Diario de una pardeña confinada

Pepi es una pardeña que, como la mayoría de sus vecinos, está confinada en casa desde que se decretó el estado de alarma. El día a día es una aventura para ella. Tiene que atender a sus 3 hijos y ayudarles con los deberes, al tiempo que teletrabaja, organiza la casa e intenta que su matrimonio no termine en divorcio. Pepi se da cuenta de que la cosa se le va de las manos cuando empieza a obsesionarse con tirar bragas al patio…

Todas las noches, para evadirse, escribe un diario. ¡No te lo pierdas!

Día 1º. No ha sido para tanto

Querido diario:

Ayer el Gobierno declaró el estado de alarma en España, por lo que hoy ha sido el primer día de confinamiento.

He de admitir que me he levantado de buen humor, escuchando los pajaritos por el patio, a mi vecino Manolo sonarse los mocos y a la Mari cantando mientras tendía sus bragas XXL.

Me he dirigido a la cocina, dispuesta a desayunar en familia con mis tres hijos y mi marido, pero éste ya se había largado a Kike a comprar el pan. Y no os creáis que a por la espiga para desayunar tostadas todos juntos. ¡Qué va! El cabr… necesitaba su espacio, dice, y eso que llevaba 15 minutos confinado. Mi casa está a 100 metros de la plaza y ha tardado hora y cuarto en volver. ¡Ni que estuviera abierto el Sele!

Mientras, en la cocina, todo parecía ir bien. Hay de todo en la despensa; cereales, bizcochos, galletas normales, integrales, de jengibre, de miel, con chocolate, con forma de oso, de elefante, de perro, de gato sin cabeza, sin forma… Yo me he tomado las digestivas para ir al baño. Mientras haya papel higiénico… ¡Qué cojones!

Hoy, que no había prisa, quería desayunar de forma distendida y charlando. Pero he echado a todos de la cocina a los 3 minutos y 45 segundos, cuando mi hija mayor ha escupido en la leche del mediano y la pequeña ha puesto todo perdido soplando con la pajita.

No pasa nada. Toca juego de mesa. Ha sido decirlo y producirse la ‘espantá’. Ya me buscaréis, ya. Cuando llevemos unos cuantos días más, pediréis La Oca y hasta el Parchís. Ya lo estoy viendo…

Creía que la mañana había pasado rápido entre lavadoras, plancha, baño… Otra vez, lavadoras, plancha, baño… Pero no. Las 12h. y todo hecho. Para un día que llegaba puntual a misa y no hay. ¡Lo que hubiera dado hoy por una de esas eucaristías eternas de don José María!

Me he puesto a pensar en la comida y me he dicho: ‘Hoy, que se puede, dedícale tiempo y no vuelvas a darle a los críos sopa de sobre’. Así que, me he liado con la paella. A las 18:45h. hemos comido… Bueno, así se nos ha pasado rapidito la tarde.

Desde que mi hija mayor, que es preadolescente, como dice la gilipollas, tenía un mes, no hemos faltado un domingo a los patos. Lógicamente, no ha podido ser y estaban todos eufóricos.

Hay que mirarlo todo por el lado positivo. Llevaba 9 años sin ver una película del tirón y hoy me he visto 7. ¡Qué viejo está Sylvester Stallone!

He decidido no herniarme mucho con la cena. Cuatro lonchas de jamón york y tres de queso para cada uno. Ya le pediré el libro de recetas a mi madre. Que me lo tire por el balcón. Me haré un Karlos Arguiñano con tal de aislarme en la cocina y no tener contacto con las tres fieras.

Desde que tenía 6 años no estaba a las 8 en la cama. He esperado a aplaudir a los sanitarios y me he arropado enseguida. Eso sí, antes, me he venido arriba gritando por el patio ¡Viva los médicos! ¡Viva los enfermeros! ¡Viva los anestesistas! ¡Viva los dentistas! ¡Viva los alergólogos! ¡Viva los ginecólogos! ¡Viva los podólogos! ¡Viva los estanqueros! y ¡Viva los peluqueros!

Día 2º. Primer día de teletrabajo y no aguanto más

Querido diario:

He de reconocer que cuando mi jefe me dijo que iba a trabajar desde casa, me dio un subidón similar al que siento cuando regresan los domingueros a sus casas. Pero, realmente, está resultando ser una mierda, como las primeras fiestas sin coches de choque ni toros.  

En la empresa no tienen portátiles suficientes, así que me he tenido que traer mi ordenador de mesa. Tiene un monitor de 27”, una torre que es más grande que yo y un teclado con unas dimensiones que parece que el abecedario tiene 63 letras, en vez de 27. Y no hablemos de los 115 cables que hay por ahí colgando… Vamos, que tuve que pedir a los chicos de BIKETOWN la furgoneta para traerlo todo. Cuando entré al portal, mis vecinos Mari, Manolo y la de detrás de la mirilla debieron pensar que me confinaba con Robocop.

Como mis tres hijos siguen vivos y han ocupado el salón y sus habitaciones, y la mía tiene un tenderete de ropa que parece el mercadillo de El Pardo en sus mejores tiempos, me he instalado en la cocina. Teniendo en cuenta sus dimensiones (un zulo, como casi todas las del barrio), he tenido que colocar el monitor del PC encima del frigorífico; la torre, entre el microondas y la vitrocerámica; y el teclado colgando del techo. Lo peor ha sido acoplar los 115 cables en sus lugares correspondientes. Lo he logrado en el undécimo intento. Eso parecía una película de terroristas. ‘Corta el cable rojo. Haz un empalme del azul con el fucsia. Ahora, aísla el verde del marrón’. La primera vez, he enchufado el teclado a la cafetera, la torre a la tostadora y el monitor a la caldera. He dejado sin luz a los vecinos. Os digo yo que lo que se ha oído por el patio no han sido los aplausos de anoche…

Una vez todo instalado, he tenido que desmontar el tinglado porque ya eran las 17:45h. Me hubiera ido a La Pepenúltima a comer una ración de croquetas de Rosi, pero me he tenido que conformar con charlar con su hermana Kika por la ventana. Y ya, de paso, he tirado disimuladamente al patio 5 pinzas, 3 bragas y 2 calcetines para ir a recogerlos y que me diera el aire. He tardado dos horas en subir. Mis vecinos han tenido la misma idea y el patio parecía la plaza… 

Día 3º. ¡Viva el colegio!

Querido diario:

Todos sabíamos que el colegio es el mejor invento después del Satisfyer. Ahora, yo lo firmo, lo rubrico, lo prometo, lo juro y lo ratifico donde haga falta. Y, si hay que subirse al cohete del pino y colgar una pancarta, lo hago.

Cuando dijeron que se cerraban los coles, me dije a mí misma: “Tranqui Pepi, que esto está chupao. Tú vas a trabajar en casa y a los chicos les van a dar tantas tareas, que estarán tan ocupados que vas a pensar que sigues en tu piso de soltera de la calle Caballeros”.

¡Y una mieeeerda! El primer día de teleformación, formación on line, clases a distancia, o como coño se diga, ha sido una pesadilla.

Tenemos un portátil y somos 5 en casa. Hay que restar 1 porque mi marido se desplaza a su trabajo. Aún así, no salen las cuentas, por lo que nos hemos tenido que apañar con él y con el ordenador Robocop que me traje de la oficina.

Me he dispuesto a hacer un planning al que he titulado #YoMeTurnoElPortátil.

Al principio, todo iba bien. Mientras la preadolescente asistía a su primera clase on line, el mediano se apañaba haciendo ecuaciones con su libro de matemáticas y la pequeña estudiaba la lección de lenguaje.

A los 5 minutos, la cosa se ha empezado a torcer. La benjamina se me ha despistado y se ha puesto a cantar ‘Suéltalooooooooooooooooo’. La canción que casi llega a ser nº 1 de los 40 Principales. Nada más dar el do de pecho, la preadolescente ha sacado la fiera que lleva dentro mandándola callar. Al único que no se le oía era al mediano. Estaba dormido en su escritorio con la banda sonora de los pajaritos del río de fondo.

Casi mejor no haberle despertado, porque me ha empezado a hacer tantas preguntas sobre x, y, x², y², primer y segundo grado, que se me ha quedado cara de tonta. No doy matemáticas desde 1995. Más no se me puede pedir.

Y no hablemos de las dudas de la pequeña. No puedo con los hiatos ni diptongos. Es algo que me supera. No lo entendí, no lo entiendo y no lo entenderé en la vida. Tengo que hablar con Fina o volver a las monjitas.

He de reconocer que no sabía cuan lista es mi niña. En una hora se ha hecho los deberes que le habían planificado para una semana. Estaría eufórica y diciéndoselo a mis vecinos por el patio, si no fuera porque esto ha supuesto un infierno para mí. He tenido que hacer 320 fotografías de los ejercicios de matemáticas, 150 de lenguaje, 228 de science y 41 de inglés porque había que enviárselos al profesor para su evaluación. Ito, como no le ayude a corregir Marisa, va a estar confinado hasta el fin de sus días…

La preadolescente, como está atontada, no se ha enterado de su clase on line, así que no tenía dudas. Sólo me ha dicho que Alejandro Magno está muy bueno. ¡Qué sabrá ella! Los chicos de la A.D. El Pardo de los años 90, esos sí que estaban buenos.

Voy a tirar otro par de bragas al patio. Mañana será otro día…

Día 4º. No sin mi Internet

Querido diario:

Lo que nos faltaba en El Pardo. ¡Quedarnos sin Internet! Bastante estamos sufriendo ya, sin poder ir a los 458 bares que tenemos, como para quedarnos sin red.

Cuando he escuchado un grito desgarrador por el patio, he pensado que había sido el primer suicidio. Pero no. Se ha averiado Internet.

Al principio, en casa hemos estado tranquilos, pero cuando el corte se ha prolongado 2 minutos y 34 segundos, las caras de mis hijos han empezado a desfigurarse. Parecían mi vecina cuando limpia el portal y le pisamos lo fregao.

¡Qué no cunda el pánico! Esto es un reiniciar de toda la vida. Apago router, enciendo router, apago router, enciendo router, apago router, enciendo router… Cuando llevaba con el mismo trajín 15 intentos (la niña bonita de Marcelino) he decidido llamar a mi cuñado el informático.

Na Pepi, eso es que hemos saturado la red y volverá en un rato”. Vamos, que había un tráfico como el del merendero de Mingorrubio los domingos de primavera.

Una vez calmadas las fieras (incluyo al marido, a mis 3 hijos, a mí misma y al del 2º, que estaba a punto de tirarse por el balcón),  se me ha ocurrido la brillante idea de jugar al ahorcado. Nos viene al pelo, oye. He tenido que parar el juego cuando mi hija, la atontada preadolescente, ha cogido la cuerda de tender y se la ha liado al cuello.

Después, he planteado una partida de dardos, pero cuando el padre ha cogido el primero, me ha mirado y ha apuntado, la he dado por terminada. Eso me iba a cortar más que los cuchillos del afilador que lleva viniendo a El Pardo desde el siglo XIX.

De repente, he tenido una brillante idea. El último día de trabajo en la oficina, cuando salía con mi ordenador Robocop por la puerta, mi compañero informático me dijo que le llamara si tenía alguna incidencia. En aquel momento pensé, “con lo antipático y feo que eres, ni aunque llegue una pandemia”. Tenía que haberme callado…

Pues he llamado y, suerte la mía, porque el teléfono de asistencias informáticas de mi trabajo lo tiene los días pares David, que está muy bueno. Aún no sabía que era una avería general de El Pardo, así que me ha dado unas indicaciones que me han recordado a las de Curiel en mi primera clase de autoescuela. Cuando se encienda la luz roja, no sigas, si parpadea la ámbar, suelta despacio y, cuando se ilumine la verde, ya puedes arrancar. Na, como que me llamo Pepi, que antes apruebo el examen práctico, que di por perdido en 1998, que logro activar el puñetero Internet.

Vista mi torpeza, al informático David se le ha ocurrido la idea de hacer una videollamada por WhatsApp. ¡Joe, y yo con el pelo lleno de mierda! Me lo he lavado tan rápido y lo he sacado tanto brillo en 45 segundos, que ni Regina con los mejores productos de su peluquería.

Acababa de decirme mi vecino Manolo por la ventana que no era cosa de mi router y que teníamos avería para rato. Así que, con el pelo planchado, la raya del ojo pintada y los morros rojos, he hecho una conexión con David más corta que la distancia que hay entre La Marquesita y el BBVA.

Voy a tirar 3 bragas al patio…

Día 5º.  Hoy he tenido el día tontorrón

Querido diario:

Hoy, he tenido el día melancólico y tontorrón. Me ha dado por pensar en los pardeños que lo están pasando mal, realmente mal, pero muy mal.

Sin duda, este tiempo de confinamiento debe de estar siendo un infierno para mi vecina la de la mirilla. La mujer se entretenía con el trajín de la escalera y ahora, mira, eso parece un desierto. Si por lo menos hubiera un perro en el vecindario… Tampoco son días fáciles para la del visillo. Tenía controlados a la del 2º, a su novio, a la coja y al viudo, y ya na.  Aburrida, no, lo siguiente…

Pero para mala suerte la de Paqui, mi amiga de la infancia. Somos íntimas desde que íbamos al Grupo. Para una vez que se echa novio la pobre, y la aíslan. Eso sí que es una putada. Dice que sale con su chico por videoconferencia. Pero, no es lo mismo… Ya le veo tirando del Satisfayer (otra vez).

¡Y Marcelino! ¡Dios mío! Ese hombre lleva vendiendo lotería en la calle, por lo menos, desde 1756. No hago más que pensar qué estará haciendo en su casa. Seguro que ha tirado del bingo y está con Tere dándole al bombo.

Ahora, yo te digo una cosa, para juego de mesa, el parchís. En casa nos hemos entretenido bastante mis hijos, mi marido y yo. Hasta la preadolescente atontada se lo ha pasado pipa. La ficha roja ha sido el PSOE; la azul, el PP; la verde, VOX; y la amarilla, Coalición Canaria. Por supuesto, ha habido que repetir la partida, como las elecciones…

A las 16:36h., y ya que había tarde por delante, el mediano ha propuesto otro juego y ha empezado: «De oca a oca y tiro porque mamá se está poniendo como una foca». Le he dado tal hostia que se ha llevado por delante a su hermana pequeña, la jaula del periquito, el tresillo y mi ordenador Robocop.

Volviendo a los vecinos. He pensado que si estuviera vivo, me cambiaría por Rufo ahora mismo. Le alquilaría su caravana con terraza e incluso su segunda vivienda; la que tenía en los soportales de la plaza.  He llamado a los de Memory House, a ver si me lo gestionan… Además, les he pedido un listado de las viviendas en venta de la Casa Infantes. Con eso de que tienen galería que da a la calle, en nada se revalorizan. ¡Ah! Y otra residencia que, con los tiempos que corren, estaría por las nubes sería la del rumano. Ahí, debajo del puente de los capuchinos y a orillas del río, no menos que 5.000.000€. El aire puro se echa en falta y hay que lavarse mucho las manos. Eso se paga.

Me he acordado también de Las Q Faltaban; las chicas del carrito de las fiestas. Otras que también estarán pasándolo mal. No les gusta a ésas la fiesta ni na. Tan pronto te ponen a Manolo Escobar como lo último de Kiko Rivera. Cuando la crisis del coronavirus se acabe, voy a pedir que nombren a su carrito ‘Patrimonio de la Humanidad’.

¡Ay, y los hermanos Zamora! ¡Cómo echarán de menos sus motos estos hombres que no han cerrado el garaje ni en festivos ni fiestas de guardar! Seguro que estarán desmontando los frigoríficos a sus mujeres. Bueno, que miren el confinamiento por el lado positivo. Cuando salgamos de aquí y  vuelvan a las tareas de las bujías, carburador, chiclé y demás enseres, tendrán más motos en su colección porque ya se habrán considerado antiguas las de 2020…

Voy a tirar 2 pinzas al patio. Me estoy quedando sin bragas.

Día 6º. Hoy, sesión de maquillaje y peluquería

Querido diario:

Mi hija mayor, la preadolescente atontá, lleva varios días diciéndome que me quiere maquillar y peinar. He estado esquivándola las 30 horas que debe de tener ya el día, pero hoy no me he podido escapar. Me ha pillado escondida detrás de la escoba.

Se ha montado un salón de peluquería en su habitación que parecía Las Canoras. Lo que yo pensaba que iba a ser una puesta a punto de media hora se ha prolongado un día entero.

Me he sentado en su silla tamaño siete enanitos y me ha colocado el baby de 2º de Infantil. Después, ha sacado un maletín de pinturas que parecía la caja de herramientas de Jabato Motor. 53 pintalabios, 24 coloretes, 15 rímel, 67 pintauñas, 18 correctores, 46 sombras de ojo, 32 máscaras de pestañas, 25 lápices de ojos, 2 acondicionadores de cejas y un soplador de labios. No tenía ni puñetera idea de que existiera eso.

Vamos a ver, Pepi, si a la niña no le dejo maquillarse, ¿por qué coño tiene el maletín de la señorita Pepis versión 4.0? La cría me ha dicho que mi amiga Paqui se lo regaló antes del confinamiento. 

Como me ha explicado ella, antes de maquillar, hay que hidratar. Pues entre toda la porquería no había crema. No pasa nada. Hemos tirado de un tutorial de Internet. Ha cogido natillas de vainilla, perejil, orégano y un poco de crema de calabacín y me lo ha untado en el rostro. Lo hemos dejado secar 7 minutos, aunque yo creo que con 5 habría sido suficiente, porque cuando me lo he quitado parecía el protagonista de La máscara, pero más pálido.

Una vez retirado el potingue que, todo sea dicho, ha conseguido que yo pareciera siete meses y 6 días más joven, se ha liado con el instrumental. Mi hija ha ido haciendo lo que decía en su vídeo la influencer del momento, que no debe tener más de 5 años. ‘Cómo maquillarse en 245 pasos’. ¡Hostia, más de los que yo hago en una jornada de confinamiento!

Vaya maña que tiene mi hija. Ha sido mirarme al espejo y ver a Sara Montiel en su juventud, allá por el siglo XVII. No me pienso lavar la cara hasta que termine el estado de alarma. Lo malo va a ser que decreten el de excepción y el de sitio…

Cuando creía que podía irme a la cocina a tomarme unos torreznos que me traje de La 3ª Espuela escondidos en una servilleta, la pequeña me ha dicho que ella también quería. Pepi, te toca el turno en la peluquería.

Hemos jugado a que yo me casaba en el Cristo y me ha hecho varias pruebas de novia. ¡Hartita me tiene con sus ocurrencias! Como la pobre convive más que nunca con la mayor, se le está pegando la idiotez…

Ha empezado con un recogido tan apretado que cuando me lo he quitado tenía la cara de la china de la plaza. Después, me ha hecho dos coletas con tirabuzones. Al principio, no le salían, así que hemos llamado a Amparito para que nos diera unas pautas y, de paso, nos enviara una foto su hija Estíbaliz de cuando tenía 5 años, para copiarnos.

Y cuando ya pensaba que me podía escapar, ha llegado mi hijo el mediano diciendo que me hacía la pedicura y me depilaba. ¡Qué fenómeno! Me ha quitado más callos que Paco el podólogo en toda su carrera profesional. Y, de los pelos, ni hablamos. Se ha asustado cuando he levantado el sobaco. Me ha dicho que eso era una selva y ha asegurado haber visto a Tarzán colgándose de una liana. ¡Qué hostia le daba!  

Como no hay mal que por bien no venga, me he dicho, “Pepi, estás monísima, aprovecha y dale una alegría a tu Paco”. He cogido el picardías de mi luna de miel y, cuando me he pillado el chichi con los corchetes y he visto que los pezones se salían por arriba, lo he tirado el patio y me he puesto el pijama de franela.

Día 7º. Me he ido de botellón por Skype

Querido diario:

Hoy cumplimos una semana de confinamiento. Me he dado cuenta de que el jueves, día de San José, no celebré mi santo. Muchos regalitos hechos con rollos de papel higiénico, pinzas de la ropa y bolsas de basura para el padre, pero de la madre no se acordó ni Dios.  Por tanto, he decidido celebrarlo con mis amigas con un ¡¡ botellón por Skype!! Yujuuuuuuuuuuuuuuu…

Antes de avisar a Juani, Encarni y Paqui en el grupo de WhatsApp ‘Las chungas de El Pardo’, le he pedido a mi hija la preadolescente que me ayudara con el diseño de invitaciones virtuales. Ella, como está enfadada con el mundo y no es capaz de ser solidaria ni en época de confinamiento, lo único que ha hecho ha sido ponerme el buscador de aplicaciones de móvil y, encima, en inglés. “Sólo tienes que instalártela”, me ha dicho. Como si eso fuera sencillo. Yo lo único que he instalado en mi vida ha sido una lavadora y enredé el tubo del desagüe.

 A la hora y media, y después de salirme el negro del pene enorme 456 veces, he dado con unas apps muy interesantes. ‘Cómo diseñar calendarios sin mujeres en tetas para talleres’, ‘Cómo diseñar pósters que no se enrollen cuando les quitas la goma’, ‘Cómo diseñar dípticos de publicidad que se peguen en las manos para que no se puedan tirar’, ‘Cómo diseñar vallas de carretera para vías de doble sentido’, ‘Cómo diseñar invitaciones de boda cuando sabes que tu divorcio está cerca’, ‘Cómo diseñar tarjetas de visita cuando no quieres que te visiten’… Finalmente, me he decantado por la aplicación ‘Cómo diseñar invitaciones de fiesta cuando sabes que no va a ir nadie’.

Me ha ayudado mi hija pequeña. Ha diseñado una que hasta le salía una bengala por la pantalla y cantaba la canción ‘Feliz en tu día’ de Miliki, Fofó y demás hermanos, cuñados, suegros y primos de los payasos de la tele. ¡Madre mía, esa familia es tan grande como la de los Kikes! Vas a por el pan y te encuentras a uno, vas a la gestoría y hay otra, te tomas una caña en la terraza de Montes y ves a tres, coges dirección al pino y te cruzas con siete en el semáforo, entras en La Despensa y hay 12, y vas a La Pepenúltima y ahí están metidos los 85 que faltan.

Juani, Encarni y Paqui han flipado cuando han recibido la invitación on line. (Ahora sé pronunciarlo pero me he pasado 5 años diciendo eye liner). El caso es que las he convocado en su ordenador a las 12h., que es cuando he colocado a mi Paco y a las tres criaturas delante de la tele para ver la misa de La 2.

He instalado Skype y, a partir de ahí, me ha costado continuar. Avanza, localiza, selecciona, entra, busca… Parecía un perro de los que adiestran los compañeros de Maritere (la de Salustiano) en el Servicio Cinológico de la Guardia Civil. Sólo me faltaba el trapo en la boca…

Nada más crear el grupo de Skype, he puesto globos detrás de mí y he bailado entre ellos. Me ha venido a la mente la coreografía que hacía la gitana que venía al pino y me he venido arriba.

Al grupo, primero se ha agregado Encarni, luego Juani y, finalmente, Paqui. A ésta la hemos dado más tiempo porque la única distracción que tiene la pobre es su novio virtual y estaba probando no sé qué postura con él.

Como ha sido un botellón, cada una de nosotras ha llevado su bebida. ¡Nos hemos pillado un pedo de cojones! Hasta Encarni con el champán para niños se ha cogido la mayor mierda de su vida. A Paqui le ha dado por hacer equilibrios y se ha subido al router y Juani ha echado la pota sobre el teclado. ¡Hay que ver la calidad de las webcam de hoy en día! He podido contar los granos de arroz que ha vomitado.

Se nos ha ido el rato recordando aventuras de nuestra infancia y juventud en El Pardo. Aquella tarde en la que una se escondió en Pedro’s de su madre y la encontró la policía a la mañana siguiente con hipotermia. El día en la que perseguíamos a mi amor platónico en los coches de choque y rompimos la nariz a un hombre y el brazo a su hijo. Las noches viendo jugar a los chicos en el torneo de las 24 horas de las fiestas… ¡Joe! En aquellos partidos también nos cogíamos unas cogorzas de aúpa. Jugábamos a ‘falta y gol’, que consistía en beber un sorbo de sangría cuando marcaban o pegaban patadas. Como al principio no se nos subía, cambiábamos las reglas. Además de la sangría, tomábamos un chupito de tequila cuando el balón se salía por la banda o había córner.

La verdad es que hoy me lo he pasado muy bien en la celebración de mi santo. Cuando he apagado mi ordenador Robocop a capón porque veía doble, he ido a preparar la comida a la familia, creyendo que eran las 14h. y me he encontrado a todos cenando.

Voy a tirar 3 bragas al patio…

Día 8º. Poniéndome en forma

Querido diario:

Van pasando los días y cada vez noto mi cuerpo más agarrotado e incluso deforme. Me cruje el dedo del pie que está al lado del gordito, la espalda está tendiendo a girarse a la izquierda y tengo un ojo más alto que otro.

No pasa nada, Pepi. Esto lo arregla un poco de ejercicio.

Dicho y hecho. He decidido instalarme un gimnasio en casa. Algo así como el de Cristiano Ronaldo pero a la mínima expresión. He consultado Internet y he tomado nota de todo lo que se necesita para ejercitar desde la coleta hasta el callo del dedo pequeñín del pie. Una colchoneta, mancuernas, una comba, una rueda abdominal, agarraderas para flexiones, una tabla de equilibrio, barra de musculación, bandas elásticas, un trampolín, una máquina de remo, un balón medicinal…

Como era de suponer, no tengo nada de eso, así que me he apañado con lo que he encontrado por casa. Eso sí, antes me he colocado las mallas que me ponía cuando hacía deporte, allá por 1984, y el top que fue sensación en 1995. Muy vintage todo si no fuera porque, de lo apretado que me estaba el top, los pezones lo han atravesado.

