«El Pardo es un lugar tan peculiar que es muy dado a ser echado de menos», Guillermo Díaz ‘Miller’

Guillermo en la Plaza de Armas, Santiago de Chile.

El pardeño Guillermo Díaz, más conocido como ‘Miller’ en nuestro barrio, lleva casi dos años y medio viviendo en Santiago de Chile. Sus ganas de salir de España le llevaron hasta allí y, sobre todo, sus montañas. Reconoce que después de pasar por una etapa melancólica, se ha adaptado a la vida en la capital de Chile. Además, allí se casó con una chilena. Aún así, echa de menos la naturaleza, el monte, la tranquilidad y a los vecinos del barrio. «¡Mira que somos buena gente los de El Pardo!», no duda en afirmar.

– ¿Desde cuándo resides en Santiago de Chile y por qué te fuiste allí? Vine a vivir a Chile en mayo de 2011. Hacía tiempo que le daba vueltas a la idea de salir de España y elegí Chile por diversos motivos, como su estabilidad económica, el idioma y, sobre todo, por las montañas porque soy un apasionado del esquí.

-¿Qué tal está siendo tu experiencia? Supongo que como la de todo inmigrante, se pasa por periodos. Primero, hay una etapa de conocimiento y valoración. Es curioso, al principio no me sentía extranjero, por aquello de no cambiar de idioma. Luego, aparece la etapa de melancolía y comienzas a echar cosas de menos. Por fin, llegas al periodo de adaptación y empiezas a reconocer el sitio donde vives como tu hogar. He de decir que, por suerte, conocí aquí a la que hoy en día es mi mujer, Carolina, que es chilena, y eso me ayudó muchísimo a sentirme acompañado y apoyado.

Guillermo con su mujer Carolina celebrando su despedida de solteros ‘a la española’.

-¿Qué echas de menos de El Pardo? El Pardo, siendo un lugar tan peculiar, es muy dado a ser echado de menos. Añoro la naturaleza, el monte y la tranquilidad. Creo que hay cosas que tengo muy grabadas en mis recuerdos de la época de adolescente, como el olor en el aire después de una tormenta, el sentir ese frío intenso e inmediato cuando uno salía de casa temprano en invierno. No sé, parecen tonterías, pero me acuerdo de eso. En otro aspecto, por supuesto que echo de menos a la gente. ¡Mira que somos buena gente los de El Pardo!. Ya sabéis, conocernos todos, aunque no todos nos saludásemos por la calle y cosas así. Y, como no, echo en falta la última quincena de junio con las fiestas de Mingorrubio y la primera de septiembre con las de El Pardo. Ambas marcaban el comienzo y el fin del verano y nos hacían pasarlo tan bien.

-¿Qué no puedes hacer en Santiago de Chile que hacías sin problemas en El Pardo? El tener ese acceso tan inmediato a la naturaleza. Recuerdo que en Mingorrubio los amigos, en vez de llamarnos a la puerta de casa, nos silbábamos desde la calle. ¡Ese era nuestro WhatsApp! Esto en una gran ciudad es prácticamente imposible.

             

A la izq. Guillermo esquiando en El Colorado y a la derecha, en Cajón del Maipo.

-¿Hay algo en Santiago de Chile que te recuerde a El Pardo? Hay un barrio en la zona alta de la ciudad que se llama Lo Barnechea y que lleva al camino que sube a Cordillera. En una pequeña franja de esa zona, las casas, los edificios bajos y los árboles me recuerdan a El Pardo.

-¿Qué traerías de allí a nuestro barrio? Hoy por hoy, y aunque resulte contraproducente para un sitio tan pequeño como El Pardo, llevaría un poco más de actividad humana. Me refiero a que, como todos habréis comprobado, cada vez hay menos gente y, sobre todo, jóvenes. Desde hace años, en Mingorrubio se ve poca gente por la calle. Eso contrasta con cómo era hace un par de décadas, cuando nuestra generación llenaba un poco más las calles.

Fiestas Patrias 2011.

-¿Cómo es tu día a día? Si vivieras en El Pardo, ¿en qué crees que se diferenciaría más? Creo que una de las claves para que yo me adaptase bien a esta ciudad es que vivo en un barrio muy tranquilo. Me levanto a eso de las 8 y un rato después (siempre intento ver el Telediario de TVE Internacional) salgo. A tan sólo cinco calles de mi casa está el lugar en el que me ocupo de mis asuntos de inversiones. Normalmente, si no tengo reuniones en otros lugares de la ciudad, paso unas horas allí haciendo diversas tareas. Las tardes las dedico a estudiar y a hacer deporte. Me he vuelto a matricular en la UNED para terminar la carrera de Ciencias Políticas que dejé hace años por falta de tiempo. Afortunadamente, en Santiago hay un centro de exámenes de la UNED. Si lo tuviera que hacer en una universidad de aquí, me resultaría carísimo. Si podemos, mi mujer y yo salimos un rato a correr por un parque cerca de casa y varios días a la semana voy a karate. Para compensar eso de las obligaciones, a mi mujer y a mí nos encanta salir a cenar los dos solos o en compañía de amigos. En Chile, la carne, sobre todo la de vacuno, es muy buena y abundan los restaurantes especializados, aunque también nos gustan los pescados y mariscos que en este país también son excelentes, pero ese tipo de comida cuesta un poco más encontrarla en Santiago.

Si viviera en El Pardo, seguramente saldría más, sobre todo en verano. Nuestro barrio se presta mucho a eso, que si una caña o un vino por aquí, una tapa por allá. En invierno dentro de los bares y en verano en las terrazas. Es una cosa que muchos países envidian de nosotros, los españoles; esa forma de entender y de disfrutar la vida.

 -¿Cuándo volverás? Volveré de visita en cuanto pueda. Estuve hace unos meses y desde luego que a la mínima ocasión me vuelvo a escapar. Para vivir, francamente, eso lo veo muy lejos y más con la actual situación de España.

Guillermo en Farellones.

 

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