Diario de una pardeña confinada. Día 19º

Pepi es una pardeña que, como la mayoría de sus vecinos, está confinada en casa desde que se decretó el estado de alarma. El día a día es una aventura para ella. Tiene que atender a sus 3 hijos y ayudarles con los deberes, al tiempo que teletrabaja, organiza la casa e intenta que su matrimonio no termine en divorcio. Pepi se da cuenta de que la cosa se le va de las manos cuando empieza a obsesionarse con tirar bragas al patio…

Todas las noches, para evadirse, escribe un diario. ¡No te lo pierdas!

Día 19º. Al abuelo se le ha ido la pinza

Querido diario:

Hoy me ha llamado mi madre toda histérica. La última vez que lo hizo en ese estado fue porque Jesús Alfredo Luis y Rosa Linda Flor (los protagonistas de una de las 15 novelas que ve) habían sido secuestrados por la tía abuela de él y la prima segunda de ella.

No he dado importancia a sus gritos hasta que he oído las palabras ‘tu padre’, ‘divorcio’, ‘le mato’. Después de decirle que se pusiera una bolsa de plástico en la cara y respirara, se ha tranquilizado y me ha contado lo que sucedía. Parece ser que a mi padre se le está yendo la pinza y, cada día de confinamiento, la lía con alguna ocurrencia.

Al principio, por las mañanas, el hombre estaba entretenido enviando WhatsApp a su pandilla de la plaza; a Justo el practicante, Rafa Pineda, Victoriano… Por las tardes, seguía tranquilo porque estaba enganchado a cinco telenovelas y, por las noches, se quedaba un rato en el balcón mirando a los gatos después de aplaudir.

Hace unos días, sus amigos le bloquearon en el móvil y las telenovelas dejaron de interesarle, porque se perdía entre amantes, maridos, madrastras y criadas que eran hijas secretas de las ricas. Eso debió provocar el principio del fin.

Mi padre, que es muy enreda, encontró rápido otra distracción. Se hizo youtuber y consiguió 4.567.000 seguidores imitando a Nino Bravo y a Rapahel. Cuando se quedó afónico, se puso a jugar a la petanca en el balcón y, en poco tiempo, organizó un campeonato nacional on line. Ha entrado en la fase clasificatoria con un hombre de Burgos y otro de Sevilla.

Entre partida y partida de petanca, está jugando al golf con las bolas que, a lo largo de los años, ha ido recogiendo en los paseos que se daba dirección a Somontes. Entre golpe y golpe, el hombre ha llenado la fuente de la plaza y eso parece un parque de bolas.

La verdad es que mi padre ha sido muy deportista. Él era algo así como el Josele de los años 70. Siempre estaba corriendo. Por eso, cuando mi madre me ha comentado que en el pasillo de casa se hace los 100 metros todas las mañanas, no me ha extrañado. Lo que sí me ha mosqueado es que lo haga con tacones.

Yo creo que la cosa no es tan preocupante. Al fin y al cabo, lo que hace el hombre es pasar el tiempo del confinamiento lo mejor que puede. Pero mi madre insiste en que lo es, porque se ha pasado a los deportes extremos.

Por lo que me dice, está practicando parkour en las barandillas de la Casa Infantes y ha atado, al balcón de la vecina, un cable del teléfono de los que hay en la fachada para hacerse una tirolina. También, ha cogido el de fibra óptica para practicar puenting y un trozo de mantel para tirarse con un parapente. Yo le he dicho a mi madre que no hay peligro mientras no se haga selfies al mismo tiempo que cae al vacío.

Una vez que la he calmado, la he aconsejado que le ponga tareas dentro de casa. Y parece ser que eso ya lo hizo hace un par de semanas. Ahora tiene en la cocina 52 estanterías para colocar tuppers, 25 para los tarros de las especias, 15 para la vajilla bonita y nueve para la de diario. También, le puso siete baldas para poner el microondas; una para cada día de la semana. Mientras no queme la cocina como el Perea…

En mi habitación y la de mis hermanas, parece ser que ha desmontado las literas y se ha hecho un ring de boxeo. Siempre ha sido muy aficionado a este deporte y cuando organizaban campeonatos en las fiestas de El Pardo, él era el primero de la fila, junto a uno de los Kikes.

Al baño le ha hecho una pequeña reforma. Ha montado una piscina climatizada y ha arrancado el váter para ponerlo en suspensión y dar un toque más moderno. También, le ha instalado un chorrito de agua para limpiar el chichi. Para rematar, ha levantado un muro de pavés que lo separa del bidé.

Mi madre tiene un mosqueo de cuidado porque no le gusta que le toquen sus cosas. Antes de colgar, me ha dicho que tiene muchas ganas de perderle de vista, darle una hostia e irse al centro cultural a jugar al bingo con su amiga Fide.

Voy a tirar tres bragas al patio…

Día 18º. Día de papeleo

Querido diario:

Hoy me ha recordado mi jefe que no tengo que trabajar porque me voy al Jerte, así que he aprovechado para hacer la declaración de la renta. Ayer vi en la tele que había empezado el plazo para presentarla, así que he llamado a mi cuñado, el economista, para que me ayudara.

Los de Hacienda están hablando todo el tiempo de 2019. No se han debido de enterar de que, aunque estemos confinados, la vida sigue y, a lo tonto, a lo tonto, nos hemos plantado en abril de 2020.

Mi cuñado me ha dado unas pautas para poder hacer yo sola la declaración de la renta. Si lo consigo, prometo subirme la cuesta del Cristo de un tirón y bajarla de espaldas.

Lo primero que me ha preguntado es si tengo el borrador. Le he dicho que sí, junto a los lápices. La verdad es que no sé para qué me lo ha pedido porque hoy en día apenas se utiliza el lápiz, y menos para estas cosas tan importantes. Luego me ha indicado que buscara la web de hacienda y, después de entrar en varias de cultivo de café y caña de azúcar de México, por fin, he dado con una española.

Me ha aconsejado que, antes de empezar, hiciera un simulador y utilizara los comandos. Ha habido un momento en el que creía estar recibiendo indicaciones de alguien de la NASA. Después, he tenido que ir otra vez a la estantería donde tengo el borrador y los lápices, porque mi cuñado me ha pedido que abriera las carpetas, rellenara las casillas y utilizara la lupa.

A continuación, me ha preguntado si la quería hacer individual o conjunta. ¡Qué preguntas tiene este hombre! Todo el mundo sabe que yo con mi Paco voy a todas partes, y más ahora que estamos atrapados en casa.

Lo de la hipoteca y el número de mi casa me ha dejado loca. Resulta que no vivo en la calle San Masueto, sino en una especie de código cuenta cliente: 8726e176js98wej2684443wer743. La casilla de la segunda vivienda la he dejado en blanco porque yo vivo en un primero.

Cuando ya había rellenado y leído las 451 hojas de la declaración de la renta, mi cuñado me ha aconsejado que comprobara los datos personales de todos los miembros de la familia. Sólo faltaba el periquito y uno de los Kikes. Me he inventado sus fechas de nacimiento. Espero que no me cobre hacienda por eso.

Antes de terminar, el economista me ha preguntado si salía a devolver. La verdad es que me estaba poniendo mala entre tanta letra y tanto número, pero no me ha dado por vomitar. Yo creo lo he hecho todo bien porque me ha salido positiva. Ponía +789. ¡Ya tengo para comprar bragas!

Sinceramente, no me ha parecido tan complicado este trámite y he llegado a cogerle gusto a esto del papeleo. Así que, me he puesto a arreglar los papeles de la jubilación de mi Paco. Aún le quedan 25 años para jubilarse, pero quizá los necesite cuando salgamos de aquí…

A mis hijos les he hecho un seguro de decesos. Me ha salido tan bien de precio con el descuento de familia numerosa que yo me he hecho uno de pechos y otro de culo. Por otro lado, he pedido un par de préstamos y he solicitado tres subvenciones, cuatro becas y la vida laboral. También, he iniciado los trámites para comprar una autocaravana y una moto acuática.  

Voy a salir al balcón a aplaudir y a tirar seis bragas al patio.

 

Día 17º. Videoconferencia con el jefe

Querido diario:

Hoy he tenido una videoconferencia de trabajo. Como todos los días, me he instalado en la cocina con mi ordenador Robocop. Para que mi jefe no se diera cuenta de que estaba haciendo el cocido y los filetes empanados, he creado ambiente de despacho. El cuadro del salón lo he puesto en la puerta de la nevera, la pizarra de la pequeña, delante de la lavadora y el microondas lo he camuflado con la foto de familia feliz. Además, he vaciado el armario de los platos y he colocado allí los cuadernos de mis hijos y las carpetas y archivadores de los recibos del agua, la luz y el gas. Mi cocina parecía la gestoría de Juan Gallardo.

Para que mi Paco y las tres fieras no me molestaran, me he traído de la calle Soldado la señal de prohibido el paso y la he puesto en la puerta. Antes, les he dado una clase rápida de seguridad vial.

La reunión la hemos hecho por Skype. Mejor, porque ya estoy familiarizada con esta herramienta desde que hice botellón on line con mis amigas. El fallo ha sido que no me he acordado de quitar mi foto de perfil y mi jefe me ha visto durante toda la sesión sacándole el dedo corazón… O sea, mandándole a tomar por culo.

Hoy, por fin, he cambiado de look. Me he quitado la parte de arriba del pijama y me he puesto la chaqueta de los domingos, también dos pulseras y los pendientes de aro. Cuando mi Paco me ha visto en el pasillo no me ha reconocido. Mi hija, la preadolescente atontada, me ha preguntado si me iba a una fiesta de disfraces. ¡Qué hostia le daba!  

No sé a qué botón habré dado nada más comenzar la videoconferencia, que se han unido al grupo de trabajo mi amiga Paqui, la profesora de matemáticas del mediano, un hombre de Hong Kong y uno de los Kikes.