He echado a mi Paco y a las tres fieras del salón, y los he encerrado en la cocina para que tuvieran provisiones. Después, he empezado la búsqueda del instrumental para mi gym, como dicen los millennials.

Colchoneta. He cogido la esterilla de la playa y, para hacerme a la idea de que el verano no tardará en llegar, he colocado la sombrilla al lado. 

Mancuernas. Después de preguntar a mi hijo el mediano qué era eso, he cogido dos tetra briks. Uno de leche entera y otro, desnatada. ¡Así tengo de colores! Mañana me acerco al Kike a comprar semidesnatada y tendré más variedad de tonos. ¡Yujuuuuuu, qué cool!

Comba: Mi hija, la preadolescente atontada, ya no juega con eso y la pequeña es muy estática, así que no tengo. He cogido las tijeras y he tomado prestada la cuerda de tender de mi vecina Mari. Cuando termine los ejercicios de brincar, le hago un par de nudos y la tendrá lista para tender sus bragas XXL.

Rueda abdominal: Ni mi Paco ni yo sabemos qué es. Él, con toda su buena voluntad, me ha desmontado una rueda de la bici de la niña. Pero, se le ha ido de las manos y ha roto dos radios, ha rajado la cubierta y ha partido el sillín. Yo creo que esto no lo arregla ni Álex, el del taller de  BIKETOWN.

Agarraderas para flexiones: Tampoco he oído hablar de ello, pero me he imaginado lo que es. Algo para agarrar cuando haces flexiones. ¿Se puede tener algo agarrado cuando se hacen flexiones? Yo no lo veo…

Tabla de equilibrio: He cogido el skate de mi hijo. Lo del equilibrio no ha sido fácil. Ha sido mirarlo solamente, no he hecho más, y me he pegado una hostia de miedo. Me ha llamado mi hermana, que vive dos calles más para allá, para saber qué había sido ese ruido. «¡Yo qué sé! Pregunta a las chicas de ElPardo.net que todo lo saben». ¡Qué fenómenas! Siempre, al pie de la noticia…

Barra de musculación: He pensado que debía ser el palo ése que se pone de pared en pared, así que he sacado la escoba del armario. Después, he desmontado la puerta del pasillo y he aprovechado las bisagras y los tornillos de la manilla para colocarla. ¡Buah, ni los mejores profesionales de la ya desaparecida carpintería de El Pardo habrían hecho semejante montaje!

Bandas elásticas: Como no me indicaba el grosor, he cogido de varios tipos. Las gomas de pelo de las niñas y las que vienen en las hueveras de cartón de Maripaz ‘la pollera’. Las colecciono desde 2003, así que tengo un montón.  Tantos, como santos tienen las calles de El Pardo. A mí el que más gracia me hace es San Mansueto. Me apuesto dos años de confinamiento más a que no hay más de tres pardeños que sepan dónde está. 

Trampolín: Menos mal que aún tengo el somier de muelles que compré en Seivane. Sabía que no hacía mal en guardarlo y que algún día lo iba a volver a dar uso. 

10º Máquina de remo: He cogido los dos de la colchoneta hinchable de la playa, he colocado una banqueta detrás de otra y me he subido. Después, me he echado una jarra de agua encima para que fuera más realista.

11º Balón medicinal: Este aparato ha sido fácil de apañar. He cogido el balón de futbito de mi Paco y dos aspirinas por eso de que es medicinal.

¡Buah, pedazo de gym me he montado. Le he puesto hasta nombre: #YoMeQuedoEnElGimnasioDePepi.

¡Al lío cachorra! Como diría el Trucha.

Se me ha puesto el culo duro, estoy más fuerte que Juanín ‘el bombero’ y tengo más resistencia que los jóvenes estos de El Pardo que se pasan los días corriendo de Pedro’s al cementerio, del cementerio a Pedro’s, de Pedro’s al cementerio, del cementerio a Pedro’s, de Pedro’s al cementerio, del cementerio a Pedro’s… Cuando crees que ya les va a dar la pájara, son capaces de hacer 25 sprint en la cuesta de la Naval.

Bueno, me voy a sincerar… Me duelen la piel, las uñas, los pelos y músculos que no sabía ni que existían. La próxima vez que me apetezca mover el cuerpo, me conecto a las clases por Facebook de Javi, el chaval de Valentín y Marina Zamarreño. 

Voy a tirar 4 bragas al patio…

Día 9º. Hoy he ido de compras

Querido diario:

Hoy he tenido que salir a comprar. He estirado el confinamiento absoluto todo lo que he podido, pero ya ha sido necesario salir.

Después de cuatro días comiendo arroz blanco, tres saltándonos la merienda y uno de ayuno, a mi Paco ya se le notan las costillas. Mi hija la preadolescente ha perdido culo, al mediano le veo demacrado y a la pequeña, con un color pálido tirando a amarillo.

Ha sido impactante lo que he visto al salir a la calle. El vacío absoluto. Delante de mí ha pasado una de esas bolas rodantes del Lejano Oeste y, justo detrás, Jonh Wayne y los indios Toro Sentado, Ojo de Halcón y Pequeño Potro Salvaje.

Cuando me he recuperado del susto, me ha venido otro. ¡Jesús! ¡Eso sí son colas y no la del negro del WhatsApp! Con eso de que hay que mantener la distancia de seguridad y que la gente no calcula muy bien lo que es un metro, las filas se perdían en el horizonte.

La de la pollería llegaba hasta el Cristo, la del estanco saltaba la valla de Asador Ricardo, la de Kike daba dos vueltas al palacio, la de Pepa atravesaba Pedro’s y cogía dirección Mingorrubio y la cola de La Despensa finalizaba en Alcobendas. Las de las farmacias de Maripaz y Carlota se fusionaban en la calle Mira al río. Me he puesto en una para comprar aspirinas y he acabado en la otra desorientada totalmente.

¡Joder! ¡Otra vez se me han olvidado las bolsas! Espero que me regalen alguna de extranjis.

La primera parada la he hecho en el estanco. Ha sido cruzar la esquina y me he encontrado con ‘el Menda’.; creo que es el pequeño de los ‘Kikes’. Por lo menos lo era en los años 70. Luego llegaron 102 más.  Mi vecino Manolo me ha encargado que le comprara allí unos papelitos muy pequeños porque dice que se va a liar a hacer no sé qué. La verdad es que es muy manitas el hombre.

Cuando he llegado a la pollería Rueda y, después de esperar hora y media, me ha encantado escuchar la voz aguda y peculiar de Maripaz diciendo “¿Y qué mááááááááááááássssssss?”. Ha sido gloria bendita. He comprado siete pollos, 13 docenas de huevos, 22 contramuslos, 45 muslitos y 56 alitas.

Después, he tomado dirección Kike y, a la altura de la rotonda del palacio, donde finalizaba la segunda vuelta de la cola, he visto a mi vecino el del Atlético de Madrid. ¡Qué chispa tiene el jodío! ¡Y no va y me dice que esto es peor que cuando bajaron a los infiernos! Un poco más allá, estaba Santiago Galán picándole y diciéndole no sé qué de las Copas de Europa del Real Madrid. Menos mal que Luis, el del Barça, se encontraba en la garita de arriba, sino se lía una de cuidado. A Kike le he visto más alto que nunca. Le he comprado cuatro barras de pan normales, dos de leña, cinco de picos, tres espigas y una integral para los pajaritos. También, helados para cuando llegue el verano, que aún seguiremos confinados.

En la Plaza Rogelio Enríquez, he divisado de lejos a mi amiga Paqui. Me ha dicho a gritos que, ya que la cola de La Despensa pasaba por Montecarmelo, ha comprado allí pilas para su Satisfyer. Luego, me he pasado por la tienda de Pepa. Como su fila llegaba hasta Mingorrubio, le he comprado al tendedero de allí, Paco, un par de latas de atún, tres de mejillones y cinco de berberechos. Las latas nunca vienen mal en épocas de confinamiento. Pepa, encantadora como siempre, me ha dado las mejores pastas de chocolate que tiene en su tienda. 10 kilos y medio que me he traído para casa. ¡La mejor compra del día!

Exhausta, y bien entrada la tarde, he llegado a La Despensa. ¡Hay que ver qué mona está Belén siempre! ¡Hasta el uniforme de la tienda le queda bien! Agobiadísima he visto a la criatura. Por ahí estaban también ‘El cohete’ haciendo honor a su nombre y las dos chiquitinas que parecen Pili y Mili. Creía que el de la carnicería no estaba, pero corría de allá para acá entre el jamón y la mortadela. Al que no he visto ha sido a David. Debía de estar con el carrito repartiendo. ¡Ése si se está haciendo pasos estos días! He salido como una mula de allí. Menos mal que estaba mi vecina la coja y me ha dejado uno de los cinco carros que llevaba.

Ya, llegando a casa, he pasado por la puerta de la que fuera la pescadería de Esteban. ¡Qué buen pescado tenía ese hombre! ¡Qué lástima que cerrara! Y no fue el único de la calle Carboneros. Los comercios cayeron como moscas en los años 80 cuando abrió Continente y Pryca. La  tienda de Tomasa, la zapatería de Celia, la de alimentación de Isabel (de Mingorrubio), la casquería de Pilar… ¡Hay que comprar en los comercios de El Pardo, coño!

Me encantaba ir a la pescadería de Esteban con mi madre. ¡Qué arte tenía con el cucurucho cuando ponía cuarto y mitad de gambas! Y, ¡cómo limpiaba los lenguados! Las escamas volaban y eso parecía nieve. 

Cuando he entrado a mi hogar eran las 20h. de la tarde. Mi familia había llamado al teléfono de localización de desaparecidos. Una vez pasado el susto, he salido con mi Paco y las tres criaturas al balcón a aplaudir y me he metido enseguida en la cama. Mañana voy a amanecer con los brazos del Arnold Suissenaguer ése.

Voy a tirar 2 bragas al patio…

Día 10º. Hoy, día de confidencias

Querido diario:

Desde hace un par de días o 528 (he perdido la noción del tiempo), veo a mi hija preadolescente más atontada que nunca. Cuando le hablas, está en Marte, camino de Saturno. Cuando le pides algo, se encuentra en la galaxia Andrómeda. Y, si le digo que recoja su habitación, ya va por la carretera de La Coruña. La verdad es que la cría no da guerra, pero la noto triste y me da miedo que se fugue virtualmente a Leganés y no vuelva nunca. Y es que, con el tiempo, la he cogido cariño…

He decidido llamar a mi cuñada, la psicóloga, y me ha dicho que no me preocupe. Que, a su edad, se vive un proceso de cambios físicos, psicológicos y paranormales, o algo así. Vamos que mejor tenía que haber llamado a los hijos de Magdalena, los de Planeta Incógnito. ¡Qué encanto de mujer! Me acuerdo cuando cogía el autobús de las 7 de la mañana con su amiga Pili. Entraban las dos descojonadas de la risa. El resto de los pasajeros con cara de perro por el madrugón y las dos, con una alegría que parecía que les habían comunicado que podaban en El Pardo.  

Mi cuñada también me ha comentado que los preadolescentes agilipollados, como la mía, tienden a ser temperamentales, impulsivos y agresivos. Yo creo que lo que me ha querido decir es que huyamos todos. ¡¡Si no podemos saliiiiiiiiiir!!

Para más inri, parece ser que mi hija demanda más independencia y está en plena definición de su propia identidad. Yo espero que no, porque le hice el DNI el mes pasado y paso de papeleos otra vez. Eeehhhhh, ¿independencia? Independiente me voy a hacer yo cuando termine el confinamiento.  Voy a ser un nini de esos. Tengo que llamar a los de Memory House para que me digan si hay alguna casa en El Pardo de una habitación que se alquile por menos de 5.000€ al mes. Lo veo complicado. Achucharé un poco el precio y pediré que no me cobren las 34 fianzas que piden ahora.  

Hemos tenido que cortar la llamada porque mi cuñada debía atender otra que tenía en espera. Parece ser que era de algún pardeño que pensaba que se estaba volviendo loco porque veía Kikes por todas partes. De loco nada, vecino, eso es real como la vida misma.

Volviendo al problema de mi preadolescente atontada, yo creo que lo peor es que con el confinamiento los síntomas crecen y decrecen, sin seguir un patrón fijo. Algo así como los días de las fiestas, que empezamos con siete, continuamos con tres, vamos por los 18 y acabaremos con media hora. Lo justo para sacar a la Virgen del Rosario de procesión. 

A mí no me cabe duda de que los síntomas de la tontería de mi hija se multiplican por cuatro, luego se elevan a tres, después se dividen entre 0’005, a continuación, se hace una derivada y, finalmente, hay que aplicar la tabla del 9. Vamos, que la cría va a llegar a la máxima potencia.

Pepi, respira hondo.  

 

Yo, sinceramente, con una buena hostia la espabilaba. Pero voy a hacer lo que dice mi Paco. Diálogo, diálogo y diálogo. Aunque yo soy más de monólogos…

Me he armado de valor y me he plantado delante de la puerta de su habitación. He rezado tres padrenuestros, dos avemarías, el rosario y he llamado a don José María para que me diera la extremaunción. Después, he entrado y la he visto boca abajo vestida de negro. ¡Ay, Dios mío, que no se me haga gótica, que en El Pardo somos más del Neoclásico!

Aunque, al principio, no quería hablar conmigo sobre su estado de gilipollez permanente, poco a poco se ha ido abriendo. Primero de piernas, haciendo el spagat, y luego hablando.

He querido hacerme su amiga y casi mejor no haberlo hecho. Me ha contado que le gustan varias personas. Dos chicos de 4º de la ESO, tres de 2º de Bachillerato, uno de los hijos de Nuria Pérez, los tres de Sylvia Mira, la vecina del 3º y la madre de José que le está volviendo loca… No he querido saber más.

Una vez metidas en confesión, le he preguntado por sus inquietudes y desasosiegos. La atontada se creía que le hablaba del trasiego de gente que los domingos hay en el barrio. En un momento, ha puesto de vuelta y media a los domingueros.  Se ha venido arriba y ha empezado a gritar: «¡Dominguero, yo no te quiero! ¡Déjame la plaza donde yo aparcaba! ¡Vete a tu barrio y pasea por tu patio! ¡Dominguero, cabrón, al paredón! ¡Dominguero, mamón, pon el culo en tu sillón!». Al girarme, he visto en la pared un cartel que ponía #YoMeQuedoConTuCara. 

Antes de salir de su habitación, me ha hablado de lo primero que quiere hacer cuando salgamos del confinamiento. Un tatuaje en el brazo que ponga Covid-19. Al final, se ha llevado la hostia.

Voy a tirar 5 bragas al patio…

Día 11º. Hoy, día de juegos de mesa

Querido diario:

Hoy, por fin, hemos pasado la tarde en familia jugando a juegos de mesa. He tardado cuatro horas y poco más de 40 minutos en conseguir que todos se sentaran en la mesa grande del salón. La compramos hace 15 años y aún no la habíamos estrenado.

Primero, he ido a buscar a la preadolescente. Tenía los dedos gordos adheridos a la pantalla de su móvil. Al despegarlos, la cría se ha quedado sin huellas dactilares. Al mediano no le encontraba. He llegado a pensar que se había tirado por una ventana. Pero eso es imposible porque pusimos rejas cuando empezó a tener pensamientos suicidas. Tenía dos años y decía que no quería vivir más. 

Mi hija pequeña, la estática, estaba estudiando. Va tan adelantada en sus deberes del colegio que ha comenzado la carrera de Medicina. Esto del coronavirus la ha concienciado mucho. Yo ya la veo descubriendo la vacuna del Covid-21, el nieto del que tenemos ahora. Aunque mejor será que se venga al centro de salud de El Pardo y nos traiga un médico más simpático, un pediatra de lunes a viernes y un enfermero buenorro para las urgencias. Y ya, si cambia las camillas que hay de los años 70, sería la hostia.    

Con mi Paco me he enfadado porque, en vez de dar ejemplo y sentarse el primero, estaba preguntándole por teléfono a Danay cuándo abría El Charro. La chica debía estar ocupada con su bebé porque no le ha hecho ni puto caso. El chiquitín es de la generación de los coronielians. Les conoceremos por ser esos niños que nacieron a principios de 2020 y vieron la luz de la calle por primera vez al cumplir los 15.

He sacado un montón de juegos. El Parchís, La Oca, el Trivial, el Bingo, el Escatueriguis ése y el Monopoly. Éste lo he vuelto a guardar porque es mala época para invertir.

A la preadolescente atontada le ha faltado tiempo para sacar Virus. “Es el juego de moda”, ha dicho. ¡Qué hostia le daba!

Hemos empezado por el Parchís. Como el otro día jugamos a que la ficha roja era el PSOE; la azul, el PP; la verde, Vox y la amarilla, Coalición Canaria; hoy lo hemos personalizado aún más. Manolo, el presidente de mi comunidad, ha sido la ficha roja. Pedro, el vocal popular de Mingorrubio que es de la quinta de Fraga, la azul. Y Jarete, la verde. La ficha amarilla la hemos pintado de morado y la hemos llamado Camacho.

La roja iba ganando en varias ocasiones, pero hasta que la ficha morada no la ha dejado pasar para que se comiera a la azul, no ha finalizado la partida. A la verde le ha costado salir de casa, pero luego no ha hecho más que sacar cincos y ha quedado tercera.

El juego de La Oca ha resultado también muy entretenido. Lo hemos adaptado a los tiempos que corren. Cuando caíamos en la oca decíamos: “De oca a oca y el virus no me toca”. Cuando caíamos en el dado: “De dado a dado y tiro porque estoy confinado”. Y, en el puente, gritábamos: “De puente a puente y que salga a la calle el más valiente”. Lo hemos pasado tan bien que todos queríamos caer en la cárcel para no acabar la partida.     

La del Trivial nos ha durado poco. Mi hija pequeña, la estática, ha completado los quesitos en poco más de un minuto. Yo creo que se ha quedado con ganas de más, porque ha ido a la nevera a coger una cuña de García Baquero.

El bingo lo hemos dejado para el final. A mi Paco le encanta cantar las bolas. Había tantas en el bombo como Kikes hay en El Pardo. La cosa iba bien hasta que han salido los números que yo llamo ‘marranos’. Al cinco por el culo te la hinco, le han seguido siete, el ojete. Trece, agárramela que me crece. Cuatro, pon tu culo en mi aparato. Seis, me agacho y me la veis. Y, nueve, cógemelo que se mueve. Lo más suave que he oído hoy ha sido: 16 ya no me veis.

Hoy no he tirado bragas al patio porque no me quedan. Cuando he bajado a por las de los otros días, me he encontrado a mi vecina Mari montando un mercadillo de lencería. Parece ser que a la de la mirilla le ha dado por tirar tangas y a la del visillo, sujetadores. 

Día 12º. Pepi, ‘influencer’

Querido diario:

Si hay algo que quiero hacer en esta vida antes de morir, es ser influencer. O sea, una de esas chicas que no hacen nada y ganan un montón de dinero haciéndose fotos con el móvil y tirando besitos a la cámara.

Como una no sabe los años que le quedan, y menos en estos tiempos que corren, he decido ponerme a ello hoy.

Como mi hija, la preadolescente atontada, entiende mucho de este mundo, se lo he comentado. Ha puesto los ojos en blanco y me ha dicho que yo no doy el perfil. Pero yo creo que sí porque el cuello lo giro sin problemas. Ruth, la chica de ‘Despertando tus Sentidos‘, me lo deja como nuevo cuando viene a casa. ¡Qué manos tiene esta chica! Tan pronto te hace un batido de oreo como una pedicura. Para mí, es como mi psicóloga. Cuando me pone las pestañas postizas y me quita el bigote, me desahogo con ella y le cuento mis problemas con mi Paco. El día que suelte por esa boquita y mi marido la oiga, no voy a tener monte para correr. Tendré que volver a poner las puertas a la portillera y echar la llave.

Mi hija me ha asegurado que una mujer como yo; mayor tirando a vieja, con arrugas, bolsas debajo de los ojos, culo caído, mechas poco naturales y marido, hijos, furgoneta e hipoteca no tiene mucho que aportar al mundo de las influencers. Pero yo no estoy de acuerdo. Sólo hay que ver la cantidad de seguidores que tiene ésa de los siete hijos que salió en Gran Hermano. Verde oscuro, me parece que se llama.  

Me he puesto a navegar por Internet con mi ordenador Robocop y he encontrado un tutorial con una serie de requisitos para ser influencer: Haber terminado la ESO, tener ropa de marca, pesar menos de 45 kilos y no tener celulitis, estar presente en las redes sociales, no tener novio y saber hacer morritos.

He ido analizando cada punto, uno por uno:

Haber terminado la ESO. Aquí ya me he perdido. Yo fui a EGB y lo de la ESO no lo entiendo. Cuando mi hija mayor estaba a punto de terminar el colegio y yo tenía que rellenar la instancia del instituto, acabé matriculándola en la ‘European Southern Observatory’. Resulta que este sitio es un organismo europeo para la investigación astronómica. De ahí deben salir los satélites de El Pardo. A punto de despegar dirección a Alemania, que es donde está ese sitio, Fina me dijo que se diera la vuelta porque ya había arreglado los papeles para entrar en el instituto de Mingorrubio. Hombre, yo no la quería tan lejos, pero tampoco tan cerca…

Tener ropa de marca: De esto sí tengo. Todos los cursos mi hijo mediano pierde los jerseys del uniforme, los pantalones, calcetines, la faja y las enaguas. Es tan despistado que se pasa horas frente al espejo pensando que le suena su cara. Antes, me dejaba el sueldo en la tienda de Carmina porque no hacía más que comprar hilo para marcar su ropa. Al niño nunca le ha gustado porque, como tiene nombre compuesto, sus iniciales son ‘GILI’.

Pesar menos de 45 kilos y no tener celulitis: ¿Hay alguna mujer en el planeta que pese menos de 45 kilos? ¿Hay alguna agraciada en el mundo que tenga la piel suave y tersa en las zonas más problemáticas de nuestra anatomía femenina? Si la hay, debe ser un milagro del Cristo de El Pardo. Desde luego éste es uno de los requisitos más estrictos que exigen a las influencer. Ya he pedido cita en la consulta Equilybrio de Maripaz. Voy a ver si en una semana pierdo 25 kilos y me quedo hecha una cosita, como el hijo de Manolo. Ese chaval no tiene más que caprichos…

Estar presente en las redes sociales: Esta condición es imprescindible para toda influencer. He creado mi propio jgastaaaj siguiendo los consejos de mi hija. Ella me ha dicho que tengo que conseguir que mi nombre tenga una infección de algún virus. O sea, que sea viral. Soy #YoMeQuedoConPepi. Para ir dándolo a conocer, le voy a decir a Chimo Michi Bayo, el chico de Maritere (la de Salustiano), que lo ponga con luces de colores en su ventana todas las noches y lo encienda y apague a ritmo de chunda chunda. ¡Este chaval sí que sabe animar a los pardeños en tiempos difíciles! Voy a proponer a la Asociación Vecinal de El Pardo que actúe junto a ‘Francisco a los discos’ en las fiestas. ¡Buah!  Con este empujón vecinal voy a conseguir tantos seguidores que me van a nombrar pregonera. 

No tener un novio: Esto debe ser porque, si una influencer tiene una relación estable, pierde folladores. ¡Digo followers! Tengo una pronunciación malísima…

Saber hacer morritos: Complicado para mí porque tengo unos labios muy finos. Lo bueno es que soy alérgica al cacahuete y al minuto de comerme uno parece que tengo cuatro labios; dos de Angelina Jolie y dos de Sara Carbonero. Cuando vaya a hacerme la foto para mis seguidores, tendré que comerme media docena para que parezcan naturales.

Bien entrada la noche, con el sol escondido, las estrellas brillando, la luna en cuarto creciente, Júpiter al lado de Marte  y uno de los Kikes paseando al fondo, he valorado cada uno de los requisitos. He querido ser sincera conmigo misma y hablarlo con mi Paco. Al final, ha tenido que ser con la almohada de látex antipolillas porque ya se había dormido. He llegado a la conclusión de que lo de ser influencer no es lo mío. Mañana miro cómo es eso de ser youtuber, instagramer, tiktoker, jocker y cócker.

Voy a tirar 5 bragas al patio… 

Día 13º. Hoy, día de limpieza y desinfección

Querido diario:

Si hoy hubiera sido un día normal y no uno que parece de ciencia ficción, yo habría estado haciendo la Ruta de la Tapa que organizan las chicas de ElPardo.net. En una hora ya hubiera completado el tapaporte y tendría una cogorza de cuidado. Pero, como no ha podido ser, he hecho otra ruta: la de la limpieza por toda la casa.

Con el bicho éste ya no vale con limpiar el polvo por encima y pasar la aspiradora saltándose los rincones. Además, hay que desinfectar. Me he acordado de que mi hermana la mayor, que es la más limpia de la familia y está tan concienciada que se puso la mascarilla en 2008, nos ha enviado un montón de guías para desinfectar. Cómo desinfectar los azulejos de la cocina cuando son azules, cómo desinfectar la pared cuando es de gotelé, cómo desinfectar la cuna del bebé cuando usa pañales de la talla 3, cómo desinfectar un acuario cuando allí viven tres peces de colores, un cangrejo y un caballito de mar…

Como mi Paco y las tres fieras estaban repartidas por toda la casa, he hecho un plano con instrucciones para que se fueran moviendo según yo iba limpiando. He cogido uno de Metro para que les sirviera de guía y no se perdieran. A la parada de Sol la he llamado ‘salón’; a Callao, ‘baño’; a Moncloa, ‘habitación de las niñas’; a Príncipe Pío, ‘habitación del niño’; a Argüelles, ‘habitación de papás’; a Tribunal, ‘pasillo’; y a Plaza de España, ‘cocina’.  Así, los pobres salían un poco a la calle…

He abierto el armario de los productos de limpieza y eso parecía la casa de Mr. Proper. Tengo de todo. Lejía con olor a limón, a amapola y a clavel, amoníaco perfumado con Chanel Nº5, jabón lavavajillas para cuchillos de punta, quitamanchas para cacas de pájaro, desengrasante para armas… He encontrado hasta productos que mi madre compró en la droguería de Consuelo y Jose, la de la calle Mira el río. Caducaron en los años 80, pero estoy convencida de que estos son los mejores y que matan hasta a los virus que aún no se han inventado.

