribe tiene la necesidad de que alguien le diga qué siente con los personajes.
–Además, volverá a El Pardo, su ‘casa’. Sí, yo soy de El Pardo pero llevo la mitad de mi vida viviendo fuera. Me fui porque quería hacer una vida distinta a la que hacía aquí. Se me quedaba pequeño. Sinceramente, yo creo que fue un error. Estoy deseando volver, regresar a la tranquilidad, al monte, a una mejor calidad de vida.
–¿Qué recuerda de su niñez y juventud aquí? Tuve una infancia dorada. Me la pasé haciendo cabañas, cogiendo animales, montando en bici, pescando en el río… Me lo pasaba muy bien cuando era niño. Salías a la calle y enseguida veías a los amigos.
-¿Qué echa de menos de El Pardo? La tranquilidad y la naturaleza. Lo que tienes en un sitio como El Pardo no lo tienes en ningún otro. En una ciudad, las relaciones te las tienes que trabajar. Aquí, sólo tienes que salir a la calle
-Cuando vuelve, ¿qué le gusta hacer? Ir con la bici por el monte, me encanta la vista que hay desde las siete cuevas, el Cristo de El Pardo…
–¿Aparece El Pardo en alguno de sus libros? ¿Le ha inspirado? El personaje que es un profesor en ‘El instante congelado’ tiene algo de los maestros de Lengua y Literatura que tuve en el colegio Virgen del Carmen de Mingorrubio.
–¿Qué proyectos tiene? Ahora estoy con mi cuarto libro y quiero escribir uno sobre mi infancia en El Pardo.
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