Paqui y el de los Kikes han charlado un rato y han quedado para cuando termine el confinamiento, y yo he aprovechado para enviarle los deberes a la maestra y preguntarle un par de dudas. El hongkonés ha cortado la conexión diciendo que le íbamos a infectar su ordenador con un virus…

Durante la videoconferencia, mi jefe ha estado más simpático que nunca. Me ha preguntado por mi Paco y los críos y, después, me ha dicho que me mandaba al Jerte o algo así. Yo creo que hay una promoción para visitar este precioso valle porque, últimamente, se escucha mucho en televisión.

Cuando pensaba que estaba yendo todo a la perfección, se ha presentado mi Paco en la cocina-despacho pidiendo una cerveza y no se le ha ocurrido otra cosa que hacer un calvo a la webcam. Menos mal que mi jefe es miope y se creía que era el gato.

Me ha preguntado por los archivos que tenía que haberle entregado la semana pasada. Entre tanto trajín en casa, ni me había acordado de mandárselos. Me he puesto tan nerviosa que le he enviado el trabajo de arte de la pequeña, los ejercicios de biología de la mayor y la lista de la compra. Me ha dicho que no había apuntado el papel higiénico.

Estaba tan concentrada con la reunión que se me han chamuscado los filetes. Me he dado cuenta cuando mi jefe me ha dicho que olía a quemado.

Antes de cortar la conexión ha querido saludar a mi familia. Les ha faltado tiempo a todos para plantarse delante del ordenador a cotillear. Este señor es tan educado que ha hablado, largo y tendido, con cada uno de ellos. Con mi Paco ha comentado el último partido que se jugó de liga; con la preadolescente atontada, la última publicación de la influencer de moda; con el mediano se ha echado una partida al Fornite y a la pequeña estática le ha ayudado a hacer derivadas parciales.

Yo, mientras, he ido a tirar cuatro bragas al patio…

 

Día 16º. La reconquista de los animales

Querido diario:

Esta mañana he tenido que ir a comprar a la farmacia la medicación de mis padres y las pastillas que me ayudan a desatascar. Siempre he oído que la naturaleza sigue su curso, y que su fauna y flora pasarán por encima del ser humano y sus actos.  Pues lo he comprobado con mis propios ojos; el Monte de El Pardo ha aprovechado el confinamiento para empezar ya… 

Ha sido cruzar la puerta de mi casa y creer que estaba en O’Xardín. Las plantas del río han entrado al portal por las grietas, y las paredes estaban cubiertas de enredaderas y plantas trepadoras. Ahora tenemos un invernadero desde la casa de la de la mirilla hasta la de Manolo. Del bajo al primero han crecido margaritas; del primero al segundo, tulipanes, y en el tercero hay una plantación de marihuana.

Recuperada del susto de la invasión floral, he tenido otro nada más salir a la calle. En la puerta del portal, un jabalí se ha acercado a mí y me ha pedido espaguetis. Le he preguntado si se había perdido y me ha dicho que no, que vive enfrente, cruzando el río. Ha comentado que había salido a dar una vuelta porque estaba todo muy tranquilo.

Un par de metros más adelante, estaban los gatos que llevan viviendo en mi acera desde 1995. Iban paseando tranquilamente por la carretera cantando ‘¡Quien no pite no pasa. Quien no pite no pasa!. De lejos, he visto bajando por la cuesta del Cristo tres cabras y cuatro ovejas. Seguro que venían de El Torreón. Menos mal que no hay procesión porque estaban poniendo todo perdidito de cagarrutas. Se me ha ocurrido cantar ‘La cabra, la cabra, la puta de la cabra, la madre que la parió…’ y una ha venido directa a mí para embestirme.

Ver los ciervos en la plaza  no me ha extrañado tanto, porque estamos casi en abril y es cuando las crías se independizan y empiezan a explorar. Uno me ha preguntado si había visto a su mamá, pero enseguida se ha puesto a jugar con un conejo y se le han pasado las penas.

Ya casi llegando, he visto en el pino un oso pardo.  Me he acercado para asegurarme, porque yo sé que antes vivían por los alrededores y luego desaparecieron. He llamado a Rolan, el guarda, y me ha dicho que es probable que estuviera escondido entre La Angorrilla y la Torre de la Parada.  Le he ido a hacer una foto y el flash  le ha puesto nervioso. Menos mal que soy buena en salto de altura y he brincado hasta la tapia del palacio

Cuando he llegado a la farmacia había un zorro comprando paracetamol, dos tejones pidiendo ibuprofeno, una gineta probando un jarabe de limón y uno de los Kikes esperando su pedido de aspirinas. Al salir, casi piso a mamá pato y a sus patitos, que iban en fila junto al cisne. Me han dicho : «Dame un poco de pan compañero, que echo de menos al dominguero». Me parece a mí que estos son los únicos que quieren verles otra vez por aquí…

Para ir a casa he tenido que dar un rodeo porque los perros de la ‘perripandi’ habían convocado una manifestación, y tenían ocupada toda la calle. Parece ser que se les está explotando y quieren tener sus propios derechos. Tenían un cartel que decía #YoMeQuedoEnCasa #YaHeCagado. 

Una de las cosas que más me ha llamado la atención han sido las guarras de las palomas. Ni se han inmutado cuando he pasado por su lado, y mira que las he chillado, las he escupido y las he pisado la cabeza. Nada. Yo creo que se han olvidado de los humanos.

En el patio la cosa no ha sido diferente. Cuando hemos salido a las 20h. a aplaudir, se han asomado todo chulos el loro de la de enfrente, el hurón de la del primero y los hámsters del crío de la vecina del visillo. Después, se han ido a la calle, se han juntado con el jabalí, las cabras, el oso pardo, los gatos, los patos y el ciervo y han empezado a gritar:

«Pardeño, cabrón, somos un montón.

Estamos muy tranquilos desde que tenéis el virus.

Quedaros en casa y nosotros saldremos en masa.

Cuando os dejen salir, seguiremos aquí.

Conquistaremos el mundo entero,  cuando salgáis del agujero».

Voy a tirar dos bragas al patio, pero me subo rapidito…

 

Día 15º. Día de olimpiadas

Querido diario:

No es que mi Paco sea muy deportista, pero una de las cosas que más le ha gustado de siempre es echarse sus partidos de futbito con su equipo ‘Bayern de los caídos’. Todos los jueves a las 9 de la noche quedaba con sus amigos en las pistas y, después, iban a lo que ellos llaman su ‘Triángulo de las Bermudas’. O sea, desaparecían entre La Montaña, La Pepenúltima y El Gamo.

Yo no me muevo mucho. Soy más de ir a la plaza a sentarme con mis amigas. Nosotras somos algo así como Marga, Rosi y Marisa, pero en chungas.

Hoy mi Paco me ha dicho que echa de menos hacer deporte. Y, aunque yo sé que lo que realmente añora son las cañas de después, me he propuesto quitarle el mono y montarle unas olimpiadas en casa.

He tenido que consultar en Internet qué deportes existen y, después, adaptarlos a las cuatro paredes de los 60 metros cuadrados de mi hogar. Mientras me informaba, y para darle más realismo a todo, les he dicho a los críos que cogieran una naranja y la vistieran de Naranjito. La preadolescente atontada le ha puesto pestañas postizas, el mediano le ha pegado con mocos una pelota de ping pong y la pequeña estática le ha vestido con la ropa de las Barriguitas. La verdad es que ha quedado clavadito.  

Hemos empezado a jugar al lanzamiento de jabalina. Desde la ventana de la cocina, y de mayor a menor, íbamos clavando los cuchillos de punta en las sandías del huerto de Ignacio ‘El Rubio’. Le ha faltado poco a su hija Prado para presentarse allí, hacer fotos de los desperfectos y mandárselas al ayuntamiento.

Ha subido al podio el mediano. Desde que le regalé el tirachinas para dar a los gatos, ha mejorado mucho su puntería.

Luego hemos jugado al pádel en el salón. He empotrado el sofá contra la pared, he dado la vuelta a las fotos, he colocado la mesa grande boca abajo y he puesto Teledeporte en la televisión para que hubiera aplausos de fondo y crear ambiente.

Como ninguno conocemos las reglas de este deporte, he llamado a Javi Machuca. Parece ser que el chaval de Paqui controla mucho de esto. Primero me ha dicho que se juega con palas, así que he cogido las de la playa y, como nos faltaba una, también el rastrillo. De las directrices que me ha dado, sólo me he enterado de que se podía dar a las paredes y a los cristales, así que, me he quedado sin cuadros y se han hecho añicos las puertas que dan al balcón.

A mi hija la estática le ha dado un tirón nada más empezar el primer ser. Por lo que hemos sido los justos para hacer dos equipos. La preadolescente atontada ha ido con su padre y el mediano, conmigo. Por supuesto, ha ganado mi equipo porque no he perdido mi revés de cuando jugaba al frontenis en el Cristo.

La siguiente prueba deportiva ha sido salto de vallas. He cogido las lamas del somier de la cama de la pequeña y, para no poner clavos, las he pegado con chicle de una pared a otra en el pasillo. Han aguantado lo justito para una vuelta clasificatoria. Me ha sorprendido que ganara mi hija la preadolescente porque le pesa mucho el culo. A la pequeña estática la hemos descalificado porque pasaba por debajo y, encima, de pie.

La verdad es que ha sido la prueba más accidentada. Mi Paco se ha clavado una astilla en la espinilla y, de los gritos, parecía que le habían dado un hachazo. Se ha presentado la policía y todo. El mediano se ha dejado tres dientes, dos colmillos y una muela en la segunda valla. Aquí tengo un problema porque no sé si el confinamiento afecta también al Ratoncito Pérez. No sé si es un trabajador de actividades no esenciales. Voy a llamar a la odontóloga de El Pardo, Almudena Plaza, para que me lo aclare y, de paso, le atienda de urgencia en su clínica dental.   

Desde que mi cocina es blanca nuclear, tengo más ganas de estar allí. Así que, he organizado entre la nevera y el horno un campeonato de curling. Este deporte sí le entiendo porque se utiliza algo parecido a una mopa y una olla exprés. He encerado el suelo y parecíamos verdaderos profesionales. Mi Paco ha quedado primero. ¡Quién me iba a decir a mí que sabía manejar tan bien la mopa!