Con mi mascarilla hecha con un sujetador y los guantes de lana, he empezado a limpiar y desinfectar por la habitación de las niñas, y las he mandado a ‘Sol’. La preadolescente atontada me ha dicho que, de paso, podía quitar todos los personajes Disney que hay pegados en las paredes, porque ella ya ha madurado. ¡Qué hostia le daba! Como no podía ser de otro modo, la pequeña estática se ha negado y han empezado los gritos. Después de separarlas cuando se estaban arrancando los pelos de raíz, he tomado una decisión. “Ni pa ti ni pa mí. Se van fuera la mitad de los dibujos”, les he dicho. Así que, a Blancanieves la he quitado tres enanitos; a Cenicienta, un hada madrina; a la Bella Durmiente, la cama; y a Rapunzel la he cortado la coleta y la he dejado media melena.

Cuando he acabado allí, he ido a la habitación del mediano, que ya se había ido a ‘Tribunal’. ¡Qué miedo me da esta alcoba! De ahí puede aparecer cualquier cosa. Y así ha sido. Al levantar la alfombra han salido corriendo un tiranosaurus rex y un caimán. Desinfectando el escritorio han aparecido 74 envoltorios de magdalenas llenos de moho. Si a este niño no le ha matado eso, ya no lo hará el coronavirus…

Como llevo 15 años guardando cosas debajo de mi cama, mi habitación ha sido la que más tiempo me ha llevado. He tardado una eternidad en sacarlo todo para desinfectar a conciencia. Mi Paco me ha ayudado a levantar el somier. Ahí estaban la bici que le regalaron Zambo, Raúl y Chiki y que nunca estrenó,  y una aspiradora 4×4 que mi abuela compró en la ferretería que estaba donde Bankia. También, tenía almacenado el calzado de la temporada primavera-verano 2003 , mi vestido de novia y el de cristianar de los niños, entre otras cosas. Cuando creía que ya había sacado todo, ha salido de debajo de la cama uno de los Kikes…

He continuado por el pasillo y les he dicho a todos que no fueran a ‘Argüelles’ dirección ‘Tribunal’, para no pisar lo fregado. He pasado la mopa con tanta fuerza que he acabado atravesando el parquet y reventando una cañería. Menos mal que los de Gavarrén estaban de guardia y ha venido Santi Galán rápido. Parecía que le había dado una patada en el culo su hermano Javi, el del Récord Guinness.

Solucionado el desastre y con la familia en ‘Callao’, he limpiado y desinfectado la cocina. ¡Jesús! ¡Toda la vida pensando que era amarilla y es blanca nuclear! Cuando ha entrado mi Paco a por una cerveza le han deslumbrado los azulejos.

¡Qué agotamiento! Menos mal que sólo me quedaba el baño. He echado tanto desinfectante al inodoro y a la bañera, que los he desintegrado. Bueno, así aprovecho para poner una ducha, que llevaba mucho tiempo diciéndoselo a mi Paco. Mansilla me ha dicho que el lunes se pasa.

Voy a tirar siete bragas al patio.

Día 14º. Planificando las vacaciones

Querido diario:

Hoy es domingo y ha hecho un día buenísimo para hacer turismo. Pero, como seguimos confinados, me he apuntado a la iniciativa #VisitaElPardoDesdeCasa que han puesto en marcha las chicas de ElPardo.net en las redes sociales. Luego, me ha dado por pensar en las vacaciones.

Desde que mi Paco y yo formamos nuestra bonita y extraña familia, no hay verano que no nos hayamos ido todos juntos de vacaciones. Cada mes de septiembre, cogemos una hucha de cerdito y la vamos llenando de monedas de dos euros, hasta julio. El momento en el que la estampamos contra la pared, para saber lo que hemos ahorrado, es indescriptible y mágico. Algo así como cuando un pardeño ve podar los árboles de su calle.

Los ahorros no suelen ser los esperados, pero siempre nos ha dado para salir y desconectar del trabajo y de nuestra rutina. Cada año, vamos un poco más lejos. El primero visitamos Mingorrubio, el segundo, el Palacio de La Quinta y el tercer año fuimos al mirador de Valpalomero. A partir del cuarto tiramos la casa por la ventana. Conocimos Alcobendas y, un año después, fuimos hacia el norte y llegamos a Tres Cantos. En 2018, viajamos a Perales de Tajuña y aprovechamos para pasar por Chinchón.  Y el año pasado recorrimos todo Colmenar Viejo. Y, ¡mira qué casualidad! Vimos en una terraza a uno de los Kikes; el de la pescadería Juan y Marcelo.

El caso es que hoy me he dicho: “Pepi, vamos a estar confinados mucho tiempo y tu Paco y los críos se merecen unas vacaciones cuando esto termine”. Así que, me he propuesto prepararles el mejor viaje de sus vidas. Al principio, iba a planificar uno en familia, pero luego me he dado cuenta de que, cuando salgamos de aquí, los niños serán treinteañeros y querrán viajar solos…

Libreta en mano, he preguntado sus preferencias a cada uno de ellos.

He empezado por la pequeña. Como la pobre es muy estática, siempre se me olvida que vive con nosotros. Estaba en su habitación diseñando un nuevo reactor nuclear. Por muy inteligente que sea, no deja de ser una niña y ella lo que quiere es ir a una granja escuela de vacaciones. Yo le he dicho que no hay que irse fuera de El Pardo porque aquí tenemos nuestra propia granja. Aquí vive el pollo, el rana, el tordo, el trucha, el barbo, el comadreja, el vaquilla, el mono, el palomo… Se ha puesto muy contenta y me ha dicho que quiere conocerlos. En cuanto salgamos del confinamiento me la llevo a la plaza que suelen estar por ahí.

El mediano me ha comentado que quiere ir a China. Al principio, pensaba que me estaba vacilando y casi se gana una torta. Luego me ha explicado que quiere ir para aprender su idioma, porque le abrirá las puertas de su futuro profesional. Le he hecho ver que es un viaje muy caro y que siempre podemos esperar a que salgan los chinos de su escondite para que le den clases particulares. Y mira qué bien. No hace falta irse a Madrid a ninguna academia, podemos tirar de los de la tienda de la plaza. Además, si las clases se las da el abuelo (Kung Fu creo que se llama) serán más productivas porque el hombre no sabe ni papa de español.  

Con mi libreta llena de anotaciones, le he preguntado a la preadolescente. La atontada quiere dar la vuelta al mundo. La verdad es que me ha sorprendido que esté interesada en conocer otros idiomas, culturas y costumbres, y le he preguntado el porqué de su decisión. Me ha contestado: “Yo quiero dar la vuelta al mundo como el coronavirus”. ¡Qué hostia le daba!

Conozco a mi Paco como si le hubiera parido y sabía lo que me iba a decir. Él quiere irse de crucero. Me ha propuesto irnos los dos solos y me ha parecido un gesto muy bonito. Pero luego ha dicho: “Y mejor si está infectado, así la estancia se prolongará hasta tiempo indefinido”.

Creo que, de momento, me voy a tener que conformar con conocer otros países leyendo la sección ‘Pardeños por el mundo’ que publica ElPardo.net. Es curioso, estos chavales dicen que lo que más echan de menos de El Pardo son los bares. Las madres, no. Los bares. Pues que no regresen todavía…

Necesito airearme. Voy a tirar dos bragas al patio…

Día 15º. Día de olimpiadas

Querido diario:

No es que mi Paco sea muy deportista, pero una de las cosas que más le ha gustado de siempre es echarse sus partidos de futbito con su equipo ‘Bayern de los caídos’. Todos los jueves a las 9 de la noche quedaba con sus amigos en las pistas y, después, iban a lo que ellos llaman su ‘Triángulo de las Bermudas’. O sea, desaparecían entre La Montaña, La Pepenúltima y El Gamo.

Yo no me muevo mucho. Soy más de ir a la plaza a sentarme con mis amigas. Nosotras somos algo así como Marga, Rosi y Marisa, pero en chungas.

Hoy mi Paco me ha dicho que echa de menos hacer deporte. Y, aunque yo sé que lo que realmente añora son las cañas de después, me he propuesto quitarle el mono y montarle unas olimpiadas en casa.

He tenido que consultar en Internet qué deportes existen y, después, adaptarlos a las cuatro paredes de los 60 metros cuadrados de mi hogar. Mientras me informaba, y para darle más realismo a todo, les he dicho a los críos que cogieran una naranja y la vistieran de Naranjito. La preadolescente atontada le ha puesto pestañas postizas, el mediano le ha pegado con mocos una pelota de ping pong y la pequeña estática le ha vestido con la ropa de las Barriguitas. La verdad es que ha quedado clavadito.  

Hemos empezado a jugar al lanzamiento de jabalina. Desde la ventana de la cocina, y de mayor a menor, íbamos clavando los cuchillos de punta en las sandías del huerto de Ignacio ‘El Rubio’. Le ha faltado poco a su hija Prado para presentarse allí, hacer fotos de los desperfectos y mandárselas al ayuntamiento.

Ha subido al podio el mediano. Desde que le regalé el tirachinas para dar a los gatos, ha mejorado mucho su puntería.

Luego hemos jugado al pádel en el salón. He empotrado el sofá contra la pared, he dado la vuelta a las fotos, he colocado la mesa grande boca abajo y he puesto Teledeporte en la televisión para que hubiera aplausos de fondo y crear ambiente.

Como ninguno conocemos las reglas de este deporte, he llamado a Javi Machuca. Parece ser que el chaval de Paqui controla mucho de esto. Primero me ha dicho que se juega con palas, así que he cogido las de la playa y, como nos faltaba una, también el rastrillo. De las directrices que me ha dado, sólo me he enterado de que se podía dar a las paredes y a los cristales, así que, me he quedado sin cuadros y se han hecho añicos las puertas que dan al balcón.

A mi hija la estática le ha dado un tirón nada más empezar el primer ser. Por lo que hemos sido los justos para hacer dos equipos. La preadolescente atontada ha ido con su padre y el mediano, conmigo. Por supuesto, ha ganado mi equipo porque no he perdido mi revés de cuando jugaba al frontenis en el Cristo.

La siguiente prueba deportiva ha sido salto de vallas. He cogido las lamas del somier de la cama de la pequeña y, para no poner clavos, las he pegado con chicle de una pared a otra en el pasillo. Han aguantado lo justito para una vuelta clasificatoria. Me ha sorprendido que ganara mi hija la preadolescente porque le pesa mucho el culo. A la pequeña estática la hemos descalificado porque pasaba por debajo y, encima, de pie.

La verdad es que ha sido la prueba más accidentada. Mi Paco se ha clavado una astilla en la espinilla y, de los gritos, parecía que le habían dado un hachazo. Se ha presentado la policía y todo. El mediano se ha dejado tres dientes, dos colmillos y una muela en la segunda valla. Aquí tengo un problema porque no sé si el confinamiento afecta también al Ratoncito Pérez. No sé si es un trabajador de actividades no esenciales. Voy a llamar a la odontóloga de El Pardo, Almudena Plaza, para que me lo aclare y, de paso, le atienda de urgencia en su clínica dental.   

Desde que mi cocina es blanca nuclear, tengo más ganas de estar allí. Así que, he organizado entre la nevera y el horno un campeonato de curling. Este deporte sí le entiendo porque se utiliza algo parecido a una mopa y una olla exprés. He encerado el suelo y parecíamos verdaderos profesionales. Mi Paco ha quedado primero. ¡Quién me iba a decir a mí que sabía manejar tan bien la mopa!

En la habitación de las niñas me he montado el polideportivo que todo pardeño sueña tener. Tenía público y todo. Hemos colocado los peluches de las crías, a uno de los Kikes y a mis muñecas encima de la cama y en las estanterías. Luego, a las que lloran escandalosamente les he quitado los chupetes y eso parecían gritos de aficionados histéricos desde las gradas. Voy a hablar con el Porris para ver si me los puedo llevar al campo de Mingorrubio cuando los chicos de la A.D. El Pardo, por fin, vuelvan a casa.

Después de ver un tutorial sobre cómo hacer una red de pesca, he cosido una que me ha servido para varios deportes. Como nos dolía todo, hemos optado por sentarnos en el banquillo. Barbie y Nancy han jugado el partido de bádminton y en el de voleibol  se han enfrentado los Pinypon a los Playmobil.

Voy a hacer un pedido de bragas a Amazon.

Día 16º. La reconquista de los animales

Querido diario:

Esta mañana he tenido que ir a comprar a la farmacia la medicación de mis padres y las pastillas que me ayudan a desatascar. Siempre he oído que la naturaleza sigue su curso, y que su fauna y flora pasarán por encima del ser humano y sus actos.  Pues lo he comprobado con mis propios ojos; el Monte de El Pardo ha aprovechado el confinamiento para empezar ya… 

Ha sido cruzar la puerta de mi casa y creer que estaba en O’Xardín. Las plantas del río han entrado al portal por las grietas, y las paredes estaban cubiertas de enredaderas y plantas trepadoras. Ahora tenemos un invernadero desde la casa de la de la mirilla hasta la de Manolo. Del bajo al primero han crecido margaritas; del primero al segundo, tulipanes, y en el tercero hay una plantación de marihuana.

Recuperada del susto de la invasión floral, he tenido otro nada más salir a la calle. En la puerta del portal, un jabalí se ha acercado a mí y me ha pedido espaguetis. Le he preguntado si se había perdido y me ha dicho que no, que vive enfrente, cruzando el río. Ha comentado que había salido a dar una vuelta porque estaba todo muy tranquilo.

Un par de metros más adelante, estaban los gatos que llevan viviendo en mi acera desde 1995. Iban paseando tranquilamente por la carretera cantando ‘¡Quien no pite no pasa. Quien no pite no pasa!. De lejos, he visto bajando por la cuesta del Cristo tres cabras y cuatro ovejas. Seguro que venían de El Torreón. Menos mal que no hay procesión porque estaban poniendo todo perdidito de cagarrutas. Se me ha ocurrido cantar ‘La cabra, la cabra, la puta de la cabra, la madre que la parió…’ y una ha venido directa a mí para embestirme.

Ver los ciervos en la plaza  no me ha extrañado tanto, porque estamos casi en abril y es cuando las crías se independizan y empiezan a explorar. Uno me ha preguntado si había visto a su mamá, pero enseguida se ha puesto a jugar con un conejo y se le han pasado las penas.

Ya casi llegando, he visto en el pino un oso pardo.  Me he acercado para asegurarme, porque yo sé que antes vivían por los alrededores y luego desaparecieron. He llamado a Rolan, el guarda, y me ha dicho que es probable que estuviera escondido entre La Angorrilla y la Torre de la Parada.  Le he ido a hacer una foto y el flash  le ha puesto nervioso. Menos mal que soy buena en salto de altura y he brincado hasta la tapia del palacio

Cuando he llegado a la farmacia había un zorro comprando paracetamol, dos tejones pidiendo ibuprofeno, una gineta probando un jarabe de limón y uno de los Kikes esperando su pedido de aspirinas. Al salir, casi piso a mamá pato y a sus patitos, que iban en fila junto al cisne. Me han dicho : «Dame un poco de pan compañero, que echo de menos al dominguero». Me parece a mí que estos son los únicos que quieren verles otra vez por aquí…

Para ir a casa he tenido que dar un rodeo porque los perros de la ‘perripandi’ habían convocado una manifestación, y tenían ocupada toda la calle. Parece ser que se les está explotando y quieren tener sus propios derechos. Tenían un cartel que decía #YoMeQuedoEnCasa #YaHeCagado. 

Una de las cosas que más me ha llamado la atención han sido las guarras de las palomas. Ni se han inmutado cuando he pasado por su lado, y mira que las he chillado, las he escupido y las he pisado la cabeza. Nada. Yo creo que se han olvidado de los humanos.

En el patio la cosa no ha sido diferente. Cuando hemos salido a las 20h. a aplaudir, se han asomado todo chulos el loro de la de enfrente, el hurón de la del primero y los hámsters del crío de la vecina del visillo. Después, se han ido a la calle, se han juntado con el jabalí, las cabras, el oso pardo, los gatos, los patos y el ciervo y han empezado a gritar:

«Pardeño, cabrón, somos un montón.

Estamos muy tranquilos desde que tenéis el virus.

Quedaros en casa y nosotros saldremos en masa.

Cuando os dejen salir, seguiremos aquí.

Conquistaremos el mundo entero,  cuando salgáis del agujero».

Voy a tirar dos bragas al patio, pero me subo rapidito…

Día 17º. Videoconferencia con el jefe

Querido diario:

Hoy he tenido una videoconferencia de trabajo. Como todos los días, me he instalado en la cocina con mi ordenador Robocop. Para que mi jefe no se diera cuenta de que estaba haciendo el cocido y los filetes empanados, he creado ambiente de despacho. El cuadro del salón lo he puesto en la puerta de la nevera, la pizarra de la pequeña, delante de la lavadora y el microondas lo he camuflado con la foto de familia feliz. Además, he vaciado el armario de los platos y he colocado allí los cuadernos de mis hijos y las carpetas y archivadores de los recibos del agua, la luz y el gas. Mi cocina parecía la gestoría de Juan Gallardo.

Para que mi Paco y las tres fieras no me molestaran, me he traído de la calle Soldado la señal de prohibido el paso y la he puesto en la puerta. Antes, les he dado una clase rápida de seguridad vial.

La reunión la hemos hecho por Skype. Mejor, porque ya estoy familiarizada con esta herramienta desde que hice botellón on line con mis amigas. El fallo ha sido que no me he acordado de quitar mi foto de perfil y mi jefe me ha visto durante toda la sesión sacándole el dedo corazón… O sea, mandándole a tomar por culo.

Hoy, por fin, he cambiado de look. Me he quitado la parte de arriba del pijama y me he puesto la chaqueta de los domingos, también dos pulseras y los pendientes de aro. Cuando mi Paco me ha visto en el pasillo no me ha reconocido. Mi hija, la preadolescente atontada, me ha preguntado si me iba a una fiesta de disfraces. ¡Qué hostia le daba!  

No sé a qué botón habré dado nada más comenzar la videoconferencia, que se han unido al grupo de trabajo mi amiga Paqui, la profesora de matemáticas del mediano, un hombre de Hong Kong y uno de los Kikes.

Paqui y el de los Kikes han charlado un rato y han quedado para cuando termine el confinamiento, y yo he aprovechado para enviarle los deberes a la maestra y preguntarle un par de dudas. El hongkonés ha cortado la conexión diciendo que le íbamos a infectar su ordenador con un virus…

Durante la videoconferencia, mi jefe ha estado más simpático que nunca. Me ha preguntado por mi Paco y los críos y, después, me ha dicho que me mandaba al Jerte o algo así. Yo creo que hay una promoción para visitar este precioso valle porque, últimamente, se escucha mucho en televisión.

Cuando pensaba que estaba yendo todo a la perfección, se ha presentado mi Paco en la cocina-despacho pidiendo una cerveza y no se le ha ocurrido otra cosa que hacer un calvo a la webcam. Menos mal que mi jefe es miope y se creía que era el gato.

Me ha preguntado por los archivos que tenía que haberle entregado la semana pasada. Entre tanto trajín en casa, ni me había acordado de mandárselos. Me he puesto tan nerviosa que le he enviado el trabajo de arte de la pequeña, los ejercicios de biología de la mayor y la lista de la compra. Me ha dicho que no había apuntado el papel higiénico.

Estaba tan concentrada con la reunión que se me han chamuscado los filetes. Me he dado cuenta cuando mi jefe me ha dicho que olía a quemado.

Antes de cortar la conexión ha querido saludar a mi familia. Les ha faltado tiempo a todos para plantarse delante del ordenador a cotillear. Este señor es tan educado que ha hablado, largo y tendido, con cada uno de ellos. Con mi Paco ha comentado el último partido que se jugó de liga; con la preadolescente atontada, la última publicación de la influencer de moda; con el mediano se ha echado una partida al Fornite y a la pequeña estática le ha ayudado a hacer derivadas parciales.

Yo, mientras, he ido a tirar cuatro bragas al patio…

Día 18º. Día de papeleo

Querido diario:

Hoy me ha recordado mi jefe que no tengo que trabajar porque me voy al Jerte, así que he aprovechado para hacer la declaración de la renta. Ayer vi en la tele que había empezado el plazo para presentarla, así que he llamado a mi cuñado, el economista, para que me ayudara.

Los de Hacienda están hablando todo el tiempo de 2019. No se han debido de enterar de que, aunque estemos confinados, la vida sigue y, a lo tonto, a lo tonto, nos hemos plantado en abril de 2020.

Mi cuñado me ha dado unas pautas para poder hacer yo sola la declaración de la renta. Si lo consigo, prometo subirme la cuesta del Cristo de un tirón y bajarla de espaldas.

Lo primero que me ha preguntado es si tengo el borrador. Le he dicho que sí, junto a los lápices. La verdad es que no sé para qué me lo ha pedido porque hoy en día apenas se utiliza el lápiz, y menos para estas cosas tan importantes. Luego me ha indicado que buscara la web de hacienda y, después de entrar en varias de cultivo de café y caña de azúcar de México, por fin, he dado con una española.

Me ha aconsejado que, antes de empezar, hiciera un simulador y utilizara los comandos. Ha habido un momento en el que creía estar recibiendo indicaciones de alguien de la NASA. Después, he tenido que ir otra vez a la estantería donde tengo el borrador y los lápices, porque mi cuñado me ha pedido que abriera las carpetas, rellenara las casillas y utilizara la lupa.

A continuación, me ha preguntado si la quería hacer individual o conjunta. ¡Qué preguntas tiene este hombre! Todo el mundo sabe que yo con mi Paco voy a todas partes, y más ahora que estamos atrapados en casa.

Lo de la hipoteca y el número de mi casa me ha dejado loca. Resulta que no vivo en la calle San Masueto, sino en una especie de código cuenta cliente: 8726e176js98wej2684443wer743. La casilla de la segunda vivienda la he dejado en blanco porque yo vivo en un primero.

Cuando ya había rellenado y leído las 451 hojas de la declaración de la renta, mi cuñado me ha aconsejado que comprobara los datos personales de todos los miembros de la familia. Sólo faltaba el periquito y uno de los Kikes. Me he inventado sus fechas de nacimiento. Espero que no me cobre hacienda por eso.

Antes de terminar, el economista me ha preguntado si salía a devolver. La verdad es que me estaba poniendo mala entre tanta letra y tanto número, pero no me ha dado por vomitar. Yo creo lo he hecho todo bien porque me ha salido positiva. Ponía +789. ¡Ya tengo para comprar bragas!

Sinceramente, no me ha parecido tan complicado este trámite y he llegado a cogerle gusto a esto del papeleo. Así que, me he puesto a arreglar los papeles de la jubilación de mi Paco. Aún le quedan 25 años para jubilarse, pero quizá los necesite cuando salgamos de aquí…

A mis hijos les he hecho un seguro de decesos. Me ha salido tan bien de precio con el descuento de familia numerosa que yo me he hecho uno de pechos y otro de culo. Por otro lado, he pedido un par de préstamos y he solicitado tres subvenciones, cuatro becas y la vida laboral. También, he iniciado los trámites para comprar una autocaravana y una moto acuática.  

Voy a salir al balcón a aplaudir y a tirar seis bragas al patio.

Día 19º. Al abuelo se le ha ido la pinza

Querido diario:

Hoy me ha llamado mi madre toda histérica. La última vez que lo hizo en ese estado fue porque Jesús Alfredo Luis y Rosa Linda Flor (los protagonistas de una de las 15 novelas que ve) habían sido secuestrados por la tía abuela de él y la prima segunda de ella.

No he dado importancia a sus gritos hasta que he oído las palabras ‘tu padre’, ‘divorcio’, ‘le mato’. Después de decirle que se pusiera una bolsa de plástico en la cara y respirara, se ha tranquilizado y me ha contado lo que sucedía. Parece ser que a mi padre se le está yendo la pinza y, cada día de confinamiento, la lía con alguna ocurrencia.

Al principio, por las mañanas, el hombre estaba entretenido enviando WhatsApp a su pandilla de la plaza; a Justo el practicante, Rafa Pineda, Victoriano… Por las tardes, seguía tranquilo porque estaba enganchado a cinco telenovelas y, por las noches, se quedaba un rato en el balcón mirando a los gatos después de aplaudir.

Hace unos días, sus amigos le bloquearon en el móvil y las telenovelas dejaron de interesarle, porque se perdía entre amantes, maridos, madrastras y criadas que eran hijas secretas de las ricas. Eso debió provocar el principio del fin.

Mi padre, que es muy enreda, encontró rápido otra distracción. Se hizo youtuber y consiguió 4.567.000 seguidores imitando a Nino Bravo y a Rapahel. Cuando se quedó afónico, se puso a jugar a la petanca en el balcón y, en poco tiempo, organizó un campeonato nacional on line. Ha entrado en la fase clasificatoria con un hombre de Burgos y otro de Sevilla.

Entre partida y partida de petanca, está jugando al golf con las bolas que, a lo largo de los años, ha ido recogiendo en los paseos que se daba dirección a Somontes. Entre golpe y golpe, el hombre ha llenado la fuente de la plaza y eso parece un parque de bolas.

La verdad es que mi padre ha sido muy deportista. Él era algo así como el Josele de los años 70. Siempre estaba corriendo. Por eso, cuando mi madre me ha comentado que en el pasillo de casa se hace los 100 metros todas las mañanas, no me ha extrañado. Lo que sí me ha mosqueado es que lo haga con tacones.

