La berrea, el espectáculo sonoro de El Pardo

Durante estos días el Monte de El Pardo habla. Han llegado los días en los que uno de sus habitantes, el ciervo macho, hace oír sus berreos con el único fin de que la hembra se rinda a sus pies. El animal sabe que es su momento, que es ahora cuando debe aparearse para garantizar el futuro de su especie. También es consciente de que no le vale emitir un simple sonido gutural; el suyo ha de superar al de los otros machos. Sólo así las hembras se fijarán en él.

Y es en esta ‘pelea’ de berreos, en la berrea, cuando el monte pardeño está en su máximo esplendor. Escucha pero también ve. Observa las demostraciones de poder de los ciervos cuando luchan con su cornamenta. Es testigo del poder y fortaleza que demuestra el más fuerte; el ganador, el que se lleva como trofeo no una hembra, sino hasta 50. Ahora le toca cumplir. Ha demostrado que berrea como el que más, que sus astas son las más fuertes y ha llegado el momento de montar a la hembra.

        

Éste es el fin de su espectáculo sonoro: procrear. Éste es el fin de la berrea: la vida.

Sí, la berrea es un espectáculo. Uno de los miles que se dan en la naturaleza y que el Monte de El Pardo ofrece desde siempre. Merece la pena escucharlo y, con un poco de suerte, verlo. Y no es difícil. Los amaneceres y atardeceres del otoño son idóneos para ser testigos de la berrea. Los mejores puntos de observación: el camino que lleva al Cristo de El Pardo, las inmediaciones del restaurante El Torreón, la senda que comienza en el puente de los Capuchinos y se dirige hacia la presa o el Mirador de Valpalomero.

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