En la habitación de las niñas me he montado el polideportivo que todo pardeño sueña tener. Tenía público y todo. Hemos colocado los peluches de las crías, a uno de los Kikes y a mis muñecas encima de la cama y en las estanterías. Luego, a las que lloran escandalosamente les he quitado los chupetes y eso parecían gritos de aficionados histéricos desde las gradas. Voy a hablar con el Porris para ver si me los puedo llevar al campo de Mingorrubio cuando los chicos de la A.D. El Pardo, por fin, vuelvan a casa.

Después de ver un tutorial sobre cómo hacer una red de pesca, he cosido una que me ha servido para varios deportes. Como nos dolía todo, hemos optado por sentarnos en el banquillo. Barbie y Nancy han jugado el partido de bádminton y en el de voleibol  se han enfrentado los Pinypon a los Playmobil.

Voy a hacer un pedido de bragas a Amazon.

 

Día 14º. Planificando las vacaciones

Querido diario:

Hoy es domingo y ha hecho un día buenísimo para hacer turismo. Pero, como seguimos confinados, me he apuntado a la iniciativa #VisitaElPardoDesdeCasa que han puesto en marcha las chicas de ElPardo.net en las redes sociales. Luego, me ha dado por pensar en las vacaciones.

Desde que mi Paco y yo formamos nuestra bonita y extraña familia, no hay verano que no nos hayamos ido todos juntos de vacaciones. Cada mes de septiembre, cogemos una hucha de cerdito y la vamos llenando de monedas de dos euros, hasta julio. El momento en el que la estampamos contra la pared, para saber lo que hemos ahorrado, es indescriptible y mágico. Algo así como cuando un pardeño ve podar los árboles de su calle.

Los ahorros no suelen ser los esperados, pero siempre nos ha dado para salir y desconectar del trabajo y de nuestra rutina. Cada año, vamos un poco más lejos. El primero visitamos Mingorrubio, el segundo, el Palacio de La Quinta y el tercer año fuimos al mirador de Valpalomero. A partir del cuarto tiramos la casa por la ventana. Conocimos Alcobendas y, un año después, fuimos hacia el norte y llegamos a Tres Cantos. En 2018, viajamos a Perales de Tajuña y aprovechamos para pasar por Chinchón.  Y el año pasado recorrimos todo Colmenar Viejo. Y, ¡mira qué casualidad! Vimos en una terraza a uno de los Kikes; el de la pescadería Juan y Marcelo.

El caso es que hoy me he dicho: “Pepi, vamos a estar confinados mucho tiempo y tu Paco y los críos se merecen unas vacaciones cuando esto termine”. Así que, me he propuesto prepararles el mejor viaje de sus vidas. Al principio, iba a planificar uno en familia, pero luego me he dado cuenta de que, cuando salgamos de aquí, los niños serán treinteañeros y querrán viajar solos…

Libreta en mano, he preguntado sus preferencias a cada uno de ellos.

He empezado por la pequeña. Como la pobre es muy estática, siempre se me olvida que vive con nosotros. Estaba en su habitación diseñando un nuevo reactor nuclear. Por muy inteligente que sea, no deja de ser una niña y ella lo que quiere es ir a una granja escuela de vacaciones. Yo le he dicho que no hay que irse fuera de El Pardo porque aquí tenemos nuestra propia granja. Aquí vive el pollo, el rana, el tordo, el trucha, el barbo, el comadreja, el vaquilla, el mono, el palomo… Se ha puesto muy contenta y me ha dicho que quiere conocerlos. En cuanto salgamos del confinamiento me la llevo a la plaza que suelen estar por ahí.

El mediano me ha comentado que quiere ir a China. Al principio, pensaba que me estaba vacilando y casi se gana una torta. Luego me ha explicado que quiere ir para aprender su idioma, porque le abrirá las puertas de su futuro profesional. Le he hecho ver que es un viaje muy caro y que siempre podemos esperar a que salgan los chinos de su escondite para que le den clases particulares. Y mira qué bien. No hace falta irse a Madrid a ninguna academia, podemos tirar de los de la tienda de la plaza. Además, si las clases se las da el abuelo (Kung Fu creo que se llama) serán más productivas porque el hombre no sabe ni papa de español.  

Con mi libreta llena de anotaciones, le he preguntado a la preadolescente. La atontada quiere dar la vuelta al mundo. La verdad es que me ha sorprendido que esté interesada en conocer otros idiomas, culturas y costumbres, y le he preguntado el porqué de su decisión. Me ha contestado: “Yo quiero dar la vuelta al mundo como el coronavirus”. ¡Qué hostia le daba!

Conozco a mi Paco como si le hubiera parido y sabía lo que me iba a decir. Él quiere irse de crucero. Me ha propuesto irnos los dos solos y me ha parecido un gesto muy bonito. Pero luego ha dicho: “Y mejor si está infectado, así la estancia se prolongará hasta tiempo indefinido”.

Creo que, de momento, me voy a tener que conformar con conocer otros países leyendo la sección ‘Pardeños por el mundo’ que publica ElPardo.net. Es curioso, estos chavales dicen que lo que más echan de menos de El Pardo son los bares. Las madres, no. Los bares. Pues que no regresen todavía…

Necesito airearme. Voy a tirar dos bragas al patio…

 

Día 13º. Hoy, día de limpieza y desinfección

Querido diario:

Si hoy hubiera sido un día normal y no uno que parece de ciencia ficción, yo habría estado haciendo la Ruta de la Tapa que organizan las chicas de ElPardo.net. En una hora ya hubiera completado el tapaporte y tendría una cogorza de cuidado. Pero, como no ha podido ser, he hecho otra ruta: la de la limpieza por toda la casa.

Con el bicho éste ya no vale con limpiar el polvo por encima y pasar la aspiradora saltándose los rincones. Además, hay que desinfectar. Me he acordado de que mi hermana la mayor, que es la más limpia de la familia y está tan concienciada que se puso la mascarilla en 2008, nos ha enviado un montón de guías para desinfectar. Cómo desinfectar los azulejos de la cocina cuando son azules, cómo desinfectar la pared cuando es de gotelé, cómo desinfectar la cuna del bebé cuando usa pañales de la talla 3, cómo desinfectar un acuario cuando allí viven tres peces de colores, un cangrejo y un caballito de mar…

Como mi Paco y las tres fieras estaban repartidas por toda la casa, he hecho un plano con instrucciones para que se fueran moviendo según yo iba limpiando. He cogido uno de Metro para que les sirviera de guía y no se perdieran. A la parada de Sol la he llamado ‘salón’; a Callao, ‘baño’; a Moncloa, ‘habitación de las niñas’; a Príncipe Pío, ‘habitación del niño’; a Argüelles, ‘habitación de papás’; a Tribunal, ‘pasillo’; y a Plaza de España, ‘cocina’.  Así, los pobres salían un poco a la calle…

He abierto el armario de los productos de limpieza y eso parecía la casa de Mr. Proper. Tengo de todo. Lejía con olor a limón, a amapola y a clavel, amoníaco perfumado con Chanel Nº5, jabón lavavajillas para cuchillos de punta, quitamanchas para cacas de pájaro, desengrasante para armas… He encontrado hasta productos que mi madre compró en la droguería de Consuelo y Jose, la de la calle Mira el río. Caducaron en los años 80, pero estoy convencida de que estos son los mejores y que matan hasta a los virus que aún no se han inventado.

Con mi mascarilla hecha con un sujetador y los guantes de lana, he empezado a limpiar y desinfectar por la habitación de las niñas, y las he mandado a ‘Sol’. La preadolescente atontada me ha dicho que, de paso, podía quitar todos los personajes Disney que hay pegados en las paredes, porque ella ya ha madurado. ¡Qué hostia le daba! Como no podía ser de otro modo, la pequeña estática se ha negado y han empezado los gritos. Después de separarlas cuando se estaban arrancando los pelos de raíz, he tomado una decisión. “Ni pa ti ni pa mí. Se van fuera la mitad de los dibujos”, les he dicho. Así que, a Blancanieves la he quitado tres enanitos; a Cenicienta, un hada madrina; a la Bella Durmiente, la cama; y a Rapunzel la he cortado la coleta y la he dejado media melena.

Cuando he acabado allí, he ido a la habitación del mediano, que ya se había ido a ‘Tribunal’. ¡Qué miedo me da esta alcoba! De ahí puede aparecer cualquier cosa. Y así ha sido. Al levantar la alfombra han salido corriendo un tiranosaurus rex y un caimán. Desinfectando el escritorio han aparecido 74 envoltorios de magdalenas llenos de moho. Si a este niño no le ha matado eso, ya no lo hará el coronavirus…

Como llevo 15 años guardando cosas debajo de mi cama, mi habitación ha sido la que más tiempo me ha llevado. He tardado una eternidad en sacarlo todo para desinfectar a conciencia. Mi Paco me ha ayudado a levantar el somier. Ahí estaban la bici que le regalaron Zambo, Raúl y Chiki y que nunca estrenó,  y una aspiradora 4×4 que mi abuela compró en la ferretería que estaba donde Bankia. También, tenía almacenado el calzado de la temporada primavera-verano 2003 , mi vestido de novia y el de cristianar de los niños, entre otras cosas. Cuando creía que ya había sacado todo, ha salido de debajo de la cama uno de los Kikes…

He continuado por el pasillo y les he dicho a todos que no fueran a ‘Argüelles’ dirección ‘Tribunal’, para no pisar lo fregado. He pasado la mopa con tanta fuerza que he acabado atravesando el parquet y reventando una cañería. Menos mal que los de Gavarrén estaban de guardia y ha venido Santi Galán rápido. Parecía que le había dado una patada en el culo su hermano Javi, el del Récord Guinness.

Solucionado el desastre y con la familia en ‘Callao’, he limpiado y desinfectado la cocina. ¡Jesús! ¡Toda la vida pensando que era amarilla y es blanca nuclear! Cuando ha entrado mi Paco a por una cerveza le han deslumbrado los azulejos.