Yo creo que la cosa no es tan preocupante. Al fin y al cabo, lo que hace el hombre es pasar el tiempo del confinamiento lo mejor que puede. Pero mi madre insiste en que lo es, porque se ha pasado a los deportes extremos.

Por lo que me dice, está practicando parkour en las barandillas de la Casa Infantes y ha atado, al balcón de la vecina, un cable del teléfono de los que hay en la fachada para hacerse una tirolina. También, ha cogido el de fibra óptica para practicar puenting y un trozo de mantel para tirarse con un parapente. Yo le he dicho a mi madre que no hay peligro mientras no se haga selfies al mismo tiempo que cae al vacío.

Una vez que la he calmado, la he aconsejado que le ponga tareas dentro de casa. Y parece ser que eso ya lo hizo hace un par de semanas. Ahora tiene en la cocina 52 estanterías para colocar tuppers, 25 para los tarros de las especias, 15 para la vajilla bonita y nueve para la de diario. También, le puso siete baldas para poner el microondas; una para cada día de la semana. Mientras no queme la cocina como el Perea…

En mi habitación y la de mis hermanas, parece ser que ha desmontado las literas y se ha hecho un ring de boxeo. Siempre ha sido muy aficionado a este deporte y cuando organizaban campeonatos en las fiestas de El Pardo, él era el primero de la fila, junto a uno de los Kikes.

Al baño le ha hecho una pequeña reforma. Ha montado una piscina climatizada y ha arrancado el váter para ponerlo en suspensión y dar un toque más moderno. También, le ha instalado un chorrito de agua para limpiar el chichi. Para rematar, ha levantado un muro de pavés que lo separa del bidé.

Mi madre tiene un mosqueo de cuidado porque no le gusta que le toquen sus cosas. Antes de colgar, me ha dicho que tiene muchas ganas de perderle de vista, darle una hostia e irse al centro cultural a jugar al bingo con su amiga Fide.

Voy a tirar tres bragas al patio…

Día 20º. Practicando yoga

Querido diario:

Llevamos ya 20 días confinados. Hoy es 4 de abril de 2020 y parece que estamos a 45 de mayo de 2056. Si el tiempo pasaba lento al principio, ahora pasa en sucesiones de ‘lento, muy lento, súper lento, mega lento, me paro’. Y, otra vez, ‘lento, muy lento, súper lento, mega lento, me paro’.

A pesar de ello, yo sigo con fuerzas para que el ánimo no decaiga. Además, han comenzado las vacaciones de Semana Santa y, aunque este año el destino estrella es #Miputacasa, vamos a aprovechar la estancia a tope.

Para ello, esta mañana he buscado una actividad que nos viniera bien a todos y pudiéramos hacer en familia. Algo que viene siendo habitual y lo seguirá siendo hasta que me tire por el balcón.

Después de navegar y navegar por Internet (he estado tanto tiempo que casi me ahogo), he encontrado la actividad perfecta. ¡El yoga!

Esta práctica tiene como objetivo la búsqueda del equilibrio entre la mente, el cuerpo y el alma. Es cojonuda, por tanto, porque a estas alturas del confinamiento sólo hay mentes desequilibradas, cuerpos que salen rodando y almas perdidas.

Lo mejor es que parece que es una actividad que han personalizado para cada uno de los miembros de mi familia. Resulta que el yoga ayuda a reducir el estrés, la ansiedad y la pérdida de peso. ¡Es perfecto para mí! Por otro lado, no es un deporte, pero sirve como ejercicio. ¡Ideal para mi Paco! También, es una herramienta muy efectiva para apaciguar mentes perturbadas. ¡Muy idóneo para mi preadolescente atontada! Ayuda a alejar la depresión, algo que le viene muy bien al suicida del mediano. Y, finalmente, el yoga mejora la postura y la flexibilidad, que ni pintado para mi hija pequeña, la estática.

Pero, lo que, de verdad, de verdad, me ha convencido para que todos nos adentremos en el maravilloso mundo del yoga es que fortalece el sistema inmunológico. Vamos que, si lo practicamos un ratito todos los días, vamos a ser mascarillas andantes.

Como no podemos ir a Pedro’s, que hubiera sido el lugar ideal para practicar yoga con sus plantas, hormigas, orugas y pajaritos, he ambientado el salón. He colocado un arbusto que he arrancado del patio y unas zarzas del río. También, he abierto la ventana para que entrara la rama del árbol que no podan desde 1966 y he cogido un par de rosas del balcón de mi vecina Mari. Para el ambiente sonoro, he soltado el periquito de la jaula y he puesto la canción ‘Dame veneno que quiero morir’, de Los Chunguitos.

Hemos empezado por una clase para principiantes.

Primero, hemos aprendido a respirar. (Se ve que lo hemos estado haciendo mal toda la vida y no hemos muerto asfixiados de milagro). Parecía que esta fase iba a ser sencilla, pero nos ha costado un poquito. La piel de mi Paco se ha vuelto azul, la del mediano, morada, y la de las niñas, magenta oscuro. A mí se me han salido los ojos. 

Cuando nos hemos recuperado, después de hacernos el boca a boca unos con otros, hemos comenzado con las posturas. La que más le ha gustado a mi hija, la estática, es la de la silla; al mediano, la del guerrero; a la preadolescente atontada, la del Kike, y a mi Paco y a mí, la del perro boca abajo.

Nos hemos ido turnando la esterilla de la playa y hemos empezado con el ‘postureo’ de mayor a menor. Como la postura del perro boca abajo se puede hacer en parejas, la he hecho junto a mi marido. En el primer intento, nos hemos enredado. En el segundo, hemos aguantado en equilibrio cuatro segundos y 33 milésimas. No lo hemos repetido más porque mi Paco me ha aplastado dos costillas y a él le ha dado un tirón en la ingle. La pequeña ha durado menos, tres segundos. Nada más flexionar las rodillas, se le ha salido una rótula. En la otra tiene una luxación. Al mediano le tengo en la cama con una fractura de coxis. La preadolescente me ha sorprendido gratamente. Se le ha dado tan bien que ha pasado al nivel 2. ¡Ya puedo decir que tengo una hija yonqui, digo yogui!  

En 2045, cuando nos recuperemos, probaremos con el pilates. Hasta entonces, seguiré tirando bragas al patio.

Día 21º. Domingo de Ramos

Querido diario:

Hoy es Domingo de Ramos y el hecho de estar confinados no ha impedido que lo celebremos. Este día ha sido importante para mí desde que tengo uso de razón. Recuerdo cuando nos llevaban mis padres, a mí y a mis hermanas, a la iglesia de El Pardo para que don José y don Crescencio bendijeran los ramos que mi padre había robado de alguna ventana. Luego, íbamos de procesión hasta el final de Pedro’s y volvíamos. Me acuerdo que se me hacía eterna y hacía trampa. Cuando llegaba a la puerta que está a la altura del colegio me metía y salía por la del Regimiento. Mis padres no se enteraban de mi desaparición porque estaban concentrados en sus rezos. Mi madre rezaba por tener el vestido caro de la de delante y mi padre, por ir pronto al bar.

De vuelta a la iglesia, escuchábamos la misa. Nunca podíamos cruzar más allá de la puerta y mucho menos sentarnos, porque los Kikes ocupaban todos los bancos. Y eso que en aquellos años no habían llegado al centenar…

Terminada la eucaristía, íbamos en familia al aperitivo. Este momento me encantaba porque podía chulear de la ropa que había estrenado. Mi madre llevaba muy a rajatabla eso de ‘Domingo de Ramos, quien no estrena no tiene manos’. Mis hermanas y yo parecíamos Dorothy, la niña del Mago de Oz, pero cada una de un color.

Desde que me casé con mi Paco, no ha habido año que no hayamos celebrado este día. Y hoy no iba a ser menos.

Como no teníamos ramos, nos los hemos fabricado nosotros mismos. Le he pedido a mi hija, la preadolescente atontada, que buscara un tutorial y ha encontrado uno en Twitter con el jgastaaaj #YoMeQuedoEnLaParra. ¡A la parra la mandaba yo de una hostia!

Al final, hemos encontrado uno que hubiera sido muy sencillo de seguir, si la asignatura de plástica la hubiera aprobado en 5º de EGB. Nunca he sabido distinguir el papel charol de la cartulina, ni el celo de esparadrapo.

Con un poco de ayuda del mediano, un folio, lápiz y tijeras, me he hecho la palma que todo feligrés querría tener. Mientras esperaban a que terminara, mi Paco ha hecho un collage, la mayor ha pintado un cuadro al óleo y la pequeña estática ha diseñado una maqueta de barco.

Antes de la bendición de los ramos, nos hemos vestido de domingo. Como no hemos podido estrenar, he hecho unos apaños al vestuario. A mi Paco le he hecho un par de remiendos en su traje de las bodas, a la preadolescente le he estirado la minifalda hasta los tobillos, al mediano le he puesto la pajarita de su disfraz de Mickey Mouse y a la pequeña le he arrancado las mangas del vestido del año pasado. Yo he estrenado las bragas que compré el otro día por Amazon.

Una vez arreglados, he sintonizado Radio María para que nos bendijeran los ramos. Luego, nos hemos ido de procesión del pasillo a la cocina, de la cocina al salón, del salón a mi habitación, de mi habitación a la de las niñas, y de allí a la habitación del niño.

La misa del Domingo de Ramos la hemos visto por televisión. Hemos escuchado la que ha oficiado el Papa Francisco. Bajo amenaza de muerte, he conseguido que todos se sentaran en el sillón y estuvieran quietecitos. Me he emocionado al ver a toda la familia siguiendo la eucaristía con atención. La mayor ha vitoreado: “¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡Rosana en las alturas!”. El mediano, al escuchar al Papa decir “Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo”, le ha dado un subidón pensando que era un transformer.

Cuando ha terminado la misa, la pequeña se ha ido a la habitación a jugar a vivos y muertos. Y mi Paco, a por el cubata porque ha entendido “Podéis ir al bar”, en vez de “Podéis ir en paz”.

La verdad es que ha sido un día muy bonito. Ya estoy deseando que llegue Viernes Santo. Mientras, voy a recoger mis bragas al patio.

Foto: http://mvcweb.org/

Día 22º. Día de museos

Querido diario:

Hoy he propuesto a mi familia irnos de museos. Al principio, se han puesto muy contentos porque pensaban que nos íbamos al del jamón y al del vino, pero cuando les he dicho que la idea era ver cuadros y esculturas, se han venido abajo y han dejado de salivar.  

Mi Paco y los niños me han recordado, con alegría, que seguíamos confinados e iba a ser imposible. Y yo les he quitado toda esperanza de librarse cuando he sacado mi ordenador Robocop, y he dicho: “Familia, las visitas las haremos virtualmente”.

Les he explicado que ahora los museos nos ofrecen la posibilidad de entrar desde casa y gratis, y que no podíamos perder esta oportunidad. No ha servido para nada. Así que, he sacado cerveza, coca-cola, red bull, aquarius, champán, aceitunas con anchoa, mejillones, berberechos en escabeche, patatas fritas y cortezas, para sobornarles. No lo he conseguido hasta que no he puesto un plato de bravas de La 3ª Espuela.

He propuesto visitar primero el museo que tiene un nombre parecido a nuestro barrio, luego el de la baronesa y continuar por el de la reina emérita. De los extranjeros, la idea ha sido empezar por el lúgubre de París y terminar por el de las cosas viejas y rotas de Atenas.

Para empezar, he tenido que registrarme en las plataformas virtuales y me he inscrito como ‘La Pepi de El Pardo’. A continuación, han pedido que escribiera ‘c o n t r a s e ñ a’.

Una vez registrada, tenía que elegir cómo recorrer los museos, si con planos 3D o 4D. He pedido opinión a la familia y el mediano me ha dicho que escogiera el 3º derecha, que es donde viven los abuelos.

Parece ser que para que todo se vea mejor y se escuchen las explicaciones, hay que ponerse gafas y cascos. Nos hemos puesto las de buceo y los cascos de las bicis y el de la Vespa de mi Paco.

Nada más darle a ‘Aceptar’, nos hemos adentrado en el maravilloso mundo de la realidad virtual. Pasillos, galerías, corredores, cuestas, terraplenes, precipicios, barrancos… Nos ha costado dar con la primera sala. Había tantas que la pequeña estática se me ha perdido virtualmente en la sala de ‘La Gioconda’ y ha aparecido en la de Velázquez. La he encontrado gracias a la ayuda de Mariló y Lupe, las guías del Palacio de El Pardo que debían estar allí de apoyo.   

He acompañado a la preadolescente atontada a la Galería de la Accademia, en Florencia. Estaba loca por ver el culo del David de Miguel Ángel. Luego, hemos girado a la derecha y hemos aparecido en la Capilla Sixtina. Juraría haber visto a un Kike entre los angelitos que están en la balaustrada.

Mi Paco ha estado un buen rato buscando por los museos de Alemania la escultura del dios de la cerveza. Al final, ha tenido que volver a Grecia y conformarse con contemplar a Baco, el del vino. Allí se ha encontrado con los pardeños que eran clientes de El Bodegón.

El mediano no ha prestado interés a la visita hasta que no ha visto las máscaras funerarias del Museo Arqueológico de Atenas. He tenido que acompañarle porque le ha costado encontrarlo. Antes de llegar al Prado, había que girar a la derecha dirección Museo Británico, luego a la izquierda y estaba justo al lado del Metropolitan Museum. Allí, en la sala de exposiciones temporales me he cruzado con Marcelino, que estaba vendiendo lotería.

Entre tanto cuadro y escultura se nos ha hecho tardísimo. Pero no hemos abandonado nuestra visita virtual sin antes entrar en el Museo Thyssen. ¡Siempre he querido conocer a la baronesa! Y ahí estaba, limpiando el polvo de sus cuadros.

Antes de cerrar sesión, hemos entrado en la sección ‘Qué visitar’ de la web ElPardo.net y nos hemos dado un paseo virtual por los jardines del Palacio de El Pardo, la Casita del Príncipe y de La Quinta, como en los viejos tiempos…

Con tanto cuadro y tanta escultura, me han dado ganas de pintar una braga al óleo y esculpir dos en bronce.

Día 23º. #YoMeQuedoSinCremas

Querido diario:

Confieso que, con esto del confinamiento, me he descuidado un poco. Apenas he prestado atención al vestuario; llevo 23 días alternando el pijama de unicornio con el chándal de choni rosa. En el peinado, he variado más. Los días pares me he puesto moño y los impares, coleta.

Esta mañana, me he encerrado en el baño para observarme en el espejo y me he dado a mí misma los buenos días, pensando que era otra persona. Lo que allí he visto era una mezcla de Frida Kahlo y Cantinflas.

Lo de la piel me ha preocupado más. Hasta ayer, tenía líneas de expresión en mi rostro y ahora tengo unos pliegues, popularmente conocidos como arrugas. Las de la barbilla se están fundiendo con una incipiente papada y ésta, con los pellejos del cuello.

Por lo demás, parecía que todo estaba en su sitio. Mis pechos seguían como los de Shakira, pequeños que no se confunden con montañas; mi culo, con su ritmo de crecimiento normal; mis muslos, tendiendo a ser siameses; y mis piernas, con la melena al viento.

Me he quedado sin cremas, sin exfoliantes y sin cera depilatoria. Su fabricación debería ser una actividad esencial. Al fin y al cabo, limpian, mantienen y reparan.  

Lejos de darme el bajón por haberme convertido en una pasa andante, uniceja y con bigote, me he venido arriba y me he dicho: “Pepi, esto lo arreglas tú con las fichas coleccionables del Pronto”. Así que, he buscado las que guardé entre 1992 y 1995 y he sacado la colección ‘Consigue con doña Gema hacerte una buena crema’. ¡Qué tesoro! Ahí había por lo menos 500 tutoriales de los de antes: Cómo hacer en casa crema antiarrugas para la cara, crema hidratante para piernas, crema para manos, crema antiestrías para muslos, crema para reducir asperezas de los pies, crema para codos agrietados, crema reafirmante de rodillas, crema depilatoria, crema anticelulítica, crema catalana, crema pastelera y crema de calabacín.

La última y única vez que fui a la compra vine cargadita, por lo que tengo de todo en la nevera. He comenzado haciendo cera depilatoria porque parecía sencilla. Me ha bastado un poco de miel, una cucharadita de azúcar y un chorrito de limón para tenerla lista. La he puesto a fuego lento y he llamado a mi Paco para que se la echara en el pecho. Está en un hospital da Zamora con sarpullidos. Se ha tenido que ir hasta allí porque el Centro de Salud de El Pardo sigue cerrado y no han atendido ninguna de mis 1.567 llamadas.

Para la crema antiarrugas he utilizado un yogur natural, un poco de perejil, medio plátano y harina. Como me ha quedado muy espesa, la he echado vinagre de manzana. La he dejado en reposo media hora y le he dicho a la preadolescente atontada que la probara. La muy gilipollas se la ha comido y he tenido que hacer otra, esta vez, añadiendo coliflor. Cuando he conseguido que se la pusiera en la cara se le han despegado las cejas. Ahora está intentando arreglarlo pintándose unas con las pinturas que tiene en su maletín de la Señorita Pepis versión 4.0.

La pequeña estática tiene unas durezas tremendas en los talones y codos. Le he fabricado una piedra pómez con un pedrusco que he cogido del patio. Cuando he bajado estaba uno de los Kikes tendiendo la ropa. Le he visto mala cara y le he regalado un poco de crema antiojeras que he hecho con lentejas, aguacate y vino blanco. Le he aconsejado que después se ponga dos rodajitas de pepino en los ojos, como hace su hermana Amparito. ¡Que cutis tiene la mujer!

Al mediano no le importa su físico pero yo quiero que sea metrosexual, así que le he preparado una cesta con cremas elaboradas con pasta de macarrones, que le gustan mucho. También le he metido cera depilatoria para las ingles y glúteos.   

El tinte lo he dejado para el final porque guarrea mucho. Me he hecho dos, uno con remolacha y otro con zanahoria. Todavía tenía de cuando compré en el huerto ecológico del Cristo. La mezcla la he hecho con clara de huevo y cebolla, que dicen que son buenas para el pelo. Lo tengo aún en la nevera porque tiene que aplicarse en frío para que dure más el color.

Estoy agotadita y la despensa llena de potingues. Si cuando termine el confinamiento aún tengo, montaré un tenderete en el mercadillo de El Pardo y otro en el de segunda mano de Mingorrubio.

A partir de ahora van a oler mis bragas a rosas, que es la esencia que le he puesto a mi crema de glúteos.  

Día 24º. Día de torrijas

Querido diario:

En mi casa, comer con mis padres, hermanas, cuñados y sobrinos el Jueves Santo es una tradición. Mi madre hace potaje de vigilia, mi hermana mayor, torrijas, y la pequeña, tortilla de camarones. Yo nunca llevo nada porque el año que cociné nos intoxicamos.  

Por culpa del confinamiento, mañana no podremos reunirnos, así que me toca cocinar. Teniendo en cuenta que una vez intenté hacer una sopa de letras y nos comimos la tabla del tres, que se me quemó un helado e incendié la cocina flambeando un postre, puedo decir que no se me da bien la cocina. En mi casa llevamos años sobreviviendo a base de latas de conservas, caldos en Tetra Brik y con las raciones de provisión del Ejército que trae mi Paco del cuartel.

Bastante está trastocando mi vida el coronaniniviurius ése, como para que también acabe con nuestras costumbres culinarias. Así que, me he dicho: “Pepi, hoy toca cocinar, pero de verdad”. Lo primero que he hecho ha sido escribir una lista de comidas típicas de Semana Santa. Sopa de ajo, Patatas viudas a la riojana, Bacalao al pil pil, Potaje de garbanzos y espinacas, Longaniza de Pascua, Patatas viudas, Buñuelos de bacalao y viento, Torrijas, Mona de Pascua, Pestiños, Leche frita… ¡Jesús! Con tanto plato empiezas comiendo el Jueves Santo de 2020 y terminas el Domingo de Resurrección de 2025.

He cogido mi ordenador Robocop y me he metido en el tubo ése de Internet donde hay un montón de vídeos. Lo primero que ha aparecido ha sido el canal ‘Cocina con los Kikes’. Luego, he escrito ‘torrijas’ y me ha salido la torrija que se pilló el Chaparro en las fiestas de El Pardo de 1985 y la que se cogió su hermano un año antes, también la de una inglesa en Benidorm.  

Al final, he acabado llamando a mi hermana, la golosa, para que me diera la receta. Como no encontraba papel ni boli, la he memorizado y a los cinco minutos sólo me acordaba que me había dicho algo de pan. He sacado del congelador una baguette y me he puesto al lío. Tenía ingredientes para hacerlas de todo tipo; tradicionales, de leche, con miel, rellenas… He preguntado a mi marido y a las tres fieras por sus preferencias. Como me imaginaba, mi Paco las quería de vino con denominación de origen, la preadolescente atontada, de pepitas de chocolate, y el mediano, con aroma de cianuro. A la pequeña se me ha olvidado preguntarle. Me he vuelto a olvidar de que vive con nosotros.

Mi madre siempre me ha dicho que es una receta fácil, que no lleva más de 25 minutos. Pues yo me he tirado cuatro horas y media haciendo tres, y una se me ha quemado. Tenía tanta hambre que me las he comido a escondidas. Para que no se dieran cuenta, a mi Paco le he dado una rebanada de pan de molde mojada en tinto de verano, a la preadolescente, un sándwich sin bordes de Nocilla con tres gotas de leche, y al mediano y a la pequeña estática, las tostadas que sobraron del desayuno de ayer untadas con miel.

Se han quedado con las ganas de pestiños y leche frita pero como se me ha hecho tarde, he llamado a la chiquita de Horno Lavanda, la de la calle Nueva, para que me mandara por mensajero una docena de cada. 

Voy a tirar cinco bragas al patio para bajar tripa…

Foto: https://www.jamonlovers.es/

Día 25º. Maratón de cine

Querido diario:

Como estamos de vacaciones de Semana Santa y las tres fieras no tienen deberes, hoy he propuesto a la familia hacer un maratón de cine. Ha sido pronunciar la palabra ‘maratón’ y la pequeña estática se ha negado en rotundo. Le he tenido que explicar que no hay que correr.   

Ninguno de los cinco coincidimos en gustos cinematográficos. A mi Paco le gustan las películas de guerra; a mí, las románticas; a la preadolescente atontada, las de Brad Pitt; al mediano, las de asesinos reincidentes y a la pequeña, las mudas.

Como no nos poníamos de acuerdo, he propuesto meter en la ensaladera papelitos con nombres de películas y sacar cinco. Han salido ‘12 monos’, ‘28 días después’, ‘Virus’, ‘Un lugar tranquilo’ y ‘Tobi, el ángel’.

Las tres primeras tratan de cómo acaba el mundo por culpa de unos primos hermanos del coronavirus, así que me he negado. La cuarta no hace falta verla en la tele; basta con mirar por la ventana. Como única opción nos ha quedado ‘Tobi, el ángel’. ¡Mi peli favorita de cuando era pequeña!

Mi Paco recordaba haberla visto en el cine de El Pardo una mañana después de misa, pero no se acordaba del argumento. Se pasaba las sesiones tirando palomitas a los de delante, viendo las bragas a las niñas y robando las linternas a los acomodadores.

Para que aceptaran verla, a mis hijos les he adornado la historia. Les he contado que va de un guaperas asesino que no habla.

He de admitir que recordaba más entretenida la película. Nos estábamos quedando dormidos cuando han aparecido en la pantalla algunos Kikes interpretando el papel de niños malotes, que le querían cortar las alas con una navaja al pequeño Tobi.

Como no me apetecía cocinar, y para seguir con el ‘ambiente cine’, he hecho para comer palomitas. Tenía maíz del quinto cumpleaños de la mayor. He rascado el moho y lo he puesto en la olla con unas gotitas de aceite de ricino. Se me ha olvidado poner la tapa, han salido volando y se han cagado por toda la cocina. En casa somos más de dulce, así que las he bañado en azúcar para los niños, y en sacarina para mí y mi Paco. Para darles un toque de color, he echado colorante de paella y tinte de remolacha que hice el otro día. De beber, hemos tomado pacharán.

Finalizada la primera parte del maratón, hemos comenzado la segunda. Esta vez hemos visto películas familiares. La de nuestra boda, el nacimiento de los niños, su primer baño, la primera caca en el orinal, sus primeros pasos, el primer corte de pelo, la primera brecha con puntos, el primer día de colegio, la primera hostia en bicicleta…

Ha sido muy emotivo recordar los primeros momentos de mi familia. La verdad es que cuando nació la preadolescente atontada era fea de cojones. El mediano no lo fue tanto, pero salió morado porque se había intentando estrangular con el cordón umbilical. No me acordaba del nacimiento de la pequeña, sólo que me la dejé olvidada en el hospital.  

 ¡Y nuestra boda! ¡Parecía de gitanos! ¡Qué fiestón montamos! Nos casamos en el Cristo a las 12h. de un sábado y acabamos desayunando churros y porras en Heredia a las 8h. del miércoles siguiente. Antes, nos metimos en la fuente de la plaza y estuvimos saltando hasta la piña durante horas. La mitad de los invitados acabaron sin dientes.

Cuando estaba a punto de recoger el maletín de las películas, he visto las de súper 8 de mi padre. Me las dejó en 2010 y aún no se las he devuelto. He conseguido poner una, después de que se me enrollara el rollo del verano de 1979 con el de la Navidad de 1982. He hecho un empalme como he podido y ahora sale Papa Noél bañándose en Benidorm. Mi hija la preadolescente atontada me ha preguntado si eran películas mudas del siglo XVIII. ¡Qué hostia le daba!

Me ha encantado recordar las tardes de los sábados que pasaba con mis padres y hermanas en los jardines del Palacio de La Quinta. Mi padre nos tuvo engañados 10 años diciéndonos que era el chalet de la tía Enriqueta. Las imágenes del río me han puesto nostálgica. Nos bañábamos con los amigos todas las mañanas de verano. Por las tardes, cogíamos cangrejos y los poníamos en los bancos de Pedro’s. Recuerdo el día que aparecieron el Cepi y el Nene en el puente de la vía porque habían sido arrastrado por la corriente la semana antes.

Mi padre también grabó nuestras tardes en el pino montándonos en los columpios. Como en el súper 8 las imágenes se ralentizan un poco, cuando estás en lo alto del tobogán es de día y, al llegar abajo, ya se ha hecho de noche. Los de los años 80 sí que eran columpios, no las mariconadas de ahora que no tienen más que goma por todas partes. Los niños de la EGB comíamos hierro y, además, oxidado. En una de las imágenes salgo con Noe de La Paz en el balancín. Ese día se sentó con tanta fuerza que aparecí en una de las garitas de la tapia del palacio.  Mi padre también grabó el momento en el que seis o siete niños estábamos dando vueltas en el carrusel impulsándonos con todas nuestras fuerzas. Dos de ellos se desintegraron.

Voy a tirar cinco bragas al patio mientras sigo recordando viejos tiempos…

Día 26º. Videollamada con la familia

Querido diario:

Ya son dos años seguidos los que los pardeños nos quedamos sin procesión de Viernes Santo. El año pasado se suspendió por la lluvia y éste, por el virus asqueroso ése que parece Willy Fog dando la vuelta al mundo.

Me he levantado triste y mi Paco y los niños, también. A él se le ha acabado la cerveza, a la preadolescente atontada, la Nocilla; al mediano suicida, los balines de su escopeta; y a la pequeña estática, el Quijote.  Para levantar el ánimo les he propuesto hacer una videollamada a los abuelos, tíos y primos.

He llamado a cada uno de ellos para proponérselo y ya me han hecho el lío. Que si por Skype porque tiene un logo muy bonito, que si por Facebook porque salgo bien en la foto de mi perfil, que si por WhatsApp porque tiene nuevos emoticonos, que si HangOuts no porque me ahogo al pronunciarlo, que si Oovoo tiene mejor estabilidad de conexión, que si Zoom porque es la que está de moda, que si House Party no porque tiene nombre de puticlub… Aún no nos habíamos conectado y ya estábamos discutiendo. He escrito todas las opciones, las he metido en la ensaladera y mi periquito ha sacado el papelito donde ponía Skype.

Nos hemos dado un tiempo para que los que no la tuvieran descargada se pusieran a ello. Yo he ayudado a mi padre por teléfono. El hombre ha tardado 40 minutos en encender su ordenador. Cuando le he dicho que se metiera en Internet y navegara, ha sacado el flotador. Al indicarle que fuera al buscador para localizar la aplicación, ha cogido la lupa que utiliza mi madre para leer el Pronto. Creía que lo habíamos conseguido cuando me he dado cuenta de que me había entendido ‘esquí’ en vez de Skype. Se ha descargado 1.100 fotos de los Fernández Ochoa.

Al final, le he pedido a mi madre que cogiera el teléfono para indicarle y en 30 segundos se ha descargado la aplicación, ha hecho la compra en Mercadona, ha contestado 53 emails y ha diseñado su propio blog.

Mi Paco se ha encargado de indicarles a mis suegros y ellos solitos han hackeado la web del Parlamento Europeo y la de la Casa Blanca.

El hermano de mi marido y su mujer, la psicóloga, se han quedado atascados a la hora de dar de alta un usuario y crear una contraseña. A ella le preocupa mucho que él tenga trastorno de identidad y no le deja poner cualquier cosa.

Mis hermanas no son más listas, lo que pasa es que tienen hijos nini y están a la orden del día de apps, lenguaje HTML, SEO, HDMI, USB, AC/DC, REM, ABBA…

A las 12:45h. todos teníamos descargado el Skype y había que crear un grupo. De esto me he encargado yo porque hice el del botellón con mis amigas y tengo experiencia. Lo he llamado ‘Pepi y la C&A’ y he puesto la foto que nos hicimos en la Primera Comunión de mi sobrino el ateo.

Después, he comenzado a añadir contactos y, de repente, me han solicitado amistad Ángel García Fontcuberta, Pilar Tamayo, Pilar Reyde Pedraza Benavente, Mari Carmen Fernández y María Jesús García.  Querían mi receta de las torrijas y que les hiciera la declaración de la renta.

Por fin, a las 16:30h. estaba toda la familia conectada y se ha empezado a escuchar: “¿Me se oye?”, “No veo nada”, “¿Dónde le doy”, “Hay un ruido de fondo”, “Esto es una mierda”, “No escucho”, “Me estoy quedando sin batería”, “¿Reinicio?”, “No veo a la gorda de tu hermana”…

Éramos tantos en la pantalla que nos podrían haber confundido con los Kikes. Mi suegro y su inseparable palillo en la boca, mi suegra y su caniche, mi cuñada dándole la teta a su crío, su marido con los gemelos en las rodillas, mi hermana mayor y el tenderete de la ropa detrás, mi cuñado jugando a la play con los ninis, mi otra hermana maquillada como una puerta y con moldeado de peluquería, mi Paco haciendo un calvo y mis tres fieras en la esquina superior derecha de la pantalla intentado cerra sesión…

La videollamada era para ponernos al día y contarnos novedades. Ha durado tres minutos…

Voy a tirar una braga al patio.

Foto: https://diarioti.com/

Día 27º. He dado positivo

Querido diario:

Llevo varios días con síntomas. He intentado no pensarlo, pero me he levantado peor y parece que va a más. Hoy me he armado de valor y he decidido hacerme la prueba. No he querido llamar al centro de salud y la he hecho con uno de esos test que hay ahora por Internet.

Sin levantar sospechas, me he encerrado en el baño, he respirado hondo, he soltado la gotita y ha dado positivo. ¡Estoy embarazada!

Del susto, se han multiplicado los síntomas y he estado mareada y echando la pota durante 45 minutos. Luego, me han venido antojos de fresas con estofado, salchichas con miel y paella con mermelada.

Lo primero que se me ha venido a la cabeza es cómo decírselo a mi Paco. Cuando nos hicimos novios queríamos tener seis hijos, como Nuria y Javi, pero al nacer la preadolescente atontada rebajamos la cifra a uno. El mediano suicida y la pequeña estática vinieron sin consultar y nos los tuvimos que quedar. He estado dándole vueltas y pensando en la forma menos dolorosa de anunciárselo. “Paco, pronto tendré la misma panza que tú”. “Paco, en Navidad nos traerán un regalito que no se puede devolver”. “Paco, ¿no querías un perro?”. “Paco, vamos a ser más que los Kikes”.

Mientras me retumbaban en la cabeza las palabras: “el 4º”, “el 4º”, “el 4º”, “que viene el 4º”, “ya está aquí el 4º”. Me ha dado por pensar en cómo será el bebé y a quién se parecerá. Físicamente, prefiero que se parezca a mi Paco, pero con más pelo. A mí no porque, como dice la vecina de mi madre, no soy guapa pero tengo algo…  En cuanto al carácter, si nace enfadada con el mundo, como la mayor, su razón tendrá la criatura con todo lo que está pasando. Si viene con la tara del mediano, por lo menos ya tendremos puestas las rejas en las ventanas. Y, si se parece a la pequeña, no notaremos nada.

También me ha dado por pensar en las revisiones médicas. Nos han cerrado los centros de especialidades y tendrá que venir el ginecólogo a casa. Habrá que desmontar la puerta del portal para que entre el ecógrafo y, después, tendré que desinfectarlo con lejía olor a amapola y amoníaco perfumado con Chanel Nº5. Aprovecharé para pedirle al médico que traiga mascarillas y guantes, y le diré a mi padre que me deje su pantalla de cine del súper 8. Así, podremos ver la ecografía en grande y distinguiré la cabeza del bebé de sus brazos, piernas y culo. Algo que no he conseguido en los tres embarazos anteriores. En cada revisión, me decía el ginecólogo: “Mira Pepi, ahí tienes la cabecita y ahí, las piernecitas”. Yo, por más que me centraba, sólo veía una mancha sobre fondo gris.

¿Y el parto? ¿Cómo voy a parir en casa? Si por lo menos viviera Carrère… He pensado llamar a su nieta Lucía, que tiene muy buena mano con los niños. De epidural, ni hablamos. Lo mejor es que vaya tomando analgésicos naturales para que se vayan asentando en mi organismo los meses que me quedan. He leído que es muy bueno el jengibre, las cerezas, el ajo y la piña.  Me los comeré cada ocho horas; en el desayuno, comida y cena.

Si ya no entramos cinco en mi casa de 60 metros cuadrados, ni te cuento seis. Voy a tener que decirle a mi Paco que corra algún tabique. Si es niño, podrá dormir en la habitación del mediano, debajo del escritorio. Si es niña, tendremos que hacer un dúplex en la otra habitación. Les diré a los de Gavarrén que me den ideas.

Hasta hace poco he tenido guardadas la cuna y el cochecito de paseo de los críos. Si lo llego a saber, no lo hubiera vendido por Wallapop. Creo que, los primeros meses, el bebé dormirá en el bidé. Obviamente, el cochecito de paseo no lo va a necesitar. Cuando la criatura salga a la calle por primera vez será mayor de edad.

Recuerdo que, cuando nacieron los otros, siempre les vestía de punta en blanco para que la gente les viera bien guapos. Me gastaba un dineral en ropa de marca de segunda mano. Este bebé estará con el body todo el día y, además, sin planchar. Algo bueno tiene que tener el confinamiento. Llevo sin usar la plancha 26 días.

Entre náusea y náusea, he estado preparando el bautizo. Lo celebraremos en primavera. Como seguiremos encerrados, elegiré un día de lluvia y sacaré la cabeza del bebé por el balcón mientras que don José María me le bendice por teléfono. Será a las 19:45h. para hacer coincidir el final de la ceremonia con los aplausos a los sanitarios.

Mañana pensaré en la Primera Comunión. Ahora, toca planear cómo decírselo a los hermanos. Ya estoy viendo la reacción de la preadolescente atontada: “¿Cómo vas a tener un niño si eres una vieja?”. El mediano suicida dirá: “No vale la pena traer vidas a este mundo”. La pequeña estática me mirará sin inmutarse y seguirá con sus deberes de química orgánica.

Voy a potar y luego tiraré dos bragas al patio.  

Día 28º. El cumpleaños de la preadolescente atontada

Querido diario:

Hoy es el cumpleaños de mi hija mayor. Ha cumplido 15 años, así que esto empieza a ser peligroso. Ha pasado de ser preadolescente, a adolescente. La etapa de la vida que todo padre quiere olvidar.

El simple hecho de que mi hija pase del estado ‘atontada’ al de ‘agilipollada’ me ha causado ansiedad los últimos días. Menos mal que me he entretenido organizándole una fiesta de cumpleaños.

La idea era que ni se acordara de que estaba confinada y tuviera la celebración que toda quinceañera desea tener. Me puse a buscar ideas por Internet y me pareció genial la costumbre que tienen en los países latinoamericanos de organizar una gran fiesta con vestido de princesita y baile.

Parece ser que la cumpleañera baila un vals con su padre, así que he tenido a mi Paco ensayando con tutoriales un par de días. Él es más de Héroes del Silencio, pero ha acabado con un estilo parecido al de Nacho Duato.

La verdad es que verles a los dos bailar juntos me ha emocionado muchísimo. Ha sido como el día de su boda que nunca llegará. Y es que, con ese carácter que tiene, no se va a comer un rosco en su puñetera vida. 

Lo del vestido de princesita me ha llevado más tiempo. He tenido que tunear el de mi boda para darle el toque gótico que le gusta a la preadolescente atontada. Lo he teñido con tinta de calamar y en la parte de arriba, que era palabra de honor, le he cosido el corsé rojo putón que me compré para mi luna de miel. La idea era cortarlo un poco por delante y se me ha ido la tijera. De frente se ven las rodillas y por detrás tiene una cola de dos metros. Así, va barriendo el suelo.

En todas las fotos que he visto de las fiestas de quince años de Latinoamérica, la cumpleañera lleva una corona de reina. Como a mi hija no la veo con este complemento, le he hecho una diadema de unicornio, que se lleva mucho ahora. 

El otro día aproveché que hice un pedido de bragas a Amazon para comprar adornos para el cumpleaños. Yo no sé dónde le di, pero en vez de los dos globos gigantes con forma de ‘15’, me ha llegado un pene inflable tamaño XXL. En lugar de las 15 velas para la tarta, me han enviado media docena de las aromáticas con esencia de jazmín, más tres de regalo. La corona de flores con las letras D.E.P debe ser el pedido que hice de guirnaldas personalizadas con las iniciales de la niña. La bomba de fabricación casera será la bombona de helio que añadí al carrito antes de finalizar la compra. El mensajero también me ha dejado un Kike empaquetado. Cuando lo he sacado de la caja me ha dicho: “Pepi, aquí tienes el confeti”. Es lo único del pedido que ha llegado bien.

En todos los cumpleaños de la familia comemos una tarta congelada. La saco del congelador dos horas antes y les digo a mi Paco y a los críos que la he hecho yo. Hoy no he querido engañarles y he preparado una de manzana. He troceado tres piezas y se las he servido en un bol con un chorrito de nata montada. Estaba rica. Antes de comerla, le he puesto 15 bengalas y, al soplarlas, la cría se ha chamuscado el flequillo y ha provocado una llamarada que me ha quemado las cortinas. 

Qué regalarla ha sido siempre el gran dilema. Nunca he sabido cómo sorprenderla y jamás he acertado. Cuando cumplió un año, le regalé una enciclopedia y la tiró por el balcón. Cuando cumplió cinco, le sorprendí con una vajilla y la lanzó por la ventana. Cuando cumplió 10, le di el CD de todos los éxitos de Peret y lo partió. Hoy, le he regalado el ajuar de novia completo para que se haga ilusiones.

Como no hay fiesta sin invitados, me las he arreglado para que vinieran virtualmente a casa. He intentado mirar los números de teléfono de los amigos en su móvil para llamarles, pero ha sido imposible. Ha puesto un pin muy difícil. Le he pedido a la pequeña estática que lo descifrara y lo ha conseguido después de aplicar el Teorema de Pitágoras. Al ser un cumpleaños tan especial, también he invitado a sus compañeros de las monjitas y a su novio de 1º de Primaria.

Ya soy una experta en Skype, así que he iniciado la videollamada con los invitados sin problemas. Se han añadido al grupo ‘Estoy confinada, pero celebro mi cumple como si nada’, y han empezado a felicitarla y hablar de sus cosas. Todo iba bien hasta que una de sus amigas la ha acusado de robarle el novio, la otra le ha llamado culona y la de las greñas se ha descojonado de su diadema de unicornio. He cortado la conexión cuando la de las tetas grandes casi atraviesa la pantalla y le arranca los ojos. ¡Qué hostias les daba!

A pesar de este pequeño percance, estoy segura de que a mi hija le ha gustado mucho su fiesta de cumpleaños. Creo que quería alargarla más jugando al ahorcado porque la he pillado con una soga al cuello.

Mientras pienso en qué organizarle para su mayoría de edad, voy a tirar dos bragas al patio.

Día 29º. Orden, limpieza y cambio de armarios

Querido diario:

Hoy, cuando he encendido mi ordenador Robocop y me he conectado a la red de la empresa para teletrabajar, mi jefe me ha vuelto a preguntar por qué no estaba en el Jerte. ¡Yo no sé qué manía ha cogido este hombre con que me vaya allí si no podemos salir! Se ha puesto tan cabezón que he apagado y me he liado con otra cosa.

Iba a ponerme a limpiar, pero me he dado cuenta de que veo mierda donde no la hay.  Así que, me he dedicado a otra tarea: ordenar los armarios y hacer el cambio de ropa de invierno a verano. Probablemente para nada, porque este año veremos pasar junio, julio y agosto desde la ventana…    

He comenzado por mi habitación. Después de cinco años insistiendo, conseguí que mi Paco me hiciera un armario empotrado con baldas y todo. No llega a ser un vestidor, que es mi sueño, pero tiene grandes dimensiones. Es tan grande, que tuvimos que meter la cama y la cómoda dentro.

No sabía por dónde empezar y me he agobiado un poco, así que he buscado un tutorial en Internet. ¡Jesús! Y yo pensaba que tenía un armario enorme… Si lo comparo con lo que tiene la gente en sus casas, lo mío es una mesilla.

Algo tan sencillo como un armario tiene todo un mundo detrás, y he tenido que estudiarme los tipos que hay para dar con el tutorial perfecto. Resulta que existen clases y, a su vez, clases de clases, tipos de clases y clases de variables. Tenemos armarios poliminados, lacados, exentos, auxiliares, de módulos, en L, en U, de obra, japo, retro, clásicos, vintage, atemporales… ¡Hay tantos como Kikes y Gurucharris repartidos por El Pardo!

Al final, me he decantado por el tutorial ‘Ordena tu armario con Mario’. El chaval se explica bien. Primero hay que vaciar el armario, luego limpiarlo, después apartar las prendas que no quieres y, finalmente, volver a colocar las que sí. ¡Yo sola no habría podido!

Soy de las personas a las que les gusta guardar todo, así que he encontrado verdaderas reliquias en la parte de arriba. Un abrigo del siglo XVIII, una enagua de finales del XIX, una faja de principios del XX, el primer décimo de lotería que le compré a Marcelino a finales de los 70, la primera revista Súper POP que me compré en el quiosco del jardín, la ficha de los coches de choque del día en el que me partí el labio y me fracturé la clavícula, el disfraz de gitana que me puso mi madre en las fiestas de 1980, 1981, 1982, 1983, 1984 y 1985 (en 1986 reventó), el vaso con el que me pillé mi primer pedo (recuerdo que fue viendo las hogueras de San Juan de Mingorrubio), las notas de EGB falsificadas, la rama del pino gordo que me dieron el día que lo cortaron… También, tengo guardado mi primer móvil. Es tan grande y pesa tanto que, al sacarlo de la caja, se me ha caído al suelo, ha atravesado el subsuelo, la corteza terrestre y ha ido a parar al núcleo de la Tierra.

Son muchos los recuerdos que guardo en mi armario. No he hecho ni puto caso a Mario y lo he vuelto a meter todo. Cuando haya otro confinamiento, ya veré lo que hago.

Limpiando he confundido las pelusas con caniches y las polillas con avionetas. Iba a usar lejía para desinfectar pero, al final, he dejado dentro las bacterias y los gérmenes porque ya tenemos bastante con el coronavirus por ahí fuera dando vueltas…

Llevo tanto tiempo vistiéndome con el pijama y el chándal rosa de choni que las puertas del armario, donde tengo la ropa de calle, se han encasquillado y no podía abrirlas. Lo he conseguido haciendo palanca con el pico del periquito.  Al abrir, ha salido de ahí un rayo de luz y esperanza… Pantalones vaqueros, de pitillo, jerseys de cuello alto, medio y bajo, camisetas, blusas, faldas, minifaldas y esto que se llama como la hija de mi prima… ¡rebecas!

Casi caigo en la tentación de probármelo todo, pero he sido fuerte y lo he guardado  casi sin mirar, y después de sacudirle el polvo que había acumulado en estos 29 días de confinamiento.

Lo que si me he probado ha sido la ropa de verano, y mejor no haberlo hecho. El bikini me cabe en un brazo, las camisetas de tirantes no me entran por la cabeza, la goma de la cintura de los pantalones ha estallado y las sandalias han reventado por los empeines. Y, eso, sin haber cogido aún los kilos del embarazo…

Antes de ponerme con el armario de los críos, voy a tirar la enagua, la faja y tres bragas al patio.

Día 30º. Vuelta al cole

Querido diario:

Ahora que estaba preparando el viaje al Jerte para cuando terminara el confinamiento, me llama mi jefe y me dice que vuelva al teletrabajo porque soy esencial, o algo así.

Pues hoy no me venía bien, porque los críos han regresado a su cole virtual después de las vacaciones de Semana Santa, y esto ha sido un caos.

Lo primero que he hecho ha sido coger el planing #YoMeTurnoElPortátil, que hice al principio del confinamiento, para saber cómo van los turnos y organizarnos. Como no entiendo ni mi propia letra, he tenido que hacer otro. Después, de 55 minutos haciendo ecuaciones, reglas de tres y divisiones con llevadas, por fin, lo he cuadrado.

No ha servido de nada porque, como la preadolescente está cada día más atontada, ha bloqueado el portátil. No sé qué contraseña habrá metido, que me ha llamado un hombre de la NASA preguntándome por qué habíamos despegado uno de sus cohetes.

Mientras he dejado a la pequeña estática atareada con el desbloqueo, nos hemos tenido que apañar todos con mi ordenador Robocop del trabajo. Éste no tiene contraseña, pero he tardado en encenderlo media hora, el tiempo que me ha llevado encontrar la tecla ON. Para activar el audio y los altavoces, me ha echado una mano el coronel de Transmisiones. 

Los dos mayores lo necesitaban a primera hora porque tenían una clase on line. Como ya soy una experta en Skype, he conseguido que los dos grupos aparecieran a la vez en la pantalla. El del mediano, a la derecha, que le veo más de Casado, y el de la mayor, a la izquierda, porque tiene coleta.

Hemos tenido suerte porque las dos clases eran de matemáticas y no se han liado mucho, lo único, que las voces de las profesoras se acoplaban un poco. La del mediano ha dado primero la teoría y, luego, ha dejado tiempo para que hiciera los ejercicios. Este momento lo he aprovechado yo para enviar unos informes a mi jefe por email. No sé dónde le he dado que le han llegado las ecuaciones de la mayor y una receta de cocina de la profesora.

Una vez terminada la clase on line, se han puesto a estudiar con los libros. La pequeña seguía liada desbloqueando el portátil. Tenía sobre la mesa un montón de algoritmos, tantos como Kikes y Gurucharris. Cuando estaba a punto de resolver el último, me han entrado náuseas y la he potado encima. La cría lo ha dejado y se ha puesto con sus tareas. Ha tardado tres minutos en acabarlas.

He llamado a su tutora para pedirla que le pusiera más deberes, porque si no va a empezar la segunda carrera universitaria y ahora no dan becas. Al rato, me ha enviado al email del trabajo el temario de unas oposiciones al Tribunal de Justicia. Mi niña es más de números, pero bueno. Al descargar los 15 temas de 500 páginas cada uno, he saturado la red de la empresa. Al intentar arreglarlo, he entrado por error a la plataforma digital del instituto de la preadolescente atontada y he abierto un chat con las de la AMPA. Esti, Sara y Laura estaban organizando las extraescolares del curso 2035/2036, que será cuando vuelvan los alumnos, ya casados y con hijos.

A medio día, el profesor de ciencias del mediano suicida ha hecho una videollamada con toda la clase para hacer un examen oral de montes, ríos, fauna y flora. Como mi hijo no se lo sabía, he hecho una conexión paralela al WhatsApp de Rolan, el guarda, para que le echara una mano. Ha aprobado con nota.

Ha sido escuchar la palabra ‘nota’ y al maestro de música le ha faltado tiempo para colarse en la conexión y pedirle que tocara la flauta. Tampoco es lo suyo, así que me he descargado el audio de la banda de la Peña Los Buenos durante la procesión de la Semana Santa de 2009 y hemos puesto el trozo de la trompeta.   

A la hora de comer me ha llamado mi jefe cabreado diciéndome que había infectado la Intranet de la empresa con un montón de virus. ¿Yo? ¡Esto es el colmo! Habrá sido Shin Chan, el chino de contabilidad.

Entre tanta conexión y desconexión, estoy estresadísima. Voy a tirar cuatro bragas al patio.

 

Día 31º. La crisis de mi amiga Paqui

Querido diario:

Esta mañana estaba preocupada porque llevo dos días sin saber nada de mi amiga Paqui, y es raro. Desde que nos conocimos en las monjitas, no ha habido día que no hayamos hablado. Cuando estábamos en parvulario, nos llamábamos con el teléfono de juguete. Al aprender los números en el colegio del Grupo, con la calculadora. De adolescentes, por telepatía, y cuando tuvimos el móvil ladrillo, por SMS para no gastar minutos.

Miento, hubo una vez que no hablamos y fue porque se desorientó en la avenida Padre Cipriano y estuvo desaparecida 24 horas.

Le he llamado 20 veces, le he enviado 150 WhatsApp, 58 Telegram, 14 emails, una pizza, y nada. Cuando desaparece de la faz de la Tierra es porque está depresiva. Lo estuvo hace un par de años porque la empresa Alacuber cambió los autobuses de la línea 601 y le dio pena que se llevaran los viejos al desguace.

Yo creo que es eso lo que le sucede. Estará triste por el novio. La pobre tiene tan mala suerte que, para una vez que liga, la confinan. Lleva 31 días saliendo con él por videollamada y tirando de Satisfyer. Seguro que se le han acabado las pilas.

Paqui no ha conseguido nunca tener una relación amorosa estable. Cuando estábamos en 2º de EGB, le robó el novio la guarra de la clase. En el instituto, su ligue se escapó con la profesora de Biología y, en la universidad, su prometido descubrió que era gay. Después, estuvo en lo que ella llama ‘etapa de barbecho’, hasta que le dio por darse de alta en webs de citas. Al cumplir los 40, empezó a salir con un hombre de 88 años por pena y, un mes más tarde, éste la dejó por dos de 20.

A las 12h., cuando estaba haciendo una sopa de sobre, al tiempo que partía queso a mi Paco, hacía un informe del trabajo, corregía los deberes de la preadolescente atontada, le confiscaba una bomba casera al mediano suicida y le pasaba una llamada de un astrofísico a la pequeña estática, me ha escrito Paqui un WhatsApp. Ponía ‘TQM’.