¡Qué agotamiento! Menos mal que sólo me quedaba el baño. He echado tanto desinfectante al inodoro y a la bañera, que los he desintegrado. Bueno, así aprovecho para poner una ducha, que llevaba mucho tiempo diciéndoselo a mi Paco. Mansilla me ha dicho que el lunes se pasa.

Voy a tirar siete bragas al patio.

Día 12º. Pepi, ‘influencer’

Querido diario:

Si hay algo que quiero hacer en esta vida antes de morir, es ser influencer. O sea, una de esas chicas que no hacen nada y ganan un montón de dinero haciéndose fotos con el móvil y tirando besitos a la cámara.

Como una no sabe los años que le quedan, y menos en estos tiempos que corren, he decido ponerme a ello hoy.

Como mi hija, la preadolescente atontada, entiende mucho de este mundo, se lo he comentado. Ha puesto los ojos en blanco y me ha dicho que yo no doy el perfil. Pero yo creo que sí porque el cuello lo giro sin problemas. Ruth, la chica de ‘Despertando tus Sentidos‘, me lo deja como nuevo cuando viene a casa. ¡Qué manos tiene esta chica! Tan pronto te hace un batido de oreo como una pedicura. Para mí, es como mi psicóloga. Cuando me pone las pestañas postizas y me quita el bigote, me desahogo con ella y le cuento mis problemas con mi Paco. El día que suelte por esa boquita y mi marido la oiga, no voy a tener monte para correr. Tendré que volver a poner las puertas a la portillera y echar la llave.

Mi hija me ha asegurado que una mujer como yo; mayor tirando a vieja, con arrugas, bolsas debajo de los ojos, culo caído, mechas poco naturales y marido, hijos, furgoneta e hipoteca no tiene mucho que aportar al mundo de las influencers. Pero yo no estoy de acuerdo. Sólo hay que ver la cantidad de seguidores que tiene ésa de los siete hijos que salió en Gran Hermano. Verde oscuro, me parece que se llama.  

Me he puesto a navegar por Internet con mi ordenador Robocop y he encontrado un tutorial con una serie de requisitos para ser influencer: Haber terminado la ESO, tener ropa de marca, pesar menos de 45 kilos y no tener celulitis, estar presente en las redes sociales, no tener novio y saber hacer morritos.

He ido analizando cada punto, uno por uno:

Haber terminado la ESO. Aquí ya me he perdido. Yo fui a EGB y lo de la ESO no lo entiendo. Cuando mi hija mayor estaba a punto de terminar el colegio y yo tenía que rellenar la instancia del instituto, acabé matriculándola en la ‘European Southern Observatory’. Resulta que este sitio es un organismo europeo para la investigación astronómica. De ahí deben salir los satélites de El Pardo. A punto de despegar dirección a Alemania, que es donde está ese sitio, Fina me dijo que se diera la vuelta porque ya había arreglado los papeles para entrar en el instituto de Mingorrubio. Hombre, yo no la quería tan lejos, pero tampoco tan cerca…

Tener ropa de marca: De esto sí tengo. Todos los cursos mi hijo mediano pierde los jerseys del uniforme, los pantalones, calcetines, la faja y las enaguas. Es tan despistado que se pasa horas frente al espejo pensando que le suena su cara. Antes, me dejaba el sueldo en la tienda de Carmina porque no hacía más que comprar hilo para marcar su ropa. Al niño nunca le ha gustado porque, como tiene nombre compuesto, sus iniciales son ‘GILI’.

Pesar menos de 45 kilos y no tener celulitis: ¿Hay alguna mujer en el planeta que pese menos de 45 kilos? ¿Hay alguna agraciada en el mundo que tenga la piel suave y tersa en las zonas más problemáticas de nuestra anatomía femenina? Si la hay, debe ser un milagro del Cristo de El Pardo. Desde luego éste es uno de los requisitos más estrictos que exigen a las influencer. Ya he pedido cita en la consulta Equilybrio de Maripaz. Voy a ver si en una semana pierdo 25 kilos y me quedo hecha una cosita, como el hijo de Manolo. Ese chaval no tiene más que caprichos…

Estar presente en las redes sociales: Esta condición es imprescindible para toda influencer. He creado mi propio jgastaaaj siguiendo los consejos de mi hija. Ella me ha dicho que tengo que conseguir que mi nombre tenga una infección de algún virus. O sea, que sea viral. Soy #YoMeQuedoConPepi. Para ir dándolo a conocer, le voy a decir a Chimo Michi Bayo, el chico de Maritere (la de Salustiano), que lo ponga con luces de colores en su ventana todas las noches y lo encienda y apague a ritmo de chunda chunda. ¡Este chaval sí que sabe animar a los pardeños en tiempos difíciles! Voy a proponer a la Asociación Vecinal de El Pardo que actúe junto a ‘Francisco a los discos’ en las fiestas. ¡Buah!  Con este empujón vecinal voy a conseguir tantos seguidores que me van a nombrar pregonera. 

No tener un novio: Esto debe ser porque, si una influencer tiene una relación estable, pierde folladores. ¡Digo followers! Tengo una pronunciación malísima…

Saber hacer morritos: Complicado para mí porque tengo unos labios muy finos. Lo bueno es que soy alérgica al cacahuete y al minuto de comerme uno parece que tengo cuatro labios; dos de Angelina Jolie y dos de Sara Carbonero. Cuando vaya a hacerme la foto para mis seguidores, tendré que comerme media docena para que parezcan naturales.

Bien entrada la noche, con el sol escondido, las estrellas brillando, la luna en cuarto creciente, Júpiter al lado de Marte  y uno de los Kikes paseando al fondo, he valorado cada uno de los requisitos. He querido ser sincera conmigo misma y hablarlo con mi Paco. Al final, ha tenido que ser con la almohada de látex antipolillas porque ya se había dormido. He llegado a la conclusión de que lo de ser influencer no es lo mío. Mañana miro cómo es eso de ser youtuber, instagramer, tiktoker, jocker y cócker.

Voy a tirar 5 bragas al patio… 

Día 11º. Hoy, día de juegos de mesa

Querido diario:

Hoy, por fin, hemos pasado la tarde en familia jugando a juegos de mesa. He tardado cuatro horas y poco más de 40 minutos en conseguir que todos se sentaran en la mesa grande del salón. La compramos hace 15 años y aún no la habíamos estrenado.

Primero, he ido a buscar a la preadolescente. Tenía los dedos gordos adheridos a la pantalla de su móvil. Al despegarlos, la cría se ha quedado sin huellas dactilares. Al mediano no le encontraba. He llegado a pensar que se había tirado por una ventana. Pero eso es imposible porque pusimos rejas cuando empezó a tener pensamientos suicidas. Tenía dos años y decía que no quería vivir más. 

Mi hija pequeña, la estática, estaba estudiando. Va tan adelantada en sus deberes del colegio que ha comenzado la carrera de Medicina. Esto del coronavirus la ha concienciado mucho. Yo ya la veo descubriendo la vacuna del Covid-21, el nieto del que tenemos ahora. Aunque mejor será que se venga al centro de salud de El Pardo y nos traiga un médico más simpático, un pediatra de lunes a viernes y un enfermero buenorro para las urgencias. Y ya, si cambia las camillas que hay de los años 70, sería la hostia.    

Con mi Paco me he enfadado porque, en vez de dar ejemplo y sentarse el primero, estaba preguntándole por teléfono a Danay cuándo abría El Charro. La chica debía estar ocupada con su bebé porque no le ha hecho ni puto caso. El chiquitín es de la generación de los coronielians. Les conoceremos por ser esos niños que nacieron a principios de 2020 y vieron la luz de la calle por primera vez al cumplir los 15.

He sacado un montón de juegos. El Parchís, La Oca, el Trivial, el Bingo, el Escatueriguis ése y el Monopoly. Éste lo he vuelto a guardar porque es mala época para invertir.

A la preadolescente atontada le ha faltado tiempo para sacar Virus. “Es el juego de moda”, ha dicho. ¡Qué hostia le daba!

Hemos empezado por el Parchís. Como el otro día jugamos a que la ficha roja era el PSOE; la azul, el PP; la verde, Vox y la amarilla, Coalición Canaria; hoy lo hemos personalizado aún más. Manolo, el presidente de mi comunidad, ha sido la ficha roja. Pedro, el vocal popular de Mingorrubio que es de la quinta de Fraga, la azul. Y Jarete, la verde. La ficha amarilla la hemos pintado de morado y la hemos llamado Camacho.

La roja iba ganando en varias ocasiones, pero hasta que la ficha morada no la ha dejado pasar para que se comiera a la azul, no ha finalizado la partida. A la verde le ha costado salir de casa, pero luego no ha hecho más que sacar cincos y ha quedado tercera.

El juego de La Oca ha resultado también muy entretenido. Lo hemos adaptado a los tiempos que corren. Cuando caíamos en la oca decíamos: “De oca a oca y el virus no me toca”. Cuando caíamos en el dado: “De dado a dado y tiro porque estoy confinado”. Y, en el puente, gritábamos: “De puente a puente y que salga a la calle el más valiente”. Lo hemos pasado tan bien que todos queríamos caer en la cárcel para no acabar la partida.     

La del Trivial nos ha durado poco. Mi hija pequeña, la estática, ha completado los quesitos en poco más de un minuto. Yo creo que se ha quedado con ganas de más, porque ha ido a la nevera a coger una cuña de García Baquero.

El bingo lo hemos dejado para el final. A mi Paco le encanta cantar las bolas. Había tantas en el bombo como Kikes hay en El Pardo. La cosa iba bien hasta que han salido los números que yo llamo ‘marranos’. Al cinco por el culo te la hinco, le han seguido siete, el ojete. Trece, agárramela que me crece. Cuatro, pon tu culo en mi aparato. Seis, me agacho y me la veis. Y, nueve, cógemelo que se mueve. Lo más suave que he oído hoy ha sido: 16 ya no me veis.

Hoy no he tirado bragas al patio porque no me quedan. Cuando he bajado a por las de los otros días, me he encontrado a mi vecina Mari montando un mercadillo de lencería. Parece ser que a la de la mirilla le ha dado por tirar tangas y a la del visillo, sujetadores. 

Día 10º. Hoy, día de confidencias

Querido diario:

Desde hace un par de días o 528 (he perdido la noción del tiempo), veo a mi hija preadolescente más atontada que nunca. Cuando le hablas, está en Marte, camino de Saturno. Cuando le pides algo, se encuentra en la galaxia Andrómeda. Y, si le digo que recoja su habitación, ya va por la carretera de La Coruña. La verdad es que la cría no da guerra, pero la noto triste y me da miedo que se fugue virtualmente a Leganés y no vuelva nunca. Y es que, con el tiempo, la he cogido cariño…

He decidido llamar a mi cuñada, la psicóloga, y me ha dicho que no me preocupe. Que, a su edad, se vive un proceso de cambios físicos, psicológicos y paranormales, o algo así. Vamos que mejor tenía que haber llamado a los hijos de Magdalena, los de Planeta Incógnito. ¡Qué encanto de mujer! Me acuerdo cuando cogía el autobús de las 7 de la mañana con su amiga Pili. Entraban las dos descojonadas de la risa. El resto de los pasajeros con cara de perro por el madrugón y las dos, con una alegría que parecía que les habían comunicado que podaban en El Pardo.  

Mi cuñada también me ha comentado que los preadolescentes agilipollados, como la mía, tienden a ser temperamentales, impulsivos y agresivos. Yo creo que lo que me ha querido decir es que huyamos todos. ¡¡Si no podemos saliiiiiiiiiir!!

Para más inri, parece ser que mi hija demanda más independencia y está en plena definición de su propia identidad. Yo espero que no, porque le hice el DNI el mes pasado y paso de papeleos otra vez. Eeehhhhh, ¿independencia? Independiente me voy a hacer yo cuando termine el confinamiento.  Voy a ser un nini de esos. Tengo que llamar a los de Memory House para que me digan si hay alguna casa en El Pardo de una habitación que se alquile por menos de 5.000€ al mes. Lo veo complicado. Achucharé un poco el precio y pediré que no me cobren las 34 fianzas que piden ahora.  

Hemos tenido que cortar la llamada porque mi cuñada debía atender otra que tenía en espera. Parece ser que era de algún pardeño que pensaba que se estaba volviendo loco porque veía Kikes por todas partes. De loco nada, vecino, eso es real como la vida misma.

Volviendo al problema de mi preadolescente atontada, yo creo que lo peor es que con el confinamiento los síntomas crecen y decrecen, sin seguir un patrón fijo. Algo así como los días de las fiestas, que empezamos con siete, continuamos con tres, vamos por los 18 y acabaremos con media hora. Lo justo para sacar a la Virgen del Rosario de procesión. 

A mí no me cabe duda de que los síntomas de la tontería de mi hija se multiplican por cuatro, luego se elevan a tres, después se dividen entre 0’005, a continuación, se hace una derivada y, finalmente, hay que aplicar la tabla del 9. Vamos, que la cría va a llegar a la máxima potencia.

Pepi, respira hondo.  

 

Yo, sinceramente, con una buena hostia la espabilaba. Pero voy a hacer lo que dice mi Paco. Diálogo, diálogo y diálogo. Aunque yo soy más de monólogos…

Me he armado de valor y me he plantado delante de la puerta de su habitación. He rezado tres padrenuestros, dos avemarías, el rosario y he llamado a don José María para que me diera la extremaunción. Después, he entrado y la he visto boca abajo vestida de negro. ¡Ay, Dios mío, que no se me haga gótica, que en El Pardo somos más del Neoclásico!

Aunque, al principio, no quería hablar conmigo sobre su estado de gilipollez permanente, poco a poco se ha ido abriendo. Primero de piernas, haciendo el spagat, y luego hablando.

He querido hacerme su amiga y casi mejor no haberlo hecho. Me ha contado que le gustan varias personas. Dos chicos de 4º de la ESO, tres de 2º de Bachillerato, uno de los hijos de Nuria Pérez, los tres de Sylvia Mira, la vecina del 3º y la madre de José que le está volviendo loca… No he querido saber más.

Una vez metidas en confesión, le he preguntado por sus inquietudes y desasosiegos. La atontada se creía que le hablaba del trasiego de gente que los domingos hay en el barrio. En un momento, ha puesto de vuelta y media a los domingueros.  Se ha venido arriba y ha empezado a gritar: «¡Dominguero, yo no te quiero! ¡Déjame la plaza donde yo aparcaba! ¡Vete a tu barrio y pasea por tu patio! ¡Dominguero, cabrón, al paredón! ¡Dominguero, mamón, pon el culo en tu sillón!». Al girarme, he visto en la pared un cartel que ponía #YoMeQuedoConTuCara. 

Antes de salir de su habitación, me ha hablado de lo primero que quiere hacer cuando salgamos del confinamiento. Un tatuaje en el brazo que ponga Covid-19. Al final, se ha llevado la hostia.

Voy a tirar 5 bragas al patio…

Día 9º. Hoy he ido de compras

Querido diario:

Hoy he tenido que salir a comprar. He estirado el confinamiento absoluto todo lo que he podido, pero ya ha sido necesario salir.

Después de cuatro días comiendo arroz blanco, tres saltándonos la merienda y uno de ayuno, a mi Paco ya se le notan las costillas. Mi hija la preadolescente ha perdido culo, al mediano le veo demacrado y a la pequeña, con un color pálido tirando a amarillo.

Ha sido impactante lo que he visto al salir a la calle. El vacío absoluto. Delante de mí ha pasado una de esas bolas rodantes del Lejano Oeste y, justo detrás, Jonh Wayne y los indios Toro Sentado, Ojo de Halcón y Pequeño Potro Salvaje.

Cuando me he recuperado del susto, me ha venido otro. ¡Jesús! ¡Eso sí son colas y no la del negro del WhatsApp! Con eso de que hay que mantener la distancia de seguridad y que la gente no calcula muy bien lo que es un metro, las filas se perdían en el horizonte.

La de la pollería llegaba hasta el Cristo, la del estanco saltaba la valla de Asador Ricardo, la de Kike daba dos vueltas al palacio, la de Pepa atravesaba Pedro’s y cogía dirección Mingorrubio y la cola de La Despensa finalizaba en Alcobendas. Las de las farmacias de Maripaz y Carlota se fusionaban en la calle Mira al río. Me he puesto en una para comprar aspirinas y he acabado en la otra desorientada totalmente.

¡Joder! ¡Otra vez se me han olvidado las bolsas! Espero que me regalen alguna de extranjis.

La primera parada la he hecho en el estanco. Ha sido cruzar la esquina y me he encontrado con ‘el Menda’.; creo que es el pequeño de los ‘Kikes’. Por lo menos lo era en los años 70. Luego llegaron 102 más.  Mi vecino Manolo me ha encargado que le comprara allí unos papelitos muy pequeños porque dice que se va a liar a hacer no sé qué. La verdad es que es muy manitas el hombre.

Cuando he llegado a la pollería Rueda y, después de esperar hora y media, me ha encantado escuchar la voz aguda y peculiar de Maripaz diciendo “¿Y qué mááááááááááááássssssss?”. Ha sido gloria bendita. He comprado siete pollos, 13 docenas de huevos, 22 contramuslos, 45 muslitos y 56 alitas.

Después, he tomado dirección Kike y, a la altura de la rotonda del palacio, donde finalizaba la segunda vuelta de la cola, he visto a mi vecino el del Atlético de Madrid. ¡Qué chispa tiene el jodío! ¡Y no va y me dice que esto es peor que cuando bajaron a los infiernos! Un poco más allá, estaba Santiago Galán picándole y diciéndole no sé qué de las Copas de Europa del Real Madrid. Menos mal que Luis, el del Barça, se encontraba en la garita de arriba, sino se lía una de cuidado. A Kike le he visto más alto que nunca. Le he comprado cuatro barras de pan normales, dos de leña, cinco de picos, tres espigas y una integral para los pajaritos. También, helados para cuando llegue el verano, que aún seguiremos confinados.

En la Plaza Rogelio Enríquez, he divisado de lejos a mi amiga Paqui. Me ha dicho a gritos que, ya que la cola de La Despensa pasaba por Montecarmelo, ha comprado allí pilas para su Satisfyer. Luego, me he pasado por la tienda de Pepa. Como su fila llegaba hasta Mingorrubio, le he comprado al tendedero de allí, Paco, un par de latas de atún, tres de mejillones y cinco de berberechos. Las latas nunca vienen mal en épocas de confinamiento. Pepa, encantadora como siempre, me ha dado las mejores pastas de chocolate que tiene en su tienda. 10 kilos y medio que me he traído para casa. ¡La mejor compra del día!

Exhausta, y bien entrada la tarde, he llegado a La Despensa. ¡Hay que ver qué mona está Belén siempre! ¡Hasta el uniforme de la tienda le queda bien! Agobiadísima he visto a la criatura. Por ahí estaban también ‘El cohete’ haciendo honor a su nombre y las dos chiquitinas que parecen Pili y Mili. Creía que el de la carnicería no estaba, pero corría de allá para acá entre el jamón y la mortadela. Al que no he visto ha sido a David. Debía de estar con el carrito repartiendo. ¡Ése si se está haciendo pasos estos días! He salido como una mula de allí. Menos mal que estaba mi vecina la coja y me ha dejado uno de los cinco carros que llevaba.

Ya, llegando a casa, he pasado por la puerta de la que fuera la pescadería de Esteban. ¡Qué buen pescado tenía ese hombre! ¡Qué lástima que cerrara! Y no fue el único de la calle Carboneros. Los comercios cayeron como moscas en los años 80 cuando abrió Continente y Pryca. La  tienda de Tomasa, la zapatería de Celia, la de alimentación de Isabel (de Mingorrubio), la casquería de Pilar… ¡Hay que comprar en los comercios de El Pardo, coño!

Me encantaba ir a la pescadería de Esteban con mi madre. ¡Qué arte tenía con el cucurucho cuando ponía cuarto y mitad de gambas! Y, ¡cómo limpiaba los lenguados! Las escamas volaban y eso parecía nieve. 