Mi amiga y yo tenemos nuestro propio idioma y ‘TQM’ significa ‘Toy Que Muero’. Sabía yo que estaba depresiva. Me he encerrado en el baño y me he metido en el cajón de los peines para hablar con ella sin que nadie me molestara. Paqui me ha contado que hace dos días quedó con su churri en la calle. Estaban tan hartos de verse a través de la pantalla, que planearon una cita en la puerta de la pollería de Maripaz mientras compraban un pollo, dos docenas de huevos y alitas. Estuvieron hablando de sus cosas a metro y medio de distancia, pero tenían tanto que contarse, que quedaron cinco minutos después en la panadería. El novio estaba en la mitad de la fila, a la altura de la iglesia, y Paqui, casi en el escuadrón . Como en estos tiempos que corren estamos siendo todos más solidarios, los vecinos les ayudaron a comunicarse haciendo una cadena de mensajes. Paqui se lo decía a un Kike, éste a una Gurucharri y ella a un Cancela. El resultado fue un teléfono estropeado. Desde su sitio, el churri le dijo a Paqui que la quiere mucho y está deseando verla. A ella le llegó  que le va a comprar un chucho color perla. Paqui le quiso decir a su novio que le echa de menos y él entendió algo de sus senos. 

He intentado levantarle el ánimo diciéndole cosas que no me creo ni yo. También le he dado consejos, como que ahorre para pilas o para el nuevo Satisfyer que tendrá que comprar cuando queme el que tiene. Después, le he dado la noticia de mi embarazo. Su reacción ha sido la que me esperaba. Me ha dicho:»Hija, ¿tú no tienes tele?». Hemos estado un buen rato echándonos unas risas y bromeando sobre la posibilidad de que vengan dos de golpe, como le pasó a Pilar la de los mellizos. Al final, me he puesto a llorar porque me he acordado de que mi tatarabuela tuvo gemelos y, si hacemos cálculos genéticos, operaciones de probabilidad y estimaciones estimadas, tengo posibilidad incluso de tener trillizos. Sólo de pensarlo me he mareado y he echado la pota. 

A la hora de merendar, Paqui ya estaba más animada y hemos estado planeando juntas la próxima cita con su novio. El 30 de junio de 2030 van a quedar en la farmacia de Carlota. Hablarán en la puerta, a dos metros de distancia, mientras compran las pastillas del reuma y de la artrosis.

Me alegra que a mi mejor amiga se le haya pasado el disgusto. Antes de colgar, le he hecho decir un juramento. «Juro por mi vida que no volveré a estar depresiva. Juro por mi quiste que no volveré a estar triste. Juro por el viento que no decaeré durante el confinamiento».

La que me voy a caer al patio voy a ser yo cuando me quede sin bragas…

Día 32º. El trabajo de mi Paco

Querido diario:

Mi marido pertenece a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad. El pobre no tiene ni cuerpo, ni fuerza, ni na, pero ahí está.

Como otros muchos militares, está trabajando en la Operación Balmis y estoy muy orgullosa de ello. Ayuda en la contención del coronavirus transportando enfermos y material sanitario, desinfectando edificios y lugares públicos, y apatrullando la ciudad, como hizo El Fary y el guardia civil Elías.

Cuando empezó, no le dieron los equipos de protección, así que se los hice yo. Tenía mucho miedo de que a mi Paco le tocara el bicho ése. Para los ojos, le fabriqué unas gafas. Tomé como modelo las de buceo y añadí un sistema para que no se le metiera agua. Es de cara fina y, cuando vamos a la playa, siempre se le cuela. Para la boca, le hice un apaño con las bragas ‘más carillas’ que tengo. En medio, le puse el filtro de la lavadora para que no se le colaran las partículas. Y, para las manos, le di los guantes de la nieve con agarre ergonómico y anatómico forense. Para protegerle el resto del cuerpo, le pedí a la barrendera una bolsa de basura de las grandes antidesgarro.

El primer día se lo metí todo en el petate para que se lo pusiera  en el cuartel, pero no supo. Así que, le preparo yo todas las mañanas en casa. Hay vecinos que creen que he dejado a mi marido y estoy liada con un astronauta. La preparación lleva su tiempo. Ahora, nos levantamos a las cinco de la mañana y está listo a las siete pero, los primeros días, empezábamos con el vestuario y sus complementos a las tres. Tuve que diseñar un conducto para que pudiera desayunar con todo puesto y no perdiera tiempo. Se lo hice a la altura de la garganta y, cuando le veo, me acuerdo de Rufo.

 

En el mes que lleva en la Operación Balmis, a mi Paco le ha pasado de todo. La primera vez que le mandaron con sus compañeros a desinfectar el Metro, casi provoca una desgracia. Le dijeron que cargara la pistola y enchufara, y él se lio a pegar tiros. El pobre no se percató de que su capitán se refería a la de alta presión.

Después de intoxicarse tres días seguidos con el jabón de Marsella y el Mistol, le mandaron hacer patrullas por el centro de Madrid para vigilar que la gente no se saltara el confinamiento. Mi Paco, como no sale de El Pardo y su ruta es de El Sele, a La 3ª Espuela, pasando por Adrián, El Charro, Heredia, Montes, Tío Antonio y lo que él llama su ‘Triángulo de las Bermudas’, o sea, La Montaña, La PepenúltimaEl Gamo, se perdió. Empezó patrullando en Plaza Castilla a las 9h. y a las 13:30h. estaba en la carretera de La Coruña, a la altura de Galapagar. No iba mal encaminado, teniendo en cuenta que tenía que terminar en la calle Orense.

La última semana ha estado llevando a varios puntos de la capital material sanitario. Si antes había poco, desde que mi Paco lo traslada, hay menos todavía. Y es que el GPS le lía mucho. El material que tenía que llevar al hospital de La Paz ha acabado en Andorra y el del IFEMA, en París. El resto lo ha mandado de vuelta a Turquía.

La verdad es que está agotado y, a veces, se desanima porque hay mucho dolor ahí fuera. Para que no se venga abajo y sepa que todo su esfuerzo merece la pena, a las 20h. le coloco en medio del patio. Así, puede escuchar el himno de España y sentir de cerca los aplausos que los vecinos le dedican a él y a todos los que se están dejando el alma en esta pesadilla. Como le da vergüenza, cada día baja un Kike con él.  

Día 33º. Un día con la pequeña estática

Querido diario:

Esta mañana, cuando estaba desayunando, me he dado cuenta de que llevaba tres días sin ver a mi hija pequeña, la estática. Casi se me olvida otra vez que vive con nosotros.

He cogido un culín de leche y un par de pastas de la tienda de Pepa, y se las he llevado a su habitación. Estaba sentada en su escritorio muy tiesa. Le he tenido que dar un golpecito en el hombro para comprobar que no se había disecado. Luego, le he mirado la lengua por si tenía indicios de deshidratación. Estaba perfecta e inmersa totalmente en sus teorías y cálculos, como desde el día que vino al mundo.

Recuerdo que nada más nacer, ella misma se cortó el cordón umbilical con gran precisión. Después, le dictó a la enfermera su peso, medida y perímetro craneal, y se hizo el test de Apgar. La pulsera identificativa se la puso el médico porque no se apañaba sola.

Cuando cumplió año y medio, la llevé a la guardería de las monjitas. Aún no andaba, pero me la admitieron porque ayudaba a sor Magdalena y a sor María Jesús a llevar las cuentas del convento. Por las tardes, la llevaba al pino con sus hermanos y, mientras la mayor escupía a sus amiguitos y el mediano se tiraba de cabeza desde lo alto del tobogán, ella hacía maquetas de barcos y aviones con la arena.  

La pequeña estática empezó a ir al colegio Monte de El Pardo con tres años y medio y sin andar todavía. Estuve una temporada ayudándola a que diera sus primeros pasos empujándola desde lo alto de la cuesta del Cristo, pero no hubo manera. Acabé llevándola al pediatra. Por aquel entonces, a El Pardo venían de lunes a viernes. Luego, debieron de extinguirse.  

Me dijo que la niña tenía retraso psicomotor, así que la acerqué al garaje de los hermanos Zamora para que la echaran un vistazo. Al rato, Julián y Manuel consiguieron arrancarla.

En 1º de Educación Infantil, la pequeña estática le hizo a la profesora un cuadrante con los turnos del baño de los compañeros que acaban de dejar el pañal. En 2º, cuando estaban aprendiendo el abecedario, la niña terminó de leer ‘La Divina Comedia’ de Dante. En 3º de Infantil, como la profesora no sabía qué hacer con ella, se la llevó a Fina para que le ayudara con el papeleo de las nuevas matriculaciones. Al pasar a Primaria, me dijeron que estaba bien dotada, o algo así. Pero, desde entonces, yo la veo igual. Apenas le ha crecido nada.

Al cumplir los siete años me di cuenta de que necesitaba moverse más. Si hubiera tenido una pulsera de las de ahora, no habría llegado ni a los cinco pasos al día. La apunté a las extraescolares y Carmen Lumbier, que llevaba el tema, me aconsejó unas pocas; fútbol, balonmano, patinaje, tenis, natación, gimnasia rítmica, judo, kárate… Al final, estuvo yendo una semana a baloncesto con Manolo Naranjo. Desde entonces, tiene una lesión en el esternomastediqueidoleido ése.

Si antes le gustaba estudiar, desde que estamos confinados, más todavía. Sólo le queda una asignatura para acabar la carrera de Medicina y está asesorando para dar con la vacuna del coronavirus. El otro día le llamaron de un laboratorio de genética para ayudar a descubrir el secreto de la acelerada reproducción de los Kikes.

Algún día que otro, la pequeña estática me preocupa, pero la mayoría del año, no. Hoy necesitaba hablar con ella porque no sé qué va a pasar con su Primera Comunión, y se lo quería comentar. Le he dicho que, como probablemente no se celebre este año y el que viene tendremos lío con el bautizo del bebé, yo le doy una hostia y lo dejamos así.

Mientras se lo ha pensado, he ido a tirar cuatro bragas al patio.

Día 34º. Añorando las fiestas de El Pardo

Querido diario:

Esta mañana, he escuchado en los informativos que se van a suspender las fiestas de los pueblos y barrios, y he recordado lo bien que me lo pasaba en las de El Pardo cuando era adolescente.

El momento en el que recogíamos en un bar o en una tienda el programa de festejos era mágico. Tenía tantas páginas que teníamos que llevarlo entre dos.

Por aquel entonces, el escenario se montaba en la plaza y las atracciones, en el pino. Como ahora, los festejos se daban por inaugurados con el pregón. Recuerdo el año que vino Concha Márquez Piquer. La mujer no hacía más que llorar hablando de la imagen del Cristo de El Pardo. Acabó inundando el escenario y lo decretaron zona catastrófica. Cuando terminó y bajó, me abalancé sobre ella para pedirle un autógrafo y le fracturé dos costillas. Su manager me echó de su club de fans. Al día siguiente, me inscribí en el de Mägo de Oz.

También, por aquellos tiempos, se celebraba la coronación de reinas y damas de honor. Desde 1988 hasta 1997, mi madre me apuntó a los castings locales, pero nunca pasé de la primera ronda. Ni siquiera el año que me presenté en bañador.

Mis amigas Paqui, Encarni, Juani y yo empezábamos las noches tomándonos un calimocho en el bar que montaban en la plaza. Lo recuerdo con una barra como la historia… Interminable. El primer mini nos lo tomábamos el lunes en una esquina y, cuando llegaba el jueves, aún no habíamos llegado a la otra punta. 

La banda de la peña Los Buenos tocaba diana a las 8 de la mañana del primer domingo. Nosotras no dormíamos el sábado para acompañar a los músicos desde el principio del recorrido y todos los años nos perdíamos por el camino. Cuando ellos pasaban por la calle Caballeros, nosotras estábamos desorientadas en San Quirico. Luis de la Peña y Faustino siempre tenían que ir a buscarnos.

Con toda la resaca, nos tomábamos el chocolate con churros que daban en la plaza y nos sentábamos en las escaleras de la iglesia para animar a los que participaban en la carrera popular. Un año, nos preguntaron si queríamos ayudar dando botellas a los corredores y aceptamos. Teníamos tal resacón que nos bebimos el agua y se las dimos vacías. Dos de ellos nos empezaron a perseguir enfadados y acabamos ganando la carrera. El trofeo que me dieron lo tengo en la vitrina de las cosas raras.

El año en el que yo tenía 17 años estaba casi, casi, casi, tan atontada como mi hija la preadolescente. No me enteraba de la misa la mitad. Recuerdo que aparecí en Pedro’s, mientras repartían gamo, con un gorro de Papa Noél y espumillón. Paqui me dijo una hora antes que íbamos a tomar caldereta y yo la entendí que quedábamos para tocar la pandereta.

Siempre me ha gustado el ambiente que había en las fiestas gracias a la alegría de las peñas Los Moñas, Los Buenos, Los Bravatas, Berryondos… Después, se fueron uniendo El Pardo…Y Punto, Los Pekes, Ceda el Vaso, Las Lolis, Bar Palomero y las locas de Las Que Faltaban. Una noche, a éstas les pillé despistadas y les robé el carrito. Me fui a la cuesta de la carpintería, me subí y me lancé desde arriba. Acabé en el río empapada y con un golpe en la cabeza que me produjo amnesia total transitoria. Durante tres horas, me olvidé de mí misma.  

La carrera de chapas es una de las actividades más antiguas de las fiestas. Cuando la peña Berryondos la organizó por primera vez, me apunté, y en la segunda vuelta me descalificaron por dopaje.

Paqui, Encarni, Juani y yo nos pasábamos las horas en los coches de choque esperando a que el pardeño de turno se pegara con el chaval de fuera. Cuando se daban de hostias, nos íbamos a ver el torneo de las 24 horas. En aquellos partidos nos cogíamos unas cogorzas de aúpa. Jugábamos a ‘falta y gol’, que consistía en beber un sorbo de sangría cuando marcaban o pegaban patadas. Como al principio no se nos subía, cambiábamos las reglas. Además de la sangría, tomábamos un chupito de tequila cuando el balón se salía por la banda o había córner.

Si se nos acababa la bebida, íbamos a la caseta del tiro para ganar botellas de champán. Una de las veces, le di al palillo y se le metió a la gitana una astillita en el ojo. Me maldijo con un confinamiento.  

Nunca íbamos a casa a cenar. Nos alimentábamos a base de las sardinas y callos que repartían las peñas en la plaza. Un año, también merendamos gratis. Fue cuando nos colamos en la merienda que se ofreció a la Tercera Edad en el patio de la Casa de Oficios. Juani se hizo pasar por la nieta de una mujer y se llevó los sándwiches y la tortilla de patata.

En la procesión de la Virgen del Rosario sólo he participado una vez porque los miembros de la hermandad no quisieron verme más. Me ofrecí para llevar el estandarte y lo quemé con las velas. La imagen se salvó de milagro…

A las 2:45h. de la madrugada nos íbamos a ver las vaquillas. Por el camino, nos uníamos a la peña Los Moñas y cantábamos con los Kikes “Somos la peña Los Moñaaaaasss, no nos metemos con nadieeeee. Si se meten con nosotros, nos cagamoooooooos en su padreeeee”. Nunca se me olvidará el show de Esteban, el pescadero. ¡Cómo saltaba las vaquillas ese hombre! Cuando estaba delante del bicho, daba una voltereta hacia adelante y luego dos hacia atrás. También hacía giros, triples mortales y cabriolas. Recuerdo el año que acabó enganchado en una farola. Hace mucho tiempo que no veo a ese señor. Yo creo que ahora es profesor en el Circo del Sol.

Además de la Comisión de Festejos y la Hermandad Nuestra Señora del Rosario, en la organización de aquellas fiestas de El Pardo también participaba la desaparecida Asociación Familiar San Juan Bautista. Es cierto que se han perdido muchas cosas de entonces, pero hay que aplaudir la labor de las peñas y de la Asociación Vecinal de El Pardo que, desde hace nueve años, trabaja para recuperarlas y aportar cosas nuevas.

Yo ya soy una cuarentona, pero sigo viviendo y disfrutando muchísimo de nuestras fiestas. Ahora, en vez de pillarme yo los pedos, se los pilla mi hija preadolescente. En vez de disparar a los palillos, es mi hijo el que apunta a los de la orquesta. Y, en vez de montar en los coches, es la pequeña estática la que estudia ondas de choque.

¡Qué nostalgia! Voy a tirar dos bragas al patio.

Día 35º. Mi Paco, un manitas

Querido diario:

Me estoy dando cuenta de que el confinamiento está haciendo que nos conozcamos aún más entre nosotros. Resulta que mi hija, la preadolescente atontada, tiene el pelo rizado y no liso, como yo creía. El mediano suicida tiene 11 años y no nueve y medio, como pensaba. Y, a la pequeña estática le gusta el cola cao y no el café solo.

Pero lo que realmente me ha sorprendido es la faceta de manitas e inventor de mi Paco. Llevo casi 20 años con él y la desconocía. Aunque creo que él también…

Desde hace un par de semanas, sale por las tardes al balcón con una caja de herramientas que ha debido pedir prestada a los de Jabato Motor, porque él no había visto un tornillo en su vida. Ahí fuera se aísla y empieza a desmontar cosas y a inventar.

Todo empezó el día que se me estropeó el secador de pelo. Lloré y pataleé tanto que decidió echarlo un vistazo. Hubo varios intentos de arreglo. En el primero, lo terminó de quemar y dejó sin luz a los bajos y a los primeros de las calles Carboneros y San Arturo. En el segundo intento, provocó un corto circuito en los segundos y terceros. Al final, logró que el secador funcionara, pero en vez de aire caliente, echa cubitos de hielo. Lo tenemos al lado de la nevera para los cubatas y lo vamos a comercializar por los bares de El Pardo

Se emocionó y al día siguiente me pidió la tostadora de rejilla para limpiarla y hacer algún apaño. Ahora tengo en casa mi propio aparato de rayos uva. Me ha venido muy bien porque, desde que estoy confinada, me veo muy pálida. El primer día tuve una quemadura de segundo grado, pero ya voy cogiendo color. Mi Paco leyó que había que arreglar algo de la resistencia y ahora corre 50 minutos al día. Me ha dicho que ya tiene tanto fondo que va a volver a jugar en la A.D. El Pardo. Yo no le he querido decir nada, pero en todo caso le ficharán para el equipo de veteranos y viejas leyendas.   

La semana pasada le pedí que echara un vistazo al lavavajillas porque no limpiaba bien. A la hora de probarlo, en vez de poner la pastillita de jabón, echó medio bote de Fairy líquido. Empezó a salir tanta espuma que nos montó un spa en la cocina con chorros y todo. Mañana, lo vamos a llenar con aguas medicinales, que obtendremos mezclando dos litros de agua con aspirinas, ibuprofeno y nolotil, y tendremos un balneario.

Últimamente, los canales de televisión no se ven bien y ayer lo solucionó mi Paco. Con un trozo de cable coaxial, dos tenedores y cinta aislante, hizo una antena. Cuando la enchufó a la tele, le dio una pequeña descarga eléctrica y se le rizaron las pestañas, pero funcionó. Se ve con tanta nitidez que le puedo contar los puntos negros a la chica que da el tiempo. Además, ahora captamos canales de países que no sabíamos ni que existían, como Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y Aquitambienestán. Precisamente, en este último salió un Kike presentando los informativos.

Ayer, mi Paco se dejó a medias varios inventos y hoy se ha levantado temprano para terminarlos. Está diseñando un dosificador para el bote de Nocilla, porque la preadolescente atontada se la come a un ritmo preocupante. También, rejas electrificadas infantiles para las ventanas de la habitación del mediano suicida, y un GPS con planos de nuestra casa para que la pequeña estática no se pierda cuando decida salir de su habitación. No se ha olvidado del bebé que viene en camino y le está haciendo un body con una mopa cosida para que limpie el suelo cuando gatee. A mí, me está diseñando un taller de moda y confección con todo lo necesario para fabricar bragas anticaída.

¡Qué ganas de estrenarlo! Mientras, voy a tirar tres bragas al patio.  

Día 36º. Un huerto en casa

Querido diario:

Esta tarde, como llevábamos mucho tiempo sin hacer nada en familia (una hora), he pensado hacer una nueva actividad todos juntos. El otro día leí que el confinamiento es un buen momento para que los niños tengan pequeñas responsabilidades y una opción puede ser ocuparse de su propio huerto. O sea, pueden madurar al mismo tiempo que lo hace un tomate, una berenjena o un calabacín.

He llamado al convento del Cristo para que me pusieran con el responsable de su huerto ecológico y me diera unas pautas, pero no han cogido el teléfono. Debían de estar bendiciendo los alimentos.

He buscado un tutorial en Internet y me he detenido en uno que decía que un huerto en casa nos hace comprender la naturaleza. No me comprendo ni yo, pero me he descargado ese mismo. Luego, he elegido qué plantar. Parece ser que hay que escoger según la época del año en la que estemos, pero como el tiempo se ha detenido, yo creo que puede valer cualquier cosa. Así que, me he decidido por tomates, zanahorias, pimientos, espinacas, guisantes, rábanos, cebollas, lechugas, berenjenas, pepinos, habas, fresas, ajos y Kikes.

Los expertos recomiendan montar el huerto en un lugar soleado. Como, por la mañana, da el sol en la cocina, a medio día, en la ventana de mi habitación y, por la tarde, en el balcón, lo hemos ido trasladando. Lo de la toma de agua ha sido complicado y mi Paco ha tenido que hacer un apaño. Ha ideado un sistema de riego reventado la tubería que pasa por debajo de mi cama y, en el balcón, ha llenado los cables del teléfono de agua y ha hecho agujeritos.

El señor del tutorial ha dicho algo de un vendaje para desahogarse. Iba a coger el maletín de primeros auxilios pero luego no ha hecho falta, porque mi Paco ha diseñado un sistema de drenaje y desagüe, que debe ser lo mismo pero más rústico.

Como yo no tengo tiestos, hemos utilizado los vasitos de yogur. No tenía ninguno vacío, así que le he pedido a los niños que se comieran diez cada uno. Si alguno se va la pata abajo, lo utilizaremos como compost.

Una vez limpios, los he llenado de tierra, que he recogido barriendo la casa, sesos de cordero, gamas, langostinos y una piedra de granito. Y es que el tutorial dice que tiene que ser rica en materia orgánica, minerales y nutrientes. Para remover la tierra, he utilizado la batidora.

Antes de plantar, hemos tenido que labrar. No tengo horquilla de cavar, por lo que he enterrado las que uso para el moño que me dio Regina. Me han venido muy bien el rastrillo y la pala de la playa y la espátula que me regaló Rosi para hacer los huevos fritos.

He dividido la plantación de las verduras y hortalizas entre los cinco. A la preadolescente atontada le he mandado que se encargara de la cebolla. Así, llora y con razón. Al mediano suicida, de los guisantes. Le gustan mucho porque se cree que son balines de escopeta. A la pequeña estática le he adjudicado las zanahorias, porque son buenas para la vista y se me está quedando ciega con tanto cálculo. Mi Paco se ha hecho cargo de los pepinos, por eso de que de lo que se come se cría. Yo, como soy mujer y puedo hacer mil cosas a la vez, me he ocupado de los tomates, pimientos, espinacas, rábanos, lechugas, berenjenas, habas, fresas y ajos.

Sinceramente, pensaba que no íbamos a sacar gran cosa pero, a las dos horas, hemos recogido dos botes de gazpacho, una lata de menestra de verduras, un paquete de parrillada de berenjenas, pimientos y tomates, un tetra brik de crema de guisantes y otro de sopa vegetariana.

¡Qué sabor! Me van a llamar ‘Pepi, la verdulera’.

Yo creo que mañana haremos un acuario para criar merluza, bacalao y salmón. Mientras le doy vueltas, voy a tirar cuatro bragas al patio.

Día 37º. Nos vamos de escalada (desescalada)

Querido diario:

Al principio del confinamiento, estaban todos los jefes empeñados en que nos fuéramos al Jerte y, ahora, el Gobierno quiere que nos vayamos de escalada.

A lo largo del día de hoy lo he escuchado 1.000 veces en los informativos. Parece ser que sólo se puede ir con niños menores de 14 años y a partir del 27 de abril. Como está todo el mundo loco por salir, no he perdido tiempo y he enviado un email para reservar sitio en el rocódromo de la Complutense. Es el más cercano, así no nos multan.

Sólo puedo llevarme a escalar al mediano suicida y a la pequeña estática. El Gobierno, como yo, considera peligrosos a los pre y adolescentes, y sigue sin dejarles salir. Así que, la mayor se queda en casa con su padre. ¡Qué le corte el pelo que falta le hace!

Tendré que tener mucho cuidado con el niño porque éste es capaz de no ponerse el arnés y tirarse de cabeza desde lo alto. La pequeña no me preocupa. La dejaré abajo cuidando las mochilas. 

Mientras estaba preparando la sopa de sobre y sacando las lonchas de jamón york para comer, una de las 124 vicepresidentas que tiene el Sánchez ha dicho que la escalada se tiene que hacer por territorios. Por lo tanto, he pensado que cuando nos aburramos del rocódromo, iremos a Gredos y seguiremos hacia el norte hasta llegar a Asturias. Allí, buscaré a un Kike, farmacias, panaderías y bancos porque, por lo que he entendido, son los únicos sitios donde permiten escalar con niños durante el confinamiento.

Quizá, la mejor opción sea quedarse en El Pardo porque ya conocemos el terreno. Cuando vaya a por el pan a la tienda de Kike, podremos practicar escalada en roca en los soportales de la plaza. En las farmacias, optaremos por la escalada urbana y treparemos por la Casa de Oficios y el muro y, cuando vaya a Ibercaja, le pediré a Michi que ponga la canción ‘We are the champions’ para motivarnos. 