Cuando he entrado a mi hogar eran las 20h. de la tarde. Mi familia había llamado al teléfono de localización de desaparecidos. Una vez pasado el susto, he salido con mi Paco y las tres criaturas al balcón a aplaudir y me he metido enseguida en la cama. Mañana voy a amanecer con los brazos del Arnold Suissenaguer ése.

Voy a tirar 2 bragas al patio…

Día 8º. Poniéndome en forma

Querido diario:

Van pasando los días y cada vez noto mi cuerpo más agarrotado e incluso deforme. Me cruje el dedo del pie que está al lado del gordito, la espalda está tendiendo a girarse a la izquierda y tengo un ojo más alto que otro.

No pasa nada, Pepi. Esto lo arregla un poco de ejercicio.

Dicho y hecho. He decidido instalarme un gimnasio en casa. Algo así como el de Cristiano Ronaldo pero a la mínima expresión. He consultado Internet y he tomado nota de todo lo que se necesita para ejercitar desde la coleta hasta el callo del dedo pequeñín del pie. Una colchoneta, mancuernas, una comba, una rueda abdominal, agarraderas para flexiones, una tabla de equilibrio, barra de musculación, bandas elásticas, un trampolín, una máquina de remo, un balón medicinal…

Como era de suponer, no tengo nada de eso, así que me he apañado con lo que he encontrado por casa. Eso sí, antes me he colocado las mallas que me ponía cuando hacía deporte, allá por 1984, y el top que fue sensación en 1995. Muy vintage todo si no fuera porque, de lo apretado que me estaba el top, los pezones lo han atravesado.

He echado a mi Paco y a las tres fieras del salón, y los he encerrado en la cocina para que tuvieran provisiones. Después, he empezado la búsqueda del instrumental para mi gym, como dicen los millennials.

Colchoneta. He cogido la esterilla de la playa y, para hacerme a la idea de que el verano no tardará en llegar, he colocado la sombrilla al lado. 

Mancuernas. Después de preguntar a mi hijo el mediano qué era eso, he cogido dos tetra briks. Uno de leche entera y otro, desnatada. ¡Así tengo de colores! Mañana me acerco al Kike a comprar semidesnatada y tendré más variedad de tonos. ¡Yujuuuuuu, qué cool!

Comba: Mi hija, la preadolescente atontada, ya no juega con eso y la pequeña es muy estática, así que no tengo. He cogido las tijeras y he tomado prestada la cuerda de tender de mi vecina Mari. Cuando termine los ejercicios de brincar, le hago un par de nudos y la tendrá lista para tender sus bragas XXL.

Rueda abdominal: Ni mi Paco ni yo sabemos qué es. Él, con toda su buena voluntad, me ha desmontado una rueda de la bici de la niña. Pero, se le ha ido de las manos y ha roto dos radios, ha rajado la cubierta y ha partido el sillín. Yo creo que esto no lo arregla ni Álex, el del taller de  BIKETOWN.

Agarraderas para flexiones: Tampoco he oído hablar de ello, pero me he imaginado lo que es. Algo para agarrar cuando haces flexiones. ¿Se puede tener algo agarrado cuando se hacen flexiones? Yo no lo veo…

Tabla de equilibrio: He cogido el skate de mi hijo. Lo del equilibrio no ha sido fácil. Ha sido mirarlo solamente, no he hecho más, y me he pegado una hostia de miedo. Me ha llamado mi hermana, que vive dos calles más para allá, para saber qué había sido ese ruido. «¡Yo qué sé! Pregunta a las chicas de ElPardo.net que todo lo saben». ¡Qué fenómenas! Siempre, al pie de la noticia…

Barra de musculación: He pensado que debía ser el palo ése que se pone de pared en pared, así que he sacado la escoba del armario. Después, he desmontado la puerta del pasillo y he aprovechado las bisagras y los tornillos de la manilla para colocarla. ¡Buah, ni los mejores profesionales de la ya desaparecida carpintería de El Pardo habrían hecho semejante montaje!

Bandas elásticas: Como no me indicaba el grosor, he cogido de varios tipos. Las gomas de pelo de las niñas y las que vienen en las hueveras de cartón de Maripaz ‘la pollera’. Las colecciono desde 2003, así que tengo un montón.  Tantos, como santos tienen las calles de El Pardo. A mí el que más gracia me hace es San Mansueto. Me apuesto dos años de confinamiento más a que no hay más de tres pardeños que sepan dónde está. 

Trampolín: Menos mal que aún tengo el somier de muelles que compré en Seivane. Sabía que no hacía mal en guardarlo y que algún día lo iba a volver a dar uso. 

10º Máquina de remo: He cogido los dos de la colchoneta hinchable de la playa, he colocado una banqueta detrás de otra y me he subido. Después, me he echado una jarra de agua encima para que fuera más realista.

11º Balón medicinal: Este aparato ha sido fácil de apañar. He cogido el balón de futbito de mi Paco y dos aspirinas por eso de que es medicinal.

¡Buah, pedazo de gym me he montado. Le he puesto hasta nombre: #YoMeQuedoEnElGimnasioDePepi.

¡Al lío cachorra! Como diría el Trucha.

Se me ha puesto el culo duro, estoy más fuerte que Juanín ‘el bombero’ y tengo más resistencia que los jóvenes estos de El Pardo que se pasan los días corriendo de Pedro’s al cementerio, del cementerio a Pedro’s, de Pedro’s al cementerio, del cementerio a Pedro’s, de Pedro’s al cementerio, del cementerio a Pedro’s… Cuando crees que ya les va a dar la pájara, son capaces de hacer 25 sprint en la cuesta de la Naval.

Bueno, me voy a sincerar… Me duelen la piel, las uñas, los pelos y músculos que no sabía ni que existían. La próxima vez que me apetezca mover el cuerpo, me conecto a las clases por Facebook de Javi, el chaval de Valentín y Marina Zamarreño. 

Voy a tirar 4 bragas al patio…

Día 7º. Me he ido de botellón por Skype

Querido diario:

Hoy cumplimos una semana de confinamiento. Me he dado cuenta de que el jueves, día de San José, no celebré mi santo. Muchos regalitos hechos con rollos de papel higiénico, pinzas de la ropa y bolsas de basura para el padre, pero de la madre no se acordó ni Dios.  Por tanto, he decidido celebrarlo con mis amigas con un ¡¡ botellón por Skype!! Yujuuuuuuuuuuuuuuu…

Antes de avisar a Juani, Encarni y Paqui en el grupo de WhatsApp ‘Las chungas de El Pardo’, le he pedido a mi hija la preadolescente que me ayudara con el diseño de invitaciones virtuales. Ella, como está enfadada con el mundo y no es capaz de ser solidaria ni en época de confinamiento, lo único que ha hecho ha sido ponerme el buscador de aplicaciones de móvil y, encima, en inglés. “Sólo tienes que instalártela”, me ha dicho. Como si eso fuera sencillo. Yo lo único que he instalado en mi vida ha sido una lavadora y enredé el tubo del desagüe.

 A la hora y media, y después de salirme el negro del pene enorme 456 veces, he dado con unas apps muy interesantes. ‘Cómo diseñar calendarios sin mujeres en tetas para talleres’, ‘Cómo diseñar pósters que no se enrollen cuando les quitas la goma’, ‘Cómo diseñar dípticos de publicidad que se peguen en las manos para que no se puedan tirar’, ‘Cómo diseñar vallas de carretera para vías de doble sentido’, ‘Cómo diseñar invitaciones de boda cuando sabes que tu divorcio está cerca’, ‘Cómo diseñar tarjetas de visita cuando no quieres que te visiten’… Finalmente, me he decantado por la aplicación ‘Cómo diseñar invitaciones de fiesta cuando sabes que no va a ir nadie’.

Me ha ayudado mi hija pequeña. Ha diseñado una que hasta le salía una bengala por la pantalla y cantaba la canción ‘Feliz en tu día’ de Miliki, Fofó y demás hermanos, cuñados, suegros y primos de los payasos de la tele. ¡Madre mía, esa familia es tan grande como la de los Kikes! Vas a por el pan y te encuentras a uno, vas a la gestoría y hay otra, te tomas una caña en la terraza de Montes y ves a tres, coges dirección al pino y te cruzas con siete en el semáforo, entras en La Despensa y hay 12, y vas a La Pepenúltima y ahí están metidos los 85 que faltan.

Juani, Encarni y Paqui han flipado cuando han recibido la invitación on line. (Ahora sé pronunciarlo pero me he pasado 5 años diciendo eye liner). El caso es que las he convocado en su ordenador a las 12h., que es cuando he colocado a mi Paco y a las tres criaturas delante de la tele para ver la misa de La 2.

He instalado Skype y, a partir de ahí, me ha costado continuar. Avanza, localiza, selecciona, entra, busca… Parecía un perro de los que adiestran los compañeros de Maritere (la de Salustiano) en el Servicio Cinológico de la Guardia Civil. Sólo me faltaba el trapo en la boca…

Nada más crear el grupo de Skype, he puesto globos detrás de mí y he bailado entre ellos. Me ha venido a la mente la coreografía que hacía la gitana que venía al pino y me he venido arriba.

Al grupo, primero se ha agregado Encarni, luego Juani y, finalmente, Paqui. A ésta la hemos dado más tiempo porque la única distracción que tiene la pobre es su novio virtual y estaba probando no sé qué postura con él.

Como ha sido un botellón, cada una de nosotras ha llevado su bebida. ¡Nos hemos pillado un pedo de cojones! Hasta Encarni con el champán para niños se ha cogido la mayor mierda de su vida. A Paqui le ha dado por hacer equilibrios y se ha subido al router y Juani ha echado la pota sobre el teclado. ¡Hay que ver la calidad de las webcam de hoy en día! He podido contar los granos de arroz que ha vomitado.

Se nos ha ido el rato recordando aventuras de nuestra infancia y juventud en El Pardo. Aquella tarde en la que una se escondió en Pedro’s de su madre y la encontró la policía a la mañana siguiente con hipotermia. El día en la que perseguíamos a mi amor platónico en los coches de choque y rompimos la nariz a un hombre y el brazo a su hijo. Las noches viendo jugar a los chicos en el torneo de las 24 horas de las fiestas… ¡Joe! En aquellos partidos también nos cogíamos unas cogorzas de aúpa. Jugábamos a ‘falta y gol’, que consistía en beber un sorbo de sangría cuando marcaban o pegaban patadas. Como al principio no se nos subía, cambiábamos las reglas. Además de la sangría, tomábamos un chupito de tequila cuando el balón se salía por la banda o había córner.