La amiga de Sánchez ha recomendado que hay que actuar con sentido común, pero yo no sé quién es ese señor y creo que ella tampoco. También, con todas las medidas de seguridad. Aquí he tenido que buscar un tutorial de Internet porque, además del arnés, no sé qué hay que llevar. He visto que lo más recomendable es llevarse un rosetón, algo parecido a la harina para no resbalar y los pies de un gato. Me llevaré a Mica, el de mi vecina.

Esto va a ser un caos, porque toda España va a ir a escalar con los niños menores de 14 años, pero el Gobierno ha dicho que no pasará nada. Es más, según el presidente, poco a poco se podrán hacer más actividades en familia al aire libre. Voy a ir preparando la barca para hacer rafting en el río, que ya lo tenemos limpito.

Voy a tirar tres bragas al patio y a leer el manual ‘Cómo escalar con niños en el confinamiento sin morir en el intento’.

Día 38º. Hoy, clases de baile

Querido diario:

A mí siempre me ha gustado bailar. En la cuna, ya practicaba el grand plie y con el tacatá, el croisé y el effacé. Me rompí mi primer diente antes de que me saliera. Con un año, cogí los tacones de mi madre y me inicié en el flamenco. Lo tuve que dejar porque hice un agujero en el parquet del salón y me castigaron con un confinamiento de los de antes.

Cuando fui a las monjitas, ya era toda una experta e inventé el zumba. Recuerdo que sor María Jesús me sacaba al huerto y me dejaba allí con las gallinas. Decía que necesitaba espacio. En una ocasión, se le olvidó recogerme y estuve allí una semana. Sobreviví a base de sus lechugas, tomates y huevos.    

Recuerdo los festivales de fin de curso del cole. Siempre los hacíamos en el cine. Yo era de las bajitas, pero no sé por qué razón las profesoras me ponían en la última fila. En 2º de EGB me caí del escenario y atravesé la corteza terrestre y, en 3º, me enganché el moño con el telón y se vino abajo. Cayó encima de mis compañeros y a dos se los tuvieron que llevar al hospital por asfixia.  A partir de 4º, estuve en el backstage.

Ya siendo adolescente, cuando a mi madre se le pasó el enfado del parquet, me dejaba practicar ballet en el balcón. Me venía muy bien porque utilizaba la barandilla como barra. Con el tiempo, los tornillos se fueron aflojando y del dégagé pasé a la caída libre desde un 3º . Me recogió un Kike que pasaba por allí. Tuve una lesión muy grave y no pude seguir bailando.  Los siguientes años los dediqué a aprender idiomas. Hablo a la perfección suajili, chemehuevi y chamicuro. Los uso para insultar cuando voy conduciendo. 

Esta mañana, me ha llegado un WhatsApp de una compañera del trabajo invitándome a clases on line de baile. He sentido curiosidad y he encendido mi ordenador Robocop. Había una gran oferta; bailes de salón, chachachá, merengue, pasodoble, salsa, claqué, flamenco, mambo, samba, danza del vientre… Había que registrase en la escuela. He metido mi usuario de siempre ‘La Pepi de El Pardo’ y he puesto c o n t r a s e ñ a. No sé dónde le habré dado que ha aparecido Sara Baras marcándose un tango y una de Bollywood bailando una sevillana. También, he cancelado la gira de conciertos de Chayanne y he registrado la lambada como Patrimonio de la Humanidad.

Es increíble lo que hacen las nuevas tecnologías. Resulta que podía elegir una pareja de baile virtual y, como no soy tonta, me he lanzado a por Patrick Swayze, el de Dirty Dancing. Una chica ha sido más rápida que yo al cliquear, así que le he hackeado su cuenta y se ha tenido que conformar con una clase de pilates.

Me he puesto el top rojo y la minifalda de vuelo de la preadolescente atontada y le he dado a la opción merengue y chachachá. Me he marcado una coreografía con Patrick que ni Beyoncé. Michelín pa arriba, michelín pa abajo. Cartucheras pa allá y cartucheras pa acá. He acabado tan asfixiada que ha aparecido un holograma de David Hasselhoof y me ha hecho el boca a boca.

Una vez recuperada, me ha apetecido marcarme un mambo y he elegido de pareja a Rambo.  Le he pisado sin querer y me ha dado cuatro tiros y cortado el cuello.  Menos mal que era virtual. Le he apagado y he puesto el nivel 1 de danza del vientre. Aquí, se podía elegir ambiente y escenario. He buscado en Google Earth la Plaza Rogelio Enríquez y me he situado virtualmente donde estaba el quisco de Quero. Allí me estaban esperando Anaís, la nieta de Marcelino, y mi amiga Esther. Las dos son unas fenómenas en esto. He cosido unas moneditas a la falda y al top, y me he liado a hacer movimientos hasta que se me ha salido la cadera. He tenido que dejar el paso doble, la salsa, el claqué y el flamenco para otro día.

Mientras me estaba desconectando de las clases, he ido a tirar cinco bragas al patio.

Día 39º. Día de lectura

Querido diario:

Hoy es el Día del Libro. Buen momento para retomar las lecturas que dejé antes del confinamiento. Y es que, con el teletrabajo, los deberes, exámenes, juegos de mesa, la preparación del viaje al Jerte, la escalada, el baile, la gimnasia, el cambio de armarios, la limpieza y desinfección, los desayunos, almuerzos, el vermut, las comidas, meriendas, cenas y el picoteo de madrugada no he tenido tiempo de abrir una revista.

Me he acordado más que nunca del quiosco de prensa que tuvo Herminia en el pino, que luego regentó Mariví. También, de las papelerías de Mª Carmen y de los Díez.

Hasta la cuarentena, las revistas se las robaba a Regina y a Almudena, como ya no puedo, las he tenido que descargar de Internet. Mi amiga Flor, otra de tantas que celebra hoy su cumple confinada, me ha enviado un enlace para verlas gratis. He entrado, y al buscar el ¡Hola!, Semana, Lecturas, Diez Minutos y el Pronto, no sé dónde habré dado que me han salido un montón de libros de consejos y autoayuda. ‘Salúdate con un ¡hola! y en el confinamiento no te sentirás sola’. ‘No ocurre nada si pasas la semana confinada’. ’Lecturas para aguantar sin amarguras’. ‘Diez minutos contigo misma sin romperte la crisma’. ‘Aguanta como un tonto que saldrás pronto’.

No me interesaban, así que le he mandado el primero a la preadolescente atontada, el tercero al mediano suicida y el último, a mi Paco. La pequeña estática estaba leyendo un facsímil que narra cómo era El Pardo a finales del siglo XIX. Por aquel entonces, ya había Kikes por aquí.

Después de tres horas navegando por el maravilloso mundo de Internet y nadando en océanos y mares, por fin, he dado con las últimas publicaciones del cotilleo nacional. ¡Jesús! ¡Qué de cosas han pasado en 39 días! Julio Iglesias ha tenido dos hijos más (ya van 134), Isabel Presley ha cumplido 25 años y es bisabuela, Belén Esteban ha ascendido y ha pasado de princesa del pueblo a reina, Cristiano Ronaldo se ha arruinado y vive como el rumano que teníamos por aquí antes, Pilar Rubio celebra el bautizo de su 10º hijo, David Bisbal se ha quedado calvo y Kiko Rivera canta copla.

Después de leer la letra pequeña, que es muy importante y siempre la pasamos por alto, me he ido a la sección de nacimientos e hijos. He comprobado que las famosas que han dado a luz estos días salen del hospital con una talla menos de la que entraron, la 32. También, que son súper, súper, súper felices durante el confinamiento con sus pequeños. Ellas no se estresan con los deberes, no se enfadan con las peleas entre hermanos, les gusta que salten encima de las camas, no tienen a los niños en pijama, hacen con ellos pastelitos y bizcochos sin manchar la encimera… Todas se lo pasan genial con sus hijos y durante el encierro siguen pensando que son lo mejor que les ha pasado en la vida…

¡En mi casa de diminutos las querría ver yo! Con una cocina que caben dos personas y de lado, un salón con capacidad para una tele de 14 pulgadas, un baño con el lavabo dentro de la ducha y una habitación de matrimonio con literas. ¡Ah! Y sin jardín. Aquí lo único verde que tenemos es el musgo del portal de belén.

¿Y lo divinas que salen en las revistas las famosas? Cocinan con vestido de fiesta, tacones y moldeado, se bañan maquilladas y no se les corre el rímel ni se les va el pintalabios, nunca se les arruga la ropa ni se les encrespa el pelo.

Mientras averiguo qué máster han estudiado para matricularme, voy a tirar cuatro bragas al patio.

 

Día 40º. La crisis de la cuarentena

Querido diario:

Ayer me acosté súper contenta porque pensaba que hoy ya podríamos salir. Como es el día 40, creí que la cuarentena tocaba a su fin. Cuando estaba intentado ponerme los vaqueros (se me han atascado en los muslos), mi Paco me ha preguntado dónde iba. Después de decirle que era obvio que a la calle porque la pesadilla había acabado, me ha explicado que la palabra ‘cuarentena’ no quiere decir que el confinamiento dure exactamente 40 días.

No me he quedado convencida, así que he ido a consultar el diccionario y ahí pone Tiempo de 40 días, meses o años’. ¡Añooooooossssssssss! ¿Cómo vamos a estar aquí metidos hasta 2060?

Estoy muy sensible con el embarazo y me ha dado por llorar. He derramado tantas lágrimas, que podría haber llenado la piscina que El Pardo siempre quiso y nunca tendrá. Del llanto he pasado al asco, del asco al miedo, del miedo a la alegría, de la alegría a la culpa, de la culpa a la tristeza, de la tristeza a la ansiedad… Vamos que, en cinco minutos, más que una revolución hormonal he tenido la industrial, la francesa, la de octubre y la de los claveles.

He intentado animarme pensando en la llegada del bebé, pero ha sido peor. ¿Qué vida va a tener esta pobre criatura si saldrá de aquí siendo pensionista y sin haber cotizado? Yo que pensaba llevarle a la nueva guardería ‘El Nido de Patita’, tendré que apuntarle directamente al Centro de Mayores Alfonso XII. He visto que allí dan talleres de memoria, pero no pienso matricularle, lo mejor es que olvide esta pesadilla. Sí lo haré en gimnasia de mantenimiento. Digo yo que será parecido a la psicomotricidad de la guardería.

Me da mucha pena que el bebé no vaya a ir nunca al colegio. Mi idea era haberle llevado a desayunos, a las 7h., y haberle recogido a las 19h. cuando terminaran las extraescolares. Ahora le tendré en casa dando por culo todo el día…

Jamás sabrá lo que son unos columpios, ni se podrá tirar de cabeza desde lo alto del cohete, como su hermano. Lo único que conocerá serán los aparatos de gimnasia para los mayores que hay en Pedro’s. Y, como herede el reúma de su abuela, ni eso.

Aún tengo guardado el triciclo de los mayores. Se lo sacaré al balcón para que lo pueda usar y, cuando cumpla los 18 años, le diré a Pepe Curiel que le dé unas clases de conducir on line. Es probable que cuando salga de aquí tenga cataratas y no pueda ponerse al volante, pero que viva de la ilusión…

¿Y su primer amor? Si el bebé sale guapo, lo vivirá con los 60 recién cumplidos, pero si es poco agraciado, tendré que apañar un matrimonio de conveniencia. Yo creo que habrá un montón de voluntarios porque la generación de los coronielians promete ser numerosa. Estoy pensando que podríamos emparentar con los Kikes. Todavía habrá alguno por aquí en 2060…

Tampoco conocerá el mar, ni irá en avión. Le asomaré de vez en cuando por la ventana para que vea el río y se haga una idea, y le lanzaremos por los aires entre todos para que viaje con turbulencias.

¿Y la preadolescente atontada? Si ya es insoportable con su crisis del acné, imagínatela cuando empiecen a salirle arrugas allá por 2042. Tengo que pensar cómo echarla de casa y que no me la devuelvan.

Si mi Paco y yo hemos conseguido que el mediano suicida llegue a los 11 años sin apenas un rasguño, yo creo que lo tendremos por aquí hasta 2060. Seguiremos reforzando las rejas de las ventanas y quintándole los objetos punzantes de su alcance, por si acaso…

La pequeña estática es la que más me preocupa. La niña podría haber llegado a ser una eminencia de las matemáticas, una astrofísico muy reconocida o un médico con la especialidad de cardiología, dermatología, hematología, traumatología y todas las gías. Nos vamos a conformar con aplaudirla a las 20h. por lo que pudo ser. Aunque, pensándolo bien, todavía no estará en edad de jubilación cuando salgamos de aquí y podría ser la nueva pediatra del centro de salud de El Pardo. Un profesional que se extinguió aquí hace mucho tiempo.

Voy a tirar tres bragas al patio para estirar las piernas, que ya se me empiezan a hinchar con el embarazo. 

Día 41º. Preparando la salida de los niños

Querido diario:

Mañana, por fin, podrán salir los niños a la calle. Estoy convencida de que los padres estamos más contentos que los hijos. También, de que habrá más de uno que se olvide a alguno fuera…

Al comentarlo con mi amiga Paqui por teléfono, me ha preguntado si ya había leído el boletín oficial para enterarme de las normas. Pero en el buzón solo había un catálogo de muebles con descuento, un paquete de Amazon, una carta del banco y otra de la Agencia Tributaria. Las he tirado sin abrir porque me dan mucho miedo.

He puesto la tele para ver qué decían los informativos y me han hecho todo el lío. Primero, han informado de que pueden salir los niños menores de 12 años. Después, que también los de 13 y 14. A continuación, han dicho que estos últimos no y, luego, que a lo mejor sí. He cambiado de cadena y, aquí, se los han dejado a todos en casa. En otra, han decretado que la mayoría de edad sea los dos años, para que todo el mundo que ya sepa andar se vaya a la puta calle.

Como no me he aclarado con tanto número, le he pedido a la pequeña estática que haga ella misma la estimación y se la mande al Gobierno. En media hora, ya había hecho los cálculos teniendo en cuenta diferentes variables; la zona geográfica, los metros cuadrados de la vivienda, el número de miembros de la familia, el grado de maduración del menor y la edad psicológica de los padres. Le he dicho que esto último lo quitara porque si no, de mi casa no sale mañana ni Dios.

En uno de los 58 grupos de WhaysApp de padres del colegio que tengo en el móvil, una mamá ha comentado algo del número de niños y padres que pueden ir a la calle. Parece ser que un hijo puede llevar a tres padres. Y, si la familia es monoparental, el niño tiene opción de elegir, para que le acompañen, a dos tíos o a un primo y a un tío. En lo que respecta a los hermanos mayores, si tienen más de 14 años, pueden ir haciéndose una cuenta ahorro vivienda. Y si han cumplido los 18, tienen obligación de hacerse cargo de la hipoteca de los padres. De los abuelos, nadie ha dicho nada. Deduzco que todos se van a quedar en casa cuidando de los perros, que los pobres tienen encima una paliza de aúpa. Los que tienen pulsera han llegado a contabilizar al día más de un millón de pasos.

Mi Paco me ha dicho que también, a partir de mañana, los mayores de 14 años pueden hacer recados. Ni de coña mando yo a la preadolescente atontada a por el pan. Antes del confinamiento la encargué que trajera una espiga y me trajo del monte un ramillete. También, le apunté en la lista vino blanco para cocinar y llegó a casa con un pedo de narices.

Se podrá salir una hora. Me parece poco, así que, si me paso y me paran los policías, les diré que soy de Canarias y que el tiempo de la Península me confunde.

Tengo que elegir una franja horaria que vaya desde las 9h. a las 21h. Como ahora las tardes son más largas, saldremos a partir de las 16h. No, si tonta no soy. Aquí los políticos no me engañan.

En el WhatsApp, los padres también han comentado cuánto nos podemos alejar de casa. La mamá de Anita, la chiquita que está casada con uno de los Kikes, ha explicado que no podemos recorrer más de un kilómetro. El Pardo es pequeño y, como más de uno haga mal la medición, nos vamos a chocar. Y no dejan.

Los vecinos de la calle Brunete tendrán que ir hacia avenida Padre Cipriano para no encontrarse con los de San Lázaro y estos, tirar hacia el colegio, para no acercarse a los de San Pancracio. Las familias de San Cirilo, o se están quietas, o se toparán con dos frentes a la vez: San Leandro y San Gelasio. Siguiendo con el santoral pardeño, cuando los vecinos de San Paciano cojan dirección a la derecha, los de San Quirico tendrán que ir por la izquierda, y viceversa.

Menos mal que la acera de la calle Caballeros la ensancharon y ahora es de 2,45 metros, si no, por allí no podríamos pasar. Será una buena opción para ir con los niños a la plaza, pero en fila india. Si mucha gente opta por subir la cuesta del Cristo de El Pardo, propongo ir por la izquierda en las horas pares y en las impares, por la derecha, para que no haya atasco.

Estoy deseando que llegue mañana. Voy a tirar dos bragas al patio para que se me haga corta la espera.

Me he quedado paralizada porque no sabía hacia dónde ir. No me sonaba nada y mi calle no me resultaba familiar. He pensado que estaba en otra dimensión, hasta que he visto a un Kike pasear con tres críos y a otro, con dos. Yo creo que estos se han multiplicado (aún más) durante el confinamiento.

Me ha parecido ver de lejos a una foca, pero al fijarme bien, he visto que era la mamá de Merceditas. ¡Jesús! ¡Cómo se ha puesto la mujer estos días! En la otra acera, estaba Puri con sus dos hijos. Me ha costado reconocerla sin tinte ni moldeado.

He ido dirección al río y, al cruzar la esquina, me he topado de frente con el papá de Francisquito y Maricarmen. He tenido que frenar en seco para no pasarme del metro y medio de distancia. Tal ha sido la frenada, que se me han quemado las suelas de las zapatillas y han tenido que venir los bomberos a apagar el incendio.

He mirado el reloj y nos quedaban 25 minutos de libertad. La verdad es que me he sentido como un preso con permiso penitenciario de un fin de semana. Iba a proponer a los niños coger la calle Guardia Civil, tirar por Doctor Mediavilla, subir por Soldado y acabar en la avenida de la Guardia, pero he abortado misión porque venía por allí la mamá de las gemelas Pili y Mili. Esta mujer es muy pesada. Se lía a hablar y a hablar y se van las horas con ella. Y no estamos, precisamente, para perder el tiempo en estas salidas. 

Al final, no hemos gastado la hora porque la pequeña estática estaba muy cansada. La niña no está acostumbrada a andar. Le he tomado el pulso y tenía 300 latidos por minuto. De vuelta a casa, ha recuperado su color y ya andaba en línea recta.

A la espera de una nueva salida, voy a tirar tres bragas al patio.

Día 43º. Día de retos

Querido diario:

Durante las últimas semanas, me han mandado WhatsApp muchos familiares, amigos y conocidos desafiándome y queriendo competir conmigo. Al principio, no hice caso porque pensaba que se equivocaban de persona, pero he empezado a preocuparme. Y es que ahora se dirigen a mí directamente. “Pepi, te reto con el papel higiénico”. “Pepi, te reto con la escoba”. “Pepi, te reto haciendo el pino”. “Pepi, te reto en la ducha”. “Pepi, te reto con tres mortales”.

Esta mañana, justo cuando mi prima, la de Arroyomolinos, me ha mandado otro duelo de esos, pasaba por mi lado la preadolescente atontada. Al verlo, me ha quitado el móvil y se ha puesto a saltar y a gritar como una loca. “¡Yo quieroooooooo!”. “¡Pásameloooo, pásameloooo!”. “Rétameee, rétameeeee”. No entendía nada. Le he pedido que me dijera qué estaba pasando y por qué ahora, que estamos confinados y necesitamos tranquilidad, la gente me odia y sólo busca pelea. 

La tonta se ha descojonado en mi cara. ¡Qué hostia le daba! Me ha explicado todo. Resulta que lo que me está enviado la gente se llama algo parecido al cantante buenorro de ‘Torero’, challenges. Son retos que se hacen a través de las redes sociales. Comienzan cuando una persona desafía a otra a hacer algo mientras se graba con el móvil. Después, ésta nomina a otros y, así, sucesivamente. En definitiva, una gilipollez como un templo.

Me ha picado la curiosidad y he buscado en el móvil todos los que me habían enviado hasta hoy. He contado 125 pero, como no me da la vida para tanto reto, le he pedido a la preadolescente atontada que me dijera cuál molaba más. “Mamá -me ha dicho señalando a uno- éste es el más viral”. Otra hostia que se lleva. Hartita estoy de los virus.

Primero, he abierto el reto que me envió Miriam, la chiquita que jugó en el Atlético de Madrid, que consiste en dar 10 toques a un rollo de papel higiénico. No he cogido cualquiera, me he decantado por el de doble capa con tamaño tradicional, de celulosa y textura ultrasuave. No se me ha dado mal. He dado dos toques a la primera y sólo he roto tres figuritas del salón.

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Para el segundo reto, necesitaba a una pareja y le he pedido a mi Paco que lo hiciera conmigo. Había que tumbarse uno al lado de otro, después, levantarse y apoyar los antebrazos, luego, abrir y cerrar las piernas, tocarse los hombros, chocar las manos y pasar uno por debajo del otro. Nosotros hemos llegado hasta el segundo paso y nos hemos enredado. He tenido que llamar a la pequeña estática para que solucionara el problema. Después de medir los ángulos obtusos, las perpendiculares, el radio de la circunferencia y el área del romboide, nos hemos podido levantar.

Al incorporarme, he visto a la mayor con una escoba. No podía creerme que estuviera barriendo. Y no lo estaba. La atontada intentaba superar un reto que consiste en pasar piernas, brazos, culo y espalda por delante y por detrás de este útil de limpieza. Cuando casi lo consigue, ha perdido el equilibrio y se ha ido hacia adelante. Eso sangraba más que un cochino en el matadero.

Iba a llevarla a la Casa de Socorro, pero me he acordado de que la cerraron hace mucho tiempo (allá por el siglo XIX). Nunca más supimos de un servicio de urgencias, en El Pardo. He llamado al centro de salud y, tres horas y media después, me han atendido y me han dicho que llevara a la cría a Isla de Oza, pero yo hasta Galicia no me voy. Le he puesto una tirita y al rato se le ha cortado la hemorragia.

Antes de dejar el móvil, he probado otro reto que me ha llamado la atención. Me lo mandó uno de los Kikes la semana pasada. Éste es más tonto que ninguno. El reto, me refiero. Consiste en quitarse un jersey haciendo el pino. Me he puesto a ello y, al principio, no iba mal la cosa. El problema es que he cogido uno de cuello alto y he empezado a asfixiarme. Tan a tiempo, ha pasado por allí el mediano suicida pero, en vez de ayudarme, se ha unido al reto y los dos nos hemos empezado a poner morados. Si el jersey llega a ser de nueva temporada, morimos. Menos mal que era uno que me compré en 1982 y estaba pasado.

Me he animado a inventar mi propio reto: tirar bragas al patio. Después de grabar el lanzamiento de tres, se lo he pasado a mi amiga Paqui y la he nominado.

Día 44º. La primera ecografía del bebé

Querido diario:

Hoy, ha sido un día muy bonito. Me han hecho la primera ecografía del bebé. Yo pensaba que, con esto del confinamiento, no tenía que ir al médico y que pariría en casa. Pero parece ser que, para dar a luz, nos dejan salir. Yo creo que es porque los bebés tienen menos de 14 años.

La semana pasada me llamaron del hospital Fernando Díaz Jiménez o Felipe Jiménez Díaz o Jimena Díaz Fernández (siempre me lío con el nombre) y me dijeron que fuera hoy a las 11h. Después de desayunar, hemos estado haciendo memoria para saber dónde aparcamos el 14 de marzo. Luego, nos hemos acordado de que no tenemos coche. Hace dos años, un jabalí nos atropelló en la carretera de Fuencarral y lo dejó siniestro y lleno de pelos.

Hemos cogido de chiripa el 601. Para mantener la distancia de seguridad en el autobús, yo me he sentado delante y mi Paco detrás, con los malotes. He ido dando conversación al Petete y dándole indicaciones para que no se perdiera. A la altura de Somontes, estaba la Guardia Civil haciendo test. Luego dicen que en España no los hacen, pues los agentes estaban con cuatro coches ahí liados. He estado a punto de decirle al conductor que parara para que nos lo hicieran, pero íbamos con prisa y no me quería entretener.

A pesar de ser hora punta, no había atasco en Madrid. Debe ser porque todo el mundo está en el Jerte y de escalada.

Hemos tardado en llegar al hospital porque nos hemos perdido. Al no salir por la puerta del intercambiador de siempre, me he desubicado. Hemos aparecido en la calle Princesa en vez de en Reyes Católicos. Yo sabía que la dirección tenía que ver con la monarquía, pero yo con los Borbones y los Austrias siempre me he liado.

Ya, en la entrada, hemos tenido el dilema de las puertas. ¿Por qué en este hospital hay 25? Lo hemos echado a piedra, papel y tijera y hemos entrado por la del personal. Les hemos aplaudido a todos.

Yo siempre me pierdo en los hospitales. Cuando quiero ir a Urgencias, voy a Oftalmología, después de haber pasado por Urología. Si tengo cita en Psiquiatría, me hacen pruebas en Alergología y, si me llaman los de Oftalmología, me escayolan en Traumatología. Lo mejor que me ha pasado ha sido ir a hacerme una radiografía y acabar en la cafetería.

Prefiero el centro de salud de El Pardo. Allí, no te pierdes y lo tienes todo a mano. Das medio paso hacia delante y tienes la enfermería, haces un giro de 45 grados y entras en la consulta de la simpática y, justo enfrente, está la del pediatra, que no sé para qué está porque nadie le ha visto nunca…

En los hospitales me ha pasado de todo. Una vez me echaron de la UCI. Entré para firmar no sé qué papel, pensando que era la oficina sindical ‘Unión de Celadores Interinos’. En otra ocasión, estuve seis días en la sala de espera de Urgencias con una brecha en la cabeza. Cuando salía mi número para ir al triaje, pensaba que me llamaban para hacer un traje. Y, claro, yo no estaba allí para coser, sino para que me cosieran a mí.