La verdad es que hoy me lo he pasado muy bien en la celebración de mi santo. Cuando he apagado mi ordenador Robocop a capón porque veía doble, he ido a preparar la comida a la familia, creyendo que eran las 14h. y me he encontrado a todos cenando.

Voy a tirar 3 bragas al patio…

Día 6º. Hoy, sesión de maquillaje y peluquería

Querido diario:

Mi hija mayor, la preadolescente atontá, lleva varios días diciéndome que me quiere maquillar y peinar. He estado esquivándola las 30 horas que debe de tener ya el día, pero hoy no me he podido escapar. Me ha pillado escondida detrás de la escoba.

Se ha montado un salón de peluquería en su habitación que parecía Las Canoras. Lo que yo pensaba que iba a ser una puesta a punto de media hora se ha prolongado un día entero.

Me he sentado en su silla tamaño siete enanitos y me ha colocado el baby de 2º de Infantil. Después, ha sacado un maletín de pinturas que parecía la caja de herramientas de Jabato Motor. 53 pintalabios, 24 coloretes, 15 rímel, 67 pintauñas, 18 correctores, 46 sombras de ojo, 32 máscaras de pestañas, 25 lápices de ojos, 2 acondicionadores de cejas y un soplador de labios. No tenía ni puñetera idea de que existiera eso.

Vamos a ver, Pepi, si a la niña no le dejo maquillarse, ¿por qué coño tiene el maletín de la señorita Pepis versión 4.0? La cría me ha dicho que mi amiga Paqui se lo regaló antes del confinamiento. 

Como me ha explicado ella, antes de maquillar, hay que hidratar. Pues entre toda la porquería no había crema. No pasa nada. Hemos tirado de un tutorial de Internet. Ha cogido natillas de vainilla, perejil, orégano y un poco de crema de calabacín y me lo ha untado en el rostro. Lo hemos dejado secar 7 minutos, aunque yo creo que con 5 habría sido suficiente, porque cuando me lo he quitado parecía el protagonista de La máscara, pero más pálido.

Una vez retirado el potingue que, todo sea dicho, ha conseguido que yo pareciera siete meses y 6 días más joven, se ha liado con el instrumental. Mi hija ha ido haciendo lo que decía en su vídeo la influencer del momento, que no debe tener más de 5 años. ‘Cómo maquillarse en 245 pasos’. ¡Hostia, más de los que yo hago en una jornada de confinamiento!

Vaya maña que tiene mi hija. Ha sido mirarme al espejo y ver a Sara Montiel en su juventud, allá por el siglo XVII. No me pienso lavar la cara hasta que termine el estado de alarma. Lo malo va a ser que decreten el de excepción y el de sitio…

Cuando creía que podía irme a la cocina a tomarme unos torreznos que me traje de La 3ª Espuela escondidos en una servilleta, la pequeña me ha dicho que ella también quería. Pepi, te toca el turno en la peluquería.

Hemos jugado a que yo me casaba en el Cristo y me ha hecho varias pruebas de novia. ¡Hartita me tiene con sus ocurrencias! Como la pobre convive más que nunca con la mayor, se le está pegando la idiotez…

Ha empezado con un recogido tan apretado que cuando me lo he quitado tenía la cara de la china de la plaza. Después, me ha hecho dos coletas con tirabuzones. Al principio, no le salían, así que hemos llamado a Amparito para que nos diera unas pautas y, de paso, nos enviara una foto su hija Estíbaliz de cuando tenía 5 años, para copiarnos.

Y cuando ya pensaba que me podía escapar, ha llegado mi hijo el mediano diciendo que me hacía la pedicura y me depilaba. ¡Qué fenómeno! Me ha quitado más callos que Paco el podólogo en toda su carrera profesional. Y, de los pelos, ni hablamos. Se ha asustado cuando he levantado el sobaco. Me ha dicho que eso era una selva y ha asegurado haber visto a Tarzán colgándose de una liana. ¡Qué hostia le daba!  

Como no hay mal que por bien no venga, me he dicho, “Pepi, estás monísima, aprovecha y dale una alegría a tu Paco”. He cogido el picardías de mi luna de miel y, cuando me he pillado el chichi con los corchetes y he visto que los pezones se salían por arriba, lo he tirado el patio y me he puesto el pijama de franela.

Día 5º.  Hoy he tenido el día tontorrón

Querido diario:

Hoy, he tenido el día melancólico y tontorrón. Me ha dado por pensar en los pardeños que lo están pasando mal, realmente mal, pero muy mal.

Sin duda, este tiempo de confinamiento debe de estar siendo un infierno para mi vecina la de la mirilla. La mujer se entretenía con el trajín de la escalera y ahora, mira, eso parece un desierto. Si por lo menos hubiera un perro en el vecindario… Tampoco son días fáciles para la del visillo. Tenía controlados a la del 2º, a su novio, a la coja y al viudo, y ya na.  Aburrida, no, lo siguiente…

Pero para mala suerte la de Paqui, mi amiga de la infancia. Somos íntimas desde que íbamos al Grupo. Para una vez que se echa novio la pobre, y la aíslan. Eso sí que es una putada. Dice que sale con su chico por videoconferencia. Pero, no es lo mismo… Ya le veo tirando del Satisfayer (otra vez).

¡Y Marcelino! ¡Dios mío! Ese hombre lleva vendiendo lotería en la calle, por lo menos, desde 1756. No hago más que pensar qué estará haciendo en su casa. Seguro que ha tirado del bingo y está con Tere dándole al bombo.

Ahora, yo te digo una cosa, para juego de mesa, el parchís. En casa nos hemos entretenido bastante mis hijos, mi marido y yo. Hasta la preadolescente atontada se lo ha pasado pipa. La ficha roja ha sido el PSOE; la azul, el PP; la verde, VOX; y la amarilla, Coalición Canaria. Por supuesto, ha habido que repetir la partida, como las elecciones…

A las 16:36h., y ya que había tarde por delante, el mediano ha propuesto otro juego y ha empezado: «De oca a oca y tiro porque mamá se está poniendo como una foca». Le he dado tal hostia que se ha llevado por delante a su hermana pequeña, la jaula del periquito, el tresillo y mi ordenador Robocop.

Volviendo a los vecinos. He pensado que si estuviera vivo, me cambiaría por Rufo ahora mismo. Le alquilaría su caravana con terraza e incluso su segunda vivienda; la que tenía en los soportales de la plaza.  He llamado a los de Memory House, a ver si me lo gestionan… Además, les he pedido un listado de las viviendas en venta de la Casa Infantes. Con eso de que tienen galería que da a la calle, en nada se revalorizan. ¡Ah! Y otra residencia que, con los tiempos que corren, estaría por las nubes sería la del rumano. Ahí, debajo del puente de los capuchinos y a orillas del río, no menos que 5.000.000€. El aire puro se echa en falta y hay que lavarse mucho las manos. Eso se paga.

Me he acordado también de Las Q Faltaban; las chicas del carrito de las fiestas. Otras que también estarán pasándolo mal. No les gusta a ésas la fiesta ni na. Tan pronto te ponen a Manolo Escobar como lo último de Kiko Rivera. Cuando la crisis del coronavirus se acabe, voy a pedir que nombren a su carrito ‘Patrimonio de la Humanidad’.

¡Ay, y los hermanos Zamora! ¡Cómo echarán de menos sus motos estos hombres que no han cerrado el garaje ni en festivos ni fiestas de guardar! Seguro que estarán desmontando los frigoríficos a sus mujeres. Bueno, que miren el confinamiento por el lado positivo. Cuando salgamos de aquí y  vuelvan a las tareas de las bujías, carburador, chiclé y demás enseres, tendrán más motos en su colección porque ya se habrán considerado antiguas las de 2020…

Voy a tirar 2 pinzas al patio. Me estoy quedando sin bragas.

Día 4º. No sin mi Internet

Querido diario:

Lo que nos faltaba en El Pardo. ¡Quedarnos sin Internet! Bastante estamos sufriendo ya, sin poder ir a los 458 bares que tenemos, como para quedarnos sin red.

Cuando he escuchado un grito desgarrador por el patio, he pensado que había sido el primer suicidio. Pero no. Se ha averiado Internet.

Al principio, en casa hemos estado tranquilos, pero cuando el corte se ha prolongado 2 minutos y 34 segundos, las caras de mis hijos han empezado a desfigurarse. Parecían mi vecina cuando limpia el portal y le pisamos lo fregao.

¡Qué no cunda el pánico! Esto es un reiniciar de toda la vida. Apago router, enciendo router, apago router, enciendo router, apago router, enciendo router… Cuando llevaba con el mismo trajín 15 intentos (la niña bonita de Marcelino) he decidido llamar a mi cuñado el informático.

Na Pepi, eso es que hemos saturado la red y volverá en un rato”. Vamos, que había un tráfico como el del merendero de Mingorrubio los domingos de primavera.

Una vez calmadas las fieras (incluyo al marido, a mis 3 hijos, a mí misma y al del 2º, que estaba a punto de tirarse por el balcón),  se me ha ocurrido la brillante idea de jugar al ahorcado. Nos viene al pelo, oye. He tenido que parar el juego cuando mi hija, la atontada preadolescente, ha cogido la cuerda de tender y se la ha liado al cuello.

Después, he planteado una partida de dardos, pero cuando el padre ha cogido el primero, me ha mirado y ha apuntado, la he dado por terminada. Eso me iba a cortar más que los cuchillos del afilador que lleva viniendo a El Pardo desde el siglo XIX.

De repente, he tenido una brillante idea. El último día de trabajo en la oficina, cuando salía con mi ordenador Robocop por la puerta, mi compañero informático me dijo que le llamara si tenía alguna incidencia. En aquel momento pensé, “con lo antipático y feo que eres, ni aunque llegue una pandemia”. Tenía que haberme callado…

Pues he llamado y, suerte la mía, porque el teléfono de asistencias informáticas de mi trabajo lo tiene los días pares David, que está muy bueno. Aún no sabía que era una avería general de El Pardo, así que me ha dado unas indicaciones que me han recordado a las de Curiel en mi primera clase de autoescuela. Cuando se encienda la luz roja, no sigas, si parpadea la ámbar, suelta despacio y, cuando se ilumine la verde, ya puedes arrancar. Na, como que me llamo Pepi, que antes apruebo el examen práctico, que di por perdido en 1998, que logro activar el puñetero Internet.

Vista mi torpeza, al informático David se le ha ocurrido la idea de hacer una videollamada por WhatsApp. ¡Joe, y yo con el pelo lleno de mierda! Me lo he lavado tan rápido y lo he sacado tanto brillo en 45 segundos, que ni Regina con los mejores productos de su peluquería.

Acababa de decirme mi vecino Manolo por la ventana que no era cosa de mi router y que teníamos avería para rato. Así que, con el pelo planchado, la raya del ojo pintada y los morros rojos, he hecho una conexión con David más corta que la distancia que hay entre La Marquesita y el BBVA.

Voy a tirar 3 bragas al patio…

Día 3º. ¡Viva el colegio!

Querido diario:

Todos sabíamos que el colegio es el mejor invento después del Satisfyer. Ahora, yo lo firmo, lo rubrico, lo prometo, lo juro y lo ratifico donde haga falta. Y, si hay que subirse al cohete del pino y colgar una pancarta, lo hago.

Cuando dijeron que se cerraban los coles, me dije a mí misma: “Tranqui Pepi, que esto está chupao. Tú vas a trabajar en casa y a los chicos les van a dar tantas tareas, que estarán tan ocupados que vas a pensar que sigues en tu piso de soltera de la calle Caballeros”.

¡Y una mieeeerda! El primer día de teleformación, formación on line, clases a distancia, o como coño se diga, ha sido una pesadilla.

Tenemos un portátil y somos 5 en casa. Hay que restar 1 porque mi marido se desplaza a su trabajo. Aún así, no salen las cuentas, por lo que nos hemos tenido que apañar con él y con el ordenador Robocop que me traje de la oficina.

Me he dispuesto a hacer un planning al que he titulado #YoMeTurnoElPortátil.

Al principio, todo iba bien. Mientras la preadolescente asistía a su primera clase on line, el mediano se apañaba haciendo ecuaciones con su libro de matemáticas y la pequeña estudiaba la lección de lenguaje.

A los 5 minutos, la cosa se ha empezado a torcer. La benjamina se me ha despistado y se ha puesto a cantar ‘Suéltalooooooooooooooooo’. La canción que casi llega a ser nº 1 de los 40 Principales. Nada más dar el do de pecho, la preadolescente ha sacado la fiera que lleva dentro mandándola callar. Al único que no se le oía era al mediano. Estaba dormido en su escritorio con la banda sonora de los pajaritos del río de fondo.

Casi mejor no haberle despertado, porque me ha empezado a hacer tantas preguntas sobre x, y, x², y², primer y segundo grado, que se me ha quedado cara de tonta. No doy matemáticas desde 1995. Más no se me puede pedir.

Y no hablemos de las dudas de la pequeña. No puedo con los hiatos ni diptongos. Es algo que me supera. No lo entendí, no lo entiendo y no lo entenderé en la vida. Tengo que hablar con Fina o volver a las monjitas.

He de reconocer que no sabía cuan lista es mi niña. En una hora se ha hecho los deberes que le habían planificado para una semana. Estaría eufórica y diciéndoselo a mis vecinos por el patio, si no fuera porque esto ha supuesto un infierno para mí. He tenido que hacer 320 fotografías de los ejercicios de matemáticas, 150 de lenguaje, 228 de science y 41 de inglés porque había que enviárselos al profesor para su evaluación. Ito, como no le ayude a corregir Marisa, va a estar confinado hasta el fin de sus días…

La preadolescente, como está atontada, no se ha enterado de su clase on line, así que no tenía dudas. Sólo me ha dicho que Alejandro Magno está muy bueno. ¡Qué sabrá ella! Los chicos de la A.D. El Pardo de los años 90, esos sí que estaban buenos.

Voy a tirar otro par de bragas al patio. Mañana será otro día…

Día 2º. Primer día de teletrabajo y no aguanto más

Querido diario:

He de reconocer que cuando mi jefe me dijo que iba a trabajar desde casa, me dio un subidón similar al que siento cuando regresan los domingueros a sus casas. Pero, realmente, está resultando ser una mierda, como las primeras fiestas sin coches de choque ni toros.  

En la empresa no tienen portátiles suficientes, así que me he tenido que traer mi ordenador de mesa. Tiene un monitor de 27”, una torre que es más grande que yo y un teclado con unas dimensiones que parece que el abecedario tiene 63 letras, en vez de 27. Y no hablemos de los 115 cables que hay por ahí colgando… Vamos, que tuve que pedir a los chicos de BIKETOWN la furgoneta para traerlo todo. Cuando entré al portal, mis vecinos Mari, Manolo y la de detrás de la mirilla debieron pensar que me confinaba con Robocop.

Como mis tres hijos siguen vivos y han ocupado el salón y sus habitaciones, y la mía tiene un tenderete de ropa que parece el mercadillo de El Pardo en sus mejores tiempos, me he instalado en la cocina. Teniendo en cuenta sus dimensiones (un zulo, como casi todas las del barrio), he tenido que colocar el monitor del PC encima del frigorífico; la torre, entre el microondas y la vitrocerámica; y el teclado colgando del techo. Lo peor ha sido acoplar los 115 cables en sus lugares correspondientes. Lo he logrado en el undécimo intento. Eso parecía una película de terroristas. ‘Corta el cable rojo. Haz un empalme del azul con el fucsia. Ahora, aísla el verde del marrón’. La primera vez, he enchufado el teclado a la cafetera, la torre a la tostadora y el monitor a la caldera. He dejado sin luz a los vecinos. Os digo yo que lo que se ha oído por el patio no han sido los aplausos de anoche…

Una vez todo instalado, he tenido que desmontar el tinglado porque ya eran las 17:45h. Me hubiera ido a La Pepenúltima a comer una ración de croquetas de Rosi, pero me he tenido que conformar con charlar con su hermana Kika por la ventana. Y ya, de paso, he tirado disimuladamente al patio 5 pinzas, 3 bragas y 2 calcetines para ir a recogerlos y que me diera el aire. He tardado dos horas en subir. Mis vecinos han tenido la misma idea y el patio parecía la plaza… 

Día 1º. No ha sido para tanto

Querido diario:

Ayer el Gobierno declaró el estado de alarma en España, por lo que hoy ha sido el primer día de confinamiento.

He de admitir que me he levantado de buen humor, escuchando los pajaritos por el patio, a mi vecino Manolo sonarse los mocos y a la Mari cantando mientras tendía sus bragas XXL.

Me he dirigido a la cocina, dispuesta a desayunar en familia con mis tres hijos y mi marido, pero éste ya se había largado a Kike a comprar el pan. Y no os creáis que a por la espiga para desayunar tostadas todos juntos. ¡Qué va! El cabr… necesitaba su espacio, dice, y eso que llevaba 15 minutos confinado. Mi casa está a 100 metros de la plaza y ha tardado hora y cuarto en volver. ¡Ni que estuviera abierto el Sele!

Mientras, en la cocina, todo parecía ir bien. Hay de todo en la despensa; cereales, bizcochos, galletas normales, integrales, de jengibre, de miel, con chocolate, con forma de oso, de elefante, de perro, de gato sin cabeza, sin forma… Yo me he tomado las digestivas para ir al baño. Mientras haya papel higiénico… ¡Qué cojones!

Hoy, que no había prisa, quería desayunar de forma distendida y charlando. Pero he echado a todos de la cocina a los 3 minutos y 45 segundos, cuando mi hija mayor ha escupido en la leche del mediano y la pequeña ha puesto todo perdido soplando con la pajita.

No pasa nada. Toca juego de mesa. Ha sido decirlo y producirse la ‘espantá’. Ya me buscaréis, ya. Cuando llevemos unos cuantos días más, pediréis La Oca y hasta el Parchís. Ya lo estoy viendo…

Creía que la mañana había pasado rápido entre lavadoras, plancha, baño… Otra vez, lavadoras, plancha, baño… Pero no. Las 12h. y todo hecho. Para un día que llegaba puntual a misa y no hay. ¡Lo que hubiera dado hoy por una de esas eucaristías eternas de don José María!

Me he puesto a pensar en la comida y me he dicho: ‘Hoy, que se puede, dedícale tiempo y no vuelvas a darle a los críos sopa de sobre’. Así que, me he liado con la paella. A las 18:45h. hemos comido… Bueno, así se nos ha pasado rapidito la tarde.

Desde que mi hija mayor, que es preadolescente, como dice la gilipollas, tenía un mes, no hemos faltado un domingo a los patos. Lógicamente, no ha podido ser y estaban todos eufóricos.

Hay que mirarlo todo por el lado positivo. Llevaba 9 años sin ver una película del tirón y hoy me he visto 7. ¡Qué viejo está Sylvester Stallone!

He decidido no herniarme mucho con la cena. Cuatro lonchas de jamón york y tres de queso para cada uno. Ya le pediré el libro de recetas a mi madre. Que me lo tire por el balcón. Me haré un Karlos Arguiñano con tal de aislarme en la cocina y no tener contacto con las tres fieras.

Desde que tenía 6 años no estaba a las 8 en la cama. He esperado a aplaudir a los sanitarios y me he arropado enseguida. Eso sí, antes, me he venido arriba gritando por el patio ¡Viva los médicos! ¡Viva los enfermeros! ¡Viva los anestesistas! ¡Viva los dentistas! ¡Viva los alergólogos! ¡Viva los ginecólogos! ¡Viva los podólogos! ¡Viva los estanqueros! y ¡Viva los peluqueros!
 

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