También es verdad que no siempre me he perdido yo en el hospital. Cuando nació mi hija, la preadolescente atontada, el celador que me llevó del paritorio a mi habitación dio tantas vueltas, que cuando llegamos la niña ya había cumplido un mes.

Cuando di a luz al mediano suicida, no quise pasar por la misma experiencia, así que, después de ponerme la epidural, fui dejando miguitas por el pasillo. Del nacimiento de la pequeña estática no recuerdo mucho. Solo que, cuando me dieron el alta y llegamos a casa, nos llamaron el hospital para ir a por ella porque nos la habíamos dejado allí.

Esta mañana, estaba citada la cuarta y he entrado la vigésimo tercera, justo detrás de la chiquita de los Kikes. Me ha dicho que, cuando nazcan sus gemelos, serán 443 en la familia. Como sigan procreando, no vamos a caber en El Pardo

Al entrar en la consulta, he pensado que había entrado en una sala de cine. Y es que ya no se ve al bebé en la pequeña pantalla del ecógrafo, ahora se visiona en teles de 55 pulgadas. Le he pedido a mi Paco que fuera a por palomitas y una coca-cola grande. En cuanto el ginecólogo ha aplicado el gel en mi tripa y ha deslizado el transductor por la zona, ha empezado la película. Parecía Canal+ cuando era una cadena codificada. Yo no veía más que rayas negras sobre fondo gris. El médico ha señalado la cabecita del bebé, su tripita y piernecitas, y yo sólo veía una judía junto a un garbanzo. Lo único que creía haber distinguido era el chichi y me han dicho el que era un pie.

Los hermanos mayores han podido ver a su hermanito por videoconferencia. La preadolescente atontada se ha fijado más en el enfermero que en el bebé, el mediano suicida ha peguntado por el instrumental médico y la pequeña estática ha corregido las medidas del feto que había apuntado el ginecólogo.

Cuando hemos llegado a casa estaba agotada. Sólo tenía fuerzas para tirar dos bragas al patio.

Día 45º. Encuentros en la tercera fase

Querido diario:

El Gobierno sigue empeñadísimo en que nos vayamos de escalada. Pero ahora, no sólo los niños, sino todos.

Según he estado viendo en los informativos, el presidente lo está intentando organizar para que no vayamos todos a escalar al mismo sitio ni a la misma hora. Y yo creo que hace bien, porque mira cómo estaba La Pedriza de masificada últimamente. Y, porque en El Pardo no tenemos un rocódromo, sino los domingueros iban a ser nuestra última preocupación…

El señor Sánchez no tiene muy claro cuándo vamos a empezar. Ayer dijo que el 2 de mayo, esta mañana que el 4, el viernes dirá que el 32 de junio, el domingo que el 48 de agosto…. Lo mejor es ir preparando el rosetón y los pies del gato, por si nos toca ser los primeros. Aunque he oído que serán los mayores de 65 años los que empiecen. Tú dime a mí cómo van a escalar estos pobres con los reúmas y las artrosis …

Nos van a organizar por fases y van a dar teoría y práctica, tanto a los que saben escalar como a los que no.

A la primera la han denominado 0. Hubiera sido más fácil llamarla 1, pero los políticos siempre nos quieren liar. Se estudiará el módulo 1º, titulado ‘Preparación a la desescalada’. Los comerciantes comenzarán con la teoría. Y, una vez hayan pedido cita previa los clientes, se pondrán con la práctica, pero de uno en uno. A la peluquera Regina le ha tocado ser la primera en El Pardo. La he llamado esta mañana para ir y tiene tal lista de espera que me ha apuntado para septiembre de 2035.   

El día que comience la fase 1 (que en realidad es la segunda porque va detrás de la 0, a la que llamaron primera), celebraremos una gran fiesta en El Pardo porque ¡abrirán los bares y restaurantes! Bueno, sólo podremos ir a escalar a un tercio de las terrazas, pero algo es algo. He hablado esta mañana con Sele, Luis Montes, Conchi, Eloy, Pipo y Manolo y se estaban volviendo locos con las mediciones. A uno le sale que puede sacar una mesa, tres sillas, un taburete y media sombrilla. A otro, dos mesas camillas, cuatro banquetas y un poco de toldo. En la plaza, pueden poner un total de 10 mesas si juntan dos, u ocho independientes. También, una mesilla de noche, tres Kikes, dos tronas y 13 bancos. Los clientes que se queden sin sitio podrán ir a la iglesia. Allí dan buen vino y también estará abierta.  

No hago más que imaginarme al Sele con su mascarilla y gritando ‘guapaaaaaaaaaaaaaaaaaa’, ‘boteeeeeeeeeeeeeeeeeeeee’. El hombre se nos va a asfixiar y Sole no le va a poder hacer el boca a boca, porque estará liadísima con las tortillas de patata.

Después vendrá la fase 2, que es la tercera pero, como a la uno la han llamado dos, se queda así y punto. Ésta es la que menos va a gustar a los pardeños, porque es cuando abren un trozo de cines y teatros. Y no tenemos lo uno ni lo otro.

Por último, llegará el encuentro en la 3ª fase ( que es la cuatro ). Aquí se nos va a recompensar a los de El Pardo. Podremos entrar en los bares y restaurantes, siempre que nos portemos bien, escalemos de uno en uno y nos mantengamos separados. 

El Gobierno ha dicho que, si respetamos las normas, en verano podremos hacer vida normal. La gente está pensando irse a la playa, bañarse en las piscinas, hacer rutas por la montaña… Yo en la única que pienso es en la  Ruta de la Tapa de El Pardo que se tuvo que aplazar.

Mientras sueño con ella, voy a tirar cuatro bragas al patio.  

Día 46º. Organizando la boda de mi amiga Paqui

Querido diario:

Esta mañana me ha llamado mi amiga Paqui para decirme que se casa. ¡Qué ilusión! Yo pensaba que se iba a quedar a vestir santos y, mira, vamos de boda.

Yo, antes de dar el paso con mi Paco, estuve un año de miraditas, dos de tonteo, cuatro de noviazgo y uno de convivencia. A mi amiga le ha bastado una cuarentena, cuatro videollamadas y el Satisfyer para estar convencida de que su novio virtual es el hombre de su vida. Las relaciones de ahora no son como las de antes…

Enseguida se ha agobiado con los preparativos, así que le he dicho que yo le ayudo. Se quiere casar en la iglesia de El Pardo porque dice que, como allí la bautizaron, hizo su Primera Comunión y se confirmó, a lo mejor le hacen descuento.

En cuanto a la fecha de la boda, quiere cuanto antes. Yo creo que tiene miedo a que este novio también huya. He llamado a don José María y me ha dicho que el primer sábado que tiene libre es el 10 de mayo de 2024. Parece ser que se ha llenado todo con las bodas aplazadas de este año por culpa del coronavirus. No nos podemos arriesgar a dejarlo para tan adelante, así que le he dicho al párroco que Paqui y yo fuimos monaguillos de don José y don Crescencio, en los años 80, y que leíamos la primera lectura en misa de 11, el salmo responsorial en la de 12 y las peticiones en la de una. He conseguido colarla un par de años y once meses.

El cura ha estado un buen rato buscando a Paqui en el libro de bautismo. No la encontraba. Después, me he acordado de que está registrada como Francisco porque su padrino dijo mal el nombre en el bautizo. Una vez localizada, me ha preguntado por el novio. No sé cómo se llama, así que he dicho a don José María que, de momento, pusiera Chuso (que puede ser la abreviatura de Churri Satisfayer Olmedo).

Cerrada la reserva en la iglesia, me he centrado en el vestido. Sin pensarlo, le he dicho que se lo voy a regalar yo. Luego no me he podido echar para atrás. Creo que voy a hacerle unos apaños al vestido de Comunión de la preadolescente atontada y le quedará como un guante. Paqui siempre ha sido muy poquita cosa.

Recuerdo que, en la fiesta de Nochevieja de cuando teníamos 22 años, los de La Cigüeñola no la dejaron entrar porque creían que tenía 14. En mi boda, que casi era treinteañera, los camareros no le sirvieron alcohol porque pensaban que era menor de edad. Ella lloraba mucho por su apariencia de niña, pero yo siempre le decía que tenía que mirarlo por el lado bueno. En las piscinas de Somontes estuvo 20 años pasando con la entrada infantil y en las fiestas de El Pardo y Mingorrubio la dejaban montarse en los caballitos hasta los 17.

Aunque Paqui vive a pocos metros de la iglesia, yo sé que le hará ilusión llegar en un coche de época. He llamado esta mañana a la Sala Histórica de la Guardia Real para saber si me podrían dejar durante un par de horas uno de los Rolls Royce, y me han dicho que lo mirarán. En caso de que no puedan, les pediré a los hermanos Zamora el sidecar que tienen del siglo XIX, que también queda muy chulo en las bodas.

Para los adornos del vehículo y los bancos de la iglesia, voy a llamar a Lucía Carrère. A ver si los pueden hacer los niños de su ludoteca. Yo creo que no habrá que hacer muchos, porque nos tendremos que sentar banco sí y tres no para guardar la distancias. También, le diré que hagan el ramo de la novia. Hoy, con papel pinocho y témperas se hacen maravillas. ¡Ah! Y que en su taller de papiroflexia hagan unos pajaritos para lanzarlos a la salida de la iglesia.

También, me he ocupado de la lista de los invitados. Padres, hermanos, cuñados, tíos, tíos abuelos, primos, primos segundos, primos lejanos, amigos del colegio, amigos con derecho a roce, arrejuntados, ése que ves en verano fuera de El Pardo y te saluda, como si fuera tu mejor amigo, y luego te ve aquí y no te dice ni hola, los tres que se cuelan en las bodas, los Kikes… Creo que no me he dejado a nadie.

Los regalos para los invitados es lo que tengo más claro: mascarillas y gel desinfectante. Los daré antes del convite, que es probable que lo hagamos en el merendero de Mingorrubio, porque nos pasaremos del aforo en todos los restaurantes. En la época en la que se celebre la boda habrá mucho dominguero por allí, así que prepararé un plan de evacuación para que abandonen la zona inmediatamente.

Esto de ser wedding planner mola mogollón. Estoy pensando darme de alta en autónomos. No creo que me falte trabajo…

Mientras hago mi plan de empresa, voy a tirar cinco bragas al patio.

Día 47º. Un ‘planning’ de salida perfecto

Querido diario:

Hoy, he estado todo el día haciendo mi ‘planning’ de salida de mañana. Después de escuchar y leer con atención lo que ha estipulado el Gobierno, he hecho más cálculos que en toda mi EGB, BUP y COU juntos. He aplicado el teorema de Pitágoras, el de Tales y el de Cuales, he hecho ecuaciones de segundo y tercer grado, he calculado reglas de tres, las del Parchís y las de la Oca, he resuelto derivadas y funciones, también el área de dos circunferencias… Al final, creo que lo he cuadrado todo muy bien.

Cuando he terminado, he consultado una duda que me ha surgido. El Pardo, ¿qué coño es? ¿Barrio? ¿Municipio? ¿Pueblo? ¿Villa? ¿Barriada? ¿Región? ¿Localidad? ¿Distrito? ¿Reino? ¿Principado? ¿La república independiente de los domingueros?… Y es que, dependiendo de lo que sea, he podido estar haciendo el gilipollas con tanto cálculo.  

He hecho varias llamadas a la oficina auxiliar del ayuntamiento y no me han cogido el teléfono, así que he creado un grupo de WhatsApp para ver si la gente me sacaba de dudas. Lo he llamado ‘Quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos’ Me he liado a meter gente y, al final, éramos 3.450 miembros, todos los habitantes de El Pardo. Una ha dicho no sé qué del color pardo, otra ha mandado una imagen del monte, su fauna y flora, un tercero ha preguntado si se podía bañar en el río y un listo ha colgado el Decreto del Ministerio de Gobernación de 10 de noviembre de 1950 y la Orden Ministerial del 22 de diciembre del mismo año. Total, que me he quedado igual y he salido del grupo.

Volviendo a mi ‘planning’. Lo he cuadrado de tal manera, y tan bien, que voy a estar todo el puñetero día en la calle sin saltarme la ley.

–        Como de 6h. a 10h. se puede hacer deporte y vale correr, patinar y montar en bici, haré lo siguiente. De 6 a 7, estaré calentando, que es importantísimo para evitar lesiones. De 7 a 8, patinaré por la avenida Padre Cipriano que la arreglaron no hace mucho y no hay ni socavones ni grietas. De 8 a 9, montaré en bici por el paseo del río y, de 9 a 10, estiraré para que mis músculos no se resientan.

–        De 10h. a 12h. está permitida la salida de personas mayores de 70 años. La primera hora sacaré a mi padre y la segunda, a mi madre. Aún tienen 68 así que, si les piden el DNI, diré que la fecha que pone es una estimación y que hay que redondear a lo alto. Además, los dos son muy pesados y eso vale como dependientes.

De 12h. a 19h. Durante estas horas, los niños menores de 14 años pueden sacar a sus padres de paseo. He pensado que en el primer turno me saque la pequeña estática y en el segundo, el mediano suicida. Luego, de 14h. a 15h. seré yo la que lleve a la niña y ella, en la siguiente hora, le pasará el relevo al niño. Repetiremos lo mismo para la franja que va de 16h. a 19h. El que mejor se haya portado dará la vuelta extra.

– Otra vez se podrá sacar a los mayores de 70 años o dependientes a partir de las 19h. y hasta las 20h. He reservado media hora para mi suegra y otra media para el suegro.

– A la preadolescente atontada y a mi Paco les toca salir de 20h. a 23h. Como a mi hija no la aguanto tanto tiempo, he pensado que se la lleve mi marido. Yo, mientras, me doy un paseo con uno de los Kikes. Tengo que elegir al que viva a menos de un kilómetro de mí porque sino, no me vale.

El Gobierno ha debido contratar a un entrenador de fútbol porque están sacando alineaciones para ir a pasear. El ministro de Sanidad ha dicho algo del 1-1-2 y el 1-1-1-1. Esto me lo tiene que explicar mi Paco, no vaya a ser que me saquen tarjeta roja y me expulsen a casa.

Voy a pasar el ‘planning’ a limpio y, después, tiraré tres bragas al patio.

Día 48º. La Vuelta Ciclista a España, a su paso por El Pardo

Querido diario:

Esta mañana, me he levantado de muy buen humor. A las 7h. ya había desayunado y tenía puesto mi chándal rosa de choni para ir a andar. Al salir de casa me he llevado una gran sorpresa, no sabía que pasaba La Vuelta Ciclista a España por El Pardo. Pensaba que la habían atrasado y resulta que ha comenzado hoy en el barrio. Parece ser que la primera etapa ha empezado en el aparcamiento de Somontes y ha finalizado en la zona de El Faro. Allí estaban todos los coches de avituallamiento.

He estado animando en la rotonda del palacio y luego he ido dirección Mingorrubio, pegada a la tapia. Este año se han debido de apuntar muchos ciclistas a La Vuelta porque no dejaban de pasar. Seguro que han venido desde Colombia, Italia y Estados Unidos.

La primera etapa ha pasado también por el monte. Yo creo que una parte del recorrido ha coincidido con una media maratón, porque también había muchísimos corredores. A lo mejor han adelantado la carrera del ciervo de las fiestas, porque este año no se van a celebrar.

Poco antes de las 9:30h. el tête de course estaba llegando a la zona de El Faro y, casi media hora después, ha aparecido el pelotón. He deducido que a los deportistas les dejan saltarse un poco las normas de salida del confinamiento porque, cuando ha finalizado la primera etapa, se han abrazado los compañeros de equipo y se han montado todos en los coches de avituallamiento. Muchos se han despedido hasta mañana, lo que me hace suponer que la segunda etapa y, quizás, la tercera, cuarta y quinta también se celebre en El Pardo. Volveré a salir a animar con una pancarta que ponga “Vamooooos niiiiiñoooooo”.

Cuando he llegado a casa, ya estaban mi Paco y los tres fieras despiertos. Les he dejado desayunando mientras he ido a por mi padre para sacarle de paseo. Al hombre le ha hecho mucha ilusión salir de nuevo a la calle después de casi 50 días. Se ha puesto el traje de las bodas y las zapatillas de casa porque no le valen los zapatos. Durante el confinamiento se le han hinchado los pies. Hemos estado dando vueltas a la fuente de la plaza, pero no hemos llegado ni a la hora porque la exposición a la luz del sol le ha dañado las retinas. Le tengo dicho que coma muchas zanahorias y nunca me hace caso. Mi madre ha preferido asomarse al balcón. Yo creo que tiene el síndrome de la castaña.

A las 13h. he salido con el mediano suicida y la pequeña estática. A ésta me ha costado levantarla de la silla porque el culo le había hecho ventosa. Lleva varios días sin moverse de su escritorio porque está terminando un estudio que le ha encargado el CSIC.

Nada más salir, el niño se ha ido directo al puente de los capuchinos, otra vez. Le he convencido de que se bajara prometiéndole que le quitaría las rejas de sus ventanas.

La salida de la preadolescente atontada ha debido de coincidir con algún entrenamiento de los ciclistas de La Vuelta a España, porque a las 20h. ya había unos cuantos por aquí otra vez. Le he dicho que paseara por la acera de la derecha, mientras mi Paco y yo íbamos por la de la izquierda como dos enamorados. Durante el paseo, nos hemos cruzado con 45 Kikes, 32 Gurucharris y 15 Cancelas. Por supuesto, hemos respetado la distancia de seguridad. Como yo no calculo bien el metro y medio, cuando veo que viene alguien de frente, dibujo en el suelo un círculo con un radio de cuatro pasos. Después, calculo su área y le sumo mi peso en gramos.

Al llegar a casa, y mientras tiraba dos bragas al patio, he enseñado a mi Paco y a los críos a desinfectarse. Al niño he tenido que llevarle a urgencias porque ha vuelto a beberse la lejía. 

Día 49º. Día de la Madre

Querido diario:

El Día de la Madre me ha hecho mucha ilusión siempre. Recuerdo cuando era niña y hacíamos los regalos en la clase de plástica. Jamás conseguí hacer algo en condiciones. En 1º de EGB, hicimos un dibujo con témperas y guarreé tanto la hoja con los dedos que, en vez de una felicitación, parecía una tarjeta de huellas dactilares de la Policía Nacional. En 2º, diseñamos un joyero con arcilla y, de lo mal que me salió, le tuve que decir a mi madre que era un cenicero. En 3º, nos mandaron hacer una flor con papel pinocho y a mí me salió tal birria, que en casa creyeron que era un capullo aún por florecer. En 4º, 5º y 6º el regalo nunca llegó porque eran figuritas de cerámica y se me rompieron por el camino. En 7º y 8º de EGB decidí regalar a mi madre lo que me salió de los huevos Kinder.

Ahora, en los colegios no hacen los regalos del Día del Padre ni de la Madre, sino los de la familia. Creo que es porque como hay niños con dos madres y sin padre, con dos padres y sin madre, con madre y sin padre, con padre y sin madre… Así, no se les hace el lío.

Desde que soy mamá, mi Paco sólo se ha acordado de este día una vez y mis hijos, ninguna. Los últimos años, cuando las madres del colegio mandaban por los 345 grupos de WhatsApp fotos de los regalos de sus hijos, yo reenviaba las de mi cuñada.

Ayer tuve una idea para que esta vez no se les pasara esta fecha. Decidí lanzar indirectas a mi marido y a los niños mientras cenábamos. “Toma el pescado que, aunque estés confinado, mañana es un día señalado”. “El filete de pollo me voy a comer, pensando en el regalo que me vas a hacer”. “¿Con qué me vas a sorprender? Si me lo dices, te doy un tentempié”.

Cuando me he levantado a las 6:30h. para ir a andar, no he visto ningún paquete por ahí, así que he decidido darles otra oportunidad y continuar con las indirectas. He pegado por toda la casa 245 post it con la frase ‘Hoy es el Día de la Madre. Me voy a la calle. A la vuelta, espero el detalle’. He puesto cuatro en cada puerta, cinco en el espejo del baño, dos en el microondas, siete en la nevera, uno en cada tetra brik de leche, siete en la caja de galletas, ocho en el paquete de magdalenas, tres en las tazas del desayuno, 28 en el sillón, 15 en las sillas…

Me he dado un paseo por el río y me he cruzado con muchas madres que ya lucían sus regalos. La mamá de Martina y Daniela llevaba un collar hecho de macarrones; la de Iván, Carlos y Javi, una pulsera de botones; la de Noah, una gorra con orejas de gominola de Mickey Mouse; la del Kike pequeño, una riñonera hecha con rollos de papel higiénico…

Llegando a casa, he visto a la madre de Gema y Víctor y me ha preguntado qué me habían regalado mis niños. He sacado la mentirosa que llevo dentro y le he dicho que me han preparado un desayuno con dos tostadas, un bizcocho casero, tres donuts, una docena de churros y porras, medio litro de zumo de naranja natural, dos lonchas de pavo y una taza de cola cao de marca blanca. También, le he comentado que mi Paco es muy detallista, y me ha sorprendido con una caja regalo que incluye una semana romántica en París. Me ha crecido tanto la nariz que Pinocho a mi lado se ha quedado chato.

Antes de abrir la puerta del portal, me he santiguado y he mirado al cielo pidiendo a Jesusito de mi vida eres niño como yo, por lo menos, por lo menos, un regalo por el Día de la Madre. ¡Qué sorpresa me he llevado! Estaban esperándome todos en el pasillo en fila india con paquetes en la mano. Mi Paco me ha regalado un tiesto con dos rosas amarillas, como las que tiene mi vecina Mari en el balcón. La preadolescente atontada, cinco bragas idénticas a las que pedí por Amazon la semana pasada. Y el mediano estático, un colgante con forma de soga. Está mal decirlo, pero el regalo de la pequeña estática es el que más me ha gustado. Me ha sorprendido con lo que ella ha llamado ‘El teorema de Pepi’. Es algo así como una fórmula matemática que calcula las calorías que puedo tomar dependiendo de la hora del día, la temperatura exterior, la estación del año, mi peso, volumen corporal, grasa, líquido retenido y estado de ánimo. Con este regalo, no engordaré más.

Con la sonrisa aún en mi rostro, me he asomado al patio a aplaudir y me ha gritado mi madre desde su ventana “Pepiiiiiiiii, ¿qué día es hoy? ¡No me has felicitado!” ¡Ups! Voy a tirar tres bragas…

Día 50º. Hasta pronto mi querido diario

Querido diario:

Hoy he llegado a tu última página.

Desde que se decretó el estado de alarma, he estado escribiendo en tus hojas mi día a día y el de mi familia. He plasmado todo lo que nos iba pasando; nuestros sentimientos, experiencias, ocurrencias, alegrías, penas, momentos de juegos, de estrés…

Aunque no te lo creas, me has ayudado mucho en esta época tan rara que nos ha tocado vivir. El simple hecho de escribir cada noche suponía para mí un impulso para continuar.

Esto no es un adiós, sino un hasta luego. Pepi se va a tomar un respiro, como el confinamiento…

Te dedico esta poesía, querido diario. ¡Hasta pronto!

¡Ay este virus tan malo,

que nos ha tenido aquí encerrados!

Recorrió el mundo

hasta llegar a El Pardo y Mingorrubio.

El pardeño lloró a mares

porque cerraron sus bares.

Un desayuno sin El Charro

era algo raro.

También Heredia, con el candado echado.

Era extraño no escuchar

al Sele ‘booooote’ gritar.

Difícil fue pasar

por La Pepenúltima y no entrar.

Monss y La Terraza de Mingorrubio, que acababan de abrir,

tuvieron que cerrar con un gran sentir.

Se despidieron tristes de la clientela

en Adrián y La 3ª Espuela.

En Tío Antonio y Montes, guardaban su terraza

mientras lloraban en la plaza.

Una soledad extraña

se respiraba en El Gamo y La Montaña.

Con el confinamiento,

sólo se oía el viento.

El Pardo parecía un pueblo fantasma

por las calles no se veía un alma.

Había tanta paz,

que los animales vinieron a andar.

Un gamo, un zorro y un jabalí llegaron hasta San Quintín.

Dos ginetas y tres tejones, hasta Torrelodones.

Los vecinos vimos por la ventana

cómo el invierno pasaba,

Llegaba la primavera

sin dominguero ni dominguera.

Las calles desiertas,

sólo las farmacias y las tiendas abiertas.

Kike y Maripaz

nos vendían su pollo y su pan,

Paco, Pepa y La Despensa,

de todo menos prensa.

Las familias en casa,

mientras el tiempo pasaba.

Los mayores teletrabajando,

y los niños estudiando y el coñazo dando.

Cocinamos, limpiamos, jugamos e inventamos.

Había que ocupar las horas

para no caer en la locura

ni que engordara la cintura.

Los juegos de mesa de antaño

entretuvieron hasta al más huraño.

De oca a oca y el virus no me toca.

De dado a dado y tiro porque estoy confinado.

De puente a puente y que salga a la calle el más valiente.

Después de más de 40 días

el Gobierno nos dio una alegría.

Por fin pudimos salir,

pero sin ir ni al pino ni al jardín.

Pedro’s también estaba cerrado

para evitar ser contagiados.

Los deportistas a las seis,

los Kikes después,

y los niños y mayores, al atardecer.

La vida se recupera,

abre la peluquera.

También los bares con cabeza,

ya hay tubos, cañas y barriles de cerveza.

Los pardeños vamos saliendo

pero hay que ir con tiento.

No vayamos a correr

y lo acabemos por joder.

